El
presidente de México, Felipe Calderón, ha tenido
una semana bastante agitada. La sugerencia realizada al Banco
de México (Banxico) de bajar el tipo de interés
de referencia para ser más competitivos fue vista por
algunos como medida de presión o de querer quitarle autonomía
a la institución, y por si fuera poco, al mandatario
le preocupa el futuro de Pemex.
Calderón pidió el miércoles
a Banxico que bajara los tipos de interés para fomentar los
créditos y que las empresas del país puedan ser
más competitivas en el exterior.
Calderón aseguró que EEUU y México
-importantes socios comerciales- tienen tasas de inflación
similares, pero que sus tipos de interés tienen un amplio
diferencial, lo que resta competitividad a las empresas mexicanas.
En México se mantiene el tipo al 7,50%, mientras que
en EEUU, la Reserva Federal ha estado aplicando recortes a las
tasas de los fondos federales hasta el 2,0% vigente, informó
la prensa local.
Algunos analistas económicos han criticado
esta comparación de Calderón, argumentando que
ambos países no tienen el mismo contexto. Manuel Galván,
analista de mercado de dinero y deuda de Metanalisis, destacó
que no es posible hacer una comparación de inflación
entre ambas naciones porque hay diferencias en el aspecto económico.
Como era de esperarse, la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(OCDE), fueron los únicos que avalaron la petición.
El secretario general del organismo, José Ángel
Gurría, consideró legítimo que se establezca
un diálogo entre el Gobierno y el Banco Central sobre
una eventual disminución de las tasas.
Mientras que Banxico, autoridad de carácter
autónomo, ha descartado en varias ocasiones la modificación
de los índices. El gobernador de la institución,
Guillermo Ortiz, comentó en una entrevista en televisión
que ante una situación en la que la inflación
va a la alza difícilmente puede reaccionar bajando tasas.
En mayo la inflación se ubicó al 4,83%, el nivel
más alto en tres años.
Lejos de estas reacciones encontradas, a Calderón
también le preocupa la aprobación de la reforma
energética energética, quien advirtió esta
semana que sin recursos energéticos la nación
azteca no podrá competir con el mercado internacional,
y las empresas instaladas en la región desaparecerán.
El mandatario mexicano afirmó que lo que
se debe hacer con la petrolera mexicana PEMEX, es lo que hacen
las empresas estatales en el mundo, que se asocian con otras
compañías y las contratan para perforar.
Pero Calderón quiso puntualizar que esto debe hacerse
sin perder soberanía y sin privatizar la empresa, que
ha de seguir siendo de todos los mexicanos.
Comentó por ejemplo que México, teniendo muchas
reservas de gas natural, lo importa de Texas, que es el más
caro del mundo. Ese gas llega por el gasoducto de Reynosa, pero
a final de cuentas se tiene que pagar el más caro del
mundo cuando México tiene combustible de sobra.
El mandatario también busca una mayor competitividad
para el mercado financiero en su país. Para ello, se
ha reunido con la cúpula directiva de la compañía
franco belga Dexia, después de que la pasada semana quedara
patente el interés de otras entidades financieras, como
las españolas, en la región.
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