El
lento, pero inexorable, proceso emprendido por la Reserva Federal
de EEUU (FED) para combatir la inflación, y desmontar antes
de su estallido la más que posible burbuja inmobiliaria
que se ha gestado en el país norteamericano, tiene algunos
efectos colaterales poco conocidos. Por ejemplo, el desmantelamiento
paulatino del, hasta ahora, rentabilísimo negocio de la
titulización hipotecaria.
Tras 14 subidas consecutivas de los tipos de interés
de referencia, que han pasado desde el 1% hasta el 4,5%, este
mercado empieza a dar signos de agotamiento, a pesar de su espectacular
volumen: 6,5 billones de dólares, unas seis veces el PIB
español de un año.
Sólo en 2005, la titulización nueva
incluyó préstamos hipotecarios por valor de 2,4
billones de dólares, según los datos de la Asociación
Nacional del Mercado de Bonos estadounidense, a pesar de que la
autoridad monetaria continuaba su campaña alcista. Pero
las cifras descendían trimestre a trimestre.
Por un motivo obvio las ventas reales de casas han
empezado a descender y, en paralelo, las solicitudes de nuevos
créditos hipotecarios lo han hecho también. Y mucho.
Las últimas cifras de la Asociación Hipotecaria
de EEUU señalan que en febrero de este año, el número
de préstamos hipotecarios nuevos era inferior en un 65%
al máximo histórico alcanzado en 2003. Sin materia
prima, la creación del producto es imposible, lo que explica
el declive del mercado de titulización.
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