El
pasado mes de enero, Mittal Steel anunció una oferta de compra
contra Arcelor, que es su inmediato competidor. Nadie niega que,
en el sector del acero, se necesiten fusiones, pues se trata de
un sector muy fragmentado, casi diríamos atomizado. Y
desde entonces, ambos gigantes han movilizado, e intentado movilizar,
a gobiernos, opinión pública y accionistas.
Si se consiguiera la fusión, se lograría
una empresa que podía producir más de 100 millones
de toneladas de acero al año, lo que la haría tres
veces mayor que su inmediato competidor, que es la Nippon Steel.
Pese a esta unión, el gigante mundial sólo tendría
una cota del 10%. Y estaría presente en 27 países
de cuatro continentes. Sólo Australia quedaría fuera.
Mittal propone tres argumentos en defensa de esta fusión.
En primer lugar, quiere anular el mito de que
en su cartera de productos predominan los de baja calidad. En
segundo lugar, pretende convencer de que su producción
de bajo coste tiene enormes posibilidades de crecimiento y, finalmente,
defiende la idea que de que Mittal y Acelor son empresas complementarias,
desde un punto de vista geográfico. La empresa angloindia
cuenta con todos los apoyos en EEUU, tanto de la industria como
de los sindicatos. Por el contrario, tiene la oposición
de los gobiernos luxemburgués, francés y español,
y de los sindicatos europeos, con UGT y Comisiones Obreras a la
cabeza.
Mittal representa el esfuerzo y el tesón
de un hombre: Lakshmi Mittal, que es el quinto hombre más
rico del mundo. Sólo le anteceden, según la revista
Forbes, Bill Gates, Warren Buffet, el magnate mexicano
de la telefonía, Carlos Slim, y el sueco Ingvar Kamprad,
fundador de Ikea. Llama la atención que hizo su fortuna
con la industria del acero, cuenta ésta ha atravesado en
los últimos años una fuerte recesión, tanto
en EEUU como en Europa. Mittal, que no ha perdido su nacionalidad
india, nació en 1950, en el seno de una familia pobre de
Sadulpur, en Rajastán (India). En 1995, se estableció
en Londres.
Por su parte, Arcelor es, y así lo pretende
demostrar, una empresa muy distinta. Surgió, como es sabido,
de la fusión de la luxemburguesa Arbed, la francesa Usinor
y la española Aceralia. Tanto Arcelor, como Mittal, son
empresas privadas, aunque la primera tiene una participación
del 5,6% del Estado de Luxemburgo y el 2,3%, de la región
Valona belga. Arcelor está empeñada en crear valor
en todas las operaciones que realiza y así lo ha explicado
Guy Dollé, que es el presidente de la dirección
general de Arcelor. Manifiesta que el modelo de crecimiento de
Mittal está acabado. El modelo consistió en comprar a bajo
precio activos de baja calidad. Pero esto es cada día más
difícil, porque ya no quedan inversiones baratas. Por ejemplo,
la siderurgia de Ucrania fue privatizada por 800 millones de dólares
hace tres años y Mittal ha pagado 4.800 millones.
Cada vez quedan menos empresas públicas,
excepto en China, y ya son conscientes del valor de sus activos.
Arcelor que, en fecha reciente, adquirió la canadiense
Dofasco y que tiene una presencia creciente en Latinoamérica,
sobre todo en Brasil, basa su crecimiento en la investigación,
en la mejora permanente de los productos que fabrica y en la especialización
de cada planta en un determinado producto.
En cuanto a mantener o no el empleo, Guy
Dollé ha sido explícito: "en esta industria
si quieres ser competitivo tienes que reducir los costes cada
año y los costes laborales son una parte. Se ha dicho durante
15 años en todas partes. Lo que puedo garantizar es que
nos ocupamos de la gente y que ayudamos a industrializar el área
donde están. Buscamos acuerdos. Otros cierran en un día
y echan a la gente. Nosotros no lo hacemos".
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