El
Ministro de Finanzas de Ecuador, Fausto Ortiz, ha logrado ganarse
la confianza de los inversores internacionales con sus últimas
actuaciones en materia económica. En tan solo
una semana, Ortiz ha conseguido devolver la calma al mercado
tras las amenazas del presidente, Rafael Correa, de suspender
los pagos de la deuda externa, además de dar un positivo
giro a las negociaciones con las petroleras extranjeras que
operan en el país.
En su visita a Wall Street del
pasado lunes, Fausto Ortiz, logró convencer a los inversores
de que su Gobierno no 'castigará' a aquellos que posean
bonos de deuda del país, en medio de las amenazas de
Correa de suspender los pagos de la deuda considerada 'ilegítima'.
Ortiz aseguró que Ecuador
cumplirá con el pago de la deuda externa, a pesar de
la auditoría que se lleva a cabo para determinar la legitimidad
de la misma. El ministro explicó que los resultados de
la auditoría se harán públicos en 30 días
y, a partir de ahí, "se tomarán las medidas
adecuadas".
Históricamente, Ecuador
ha sufrido con el tema de la deuda externa, que actualmente
se ubica en unos 10.200 millones de dólares (6.632 millones
de euros), algo más del 21 % del Producto Interior Bruto
(PIB), lo que ha generado una precaria situación económica
que se ha traducido en décadas de inestabilidad política.
Fondos petroleros.
El titular de la cartera de Finanzas quiso dejar claro que,
además de estar interesados en pagar, el país
cuenta con un fuerte excedente en los fondos petroleros, por
lo que no ha sido necesario tomar nueva deuda para cancelar
las amortizaciones, que superaban los 1.000 millones de dólares
al inicio de 2008.
Los analistas de la prensa local
también coincidieron con el ministro al asegurar que
es altamente improbable que el Gobierno, en momentos en los
que goza de buena liquidez por los altos precios del crudo,
vaya a detener el pago de la deuda este año, debido a
que haría peligrar la financiación futura que
necesita para sus grandes proyectos sociales y de infraestructura.
Tal vez el hecho de asegurar
la resistencia de estos fondos petroleros ha sido el detonante
para que Ortiz de un giro a la política de Correa respecto
a las negociaciones con las petroleras extranjeras que operan
en el país. El ministro ha asegurado que espera firmar
nuevos acuerdos temporales estas compañías en
el plazo de un mes, con lo que ha consiguido rebajar la tensión
que se produjo la pasada semana por los cambios que Ecuador
ha introducido en el tratamiento fiscal de las firmas energéticas.
Impuestos al oro negro.
La semana pasada, Ecuador ofreció a las petroleras reducir
el impuesto a las ganancias extraordinarias del crudo a un 70%
desde el 99%, a cambio de que retiren las demandas que presentaron
ante tribunales internacionales de arbitraje contra el país.
El Gobierno de Rafael Correa,
que busca con estas renegociaciones aumentar la participación
estatal en sectores clave de la economía como el energético
y el minero, suavizó su posición en las conversaciones
con las petroleras privadas buscando reactivar la inversión
y mantener los niveles de producción.
Las quejas de estas compañías
vienen de largo. Ecuador aprobó en el 2006 una reforma
impositiva que otorgaba al Estado al menos un 50% de los ingresos
extras del crudo, pero en el 2007 Correa lo aumentó hasta
el 99%. La decisión no gustó nada a las compañías
del sector, que todavía no han respondido a la nueva
propuesta del Ejecutivo.
El giro en la postura de Quito
se produce después de que la petrolera hispano argentina
Repsol YPF presentase el pasado jueves 12 de junio una demanda
contra el Gobierno de Rafael Correa en el Centro Internacional
de Resolución de Disputas en Inversiones del Banco Mundial
por los impuestos que se incluyen en la legislación ecuatoriana.
Otras compañías como City Oriente, Murphy Oil
y Burlington también iniciaron procesos legales contra
el país.
Otro de los éxitos
que en la última semana ha conseguido Fausto Ortiz, ha
sido el acercamiento con el Banco Central del país, con
el que estudia un conjunto de estrategias que permitan fortalecer
el sistema financiero nacional, en un intento por relajar la
tensión producida hace dos semanas por las declaraciones
del presidente, Rafael Correa, que cuestionaba la credibilidad
del organismo monetario.
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