Cada
vez está más cerca la posibilidad de un acuerdo
entre los gobiernos de Argentina y Uruguay, que entraron en conflicto
por la construcción de dos fábricas de celulosa
en el margen uruguayo del río Uruguay. El desbloqueo ayer jueves del segundo puente, tomado por ambientalistas argentinos
hace casi dos meses, ha abierto las puertas del diálogo.
El Gobierno uruguayo autorizó levantar en
la ribera del fronterizo río Uruguay dos plantas de fabricación
de papel, una propiedad de la empresa española Ence y la
otra de la finlandesa Botnia. Esta iniciativa encontró
pronto la oposición de los habitantes de la ciudad argentina
de Gualeguaychú, al otro lado del río Uruguay y
muy próxima a Fray Bentos, y de las autoridades de la provincia
de Entre Ríos, en la que se sitúa la ciudad. También
el Gobierno argentino rechazó estas construcciones.
Jorge Busti, gobernador de la provincia argentina
de Entre Ríos, llegó a asegurar que estaría
dispuesto a renunciar a su cargo si aumentaba esta polémica
que enfrenta a Argentina con Uruguay, y añadía que
no quería pasar a la historia como el gobernador que dejó
que contaminaran la región. El mandatario confirmó
la gran inversión económica que suponía la
construcción de las papeleras en la región uruguaya
pero también expuso que la contaminación que generarían
tendría un importante impacto en la agricultura y el turismo
de Entre Ríos, ocasionando unas pérdidas superiores
a los 900 millones de dólares (747 millones de euros).
Los opositores al proyecto alegaron desde un primer
momento que las dos plantas suponían un importante impacto
medioambiental en la zona y por ello impidieron por más
de 45 días el paso de camiones que transportaban materiales
a las papeleras, cortando estos dos puentes de acceso a Uruguay
desde Argentina. El 70% del comercio entre Argentina y Uruguay
pasa por estos dos puentes, especialmente por el primero de ellos.
Según datos de la Aduana Argentina, de los 502 millones
de dólares (423,5 millones de euros) de intercambio comercial
entre Argentina y Uruguay en 2004, el 71,5% (359 millones) pasó en forma
de mercancías por los mismos.
Néstor Kirchner, presidente de Argentina,
manifestó igualmente su rechazo a las plantas papeleras
uruguayas, pero pidió a los habitantes de Entre Ríos
y de las localidades argentinas más afectadas que interpretasen
el problema como un asunto medioambiental y no como una cuestión
de nacionalismo o de soberanía sobre el cauce del río.
El Gobierno argentino afirmó que los cortes de las carreteras
no eran la respuesta al problema, que debía resolverse
en el terreno diplomático. Por ello se buscó desde
el principio el diálogo con Tabaré Vázquez,
el mandatario uruguayo.
Ambos presidentes anunciaron el pasado 11 de marzo
en Santiago de Chile, durante la ceremonia de investidura de Michelle
Bachelet, la nueva presidenta de Chile, la decisión de
buscar soluciones al conflicto. El levantamiento de los dos puentes
tomados pretende que finalmente se efectúe este acercamiento.
Desde primera hora de ayer jueves el segundo puente quedó libre
para el paso fronterizo de personas y de cientos de vehículos comerciales
y privados, salvo para aquellos camiones que transporten materiales
de construcción para esas plantas papeleras.
Según declaró a la prensa local el
ambientalista Carlos Cerrati, integrante de Asamblea Ambiental,
los manifestantes permanecerán en la ruta vigilando el
paso hasta que las autoridades uruguayas determinen la paralización
de las obras. Pero este condicionamiento podría ser una
traba para el diálogo después de que el ministro
de Medio Ambiente uruguayo, Mario Arana, advirtiera que el levantamiento
del corte debía ser total.
Argentina pretende paralizar la construcción
de las papeleras durante 90 días hasta que expertos internacionales
del Banco Mundial hagan público un informe medioambiental
en el que se analice el impacto ecológico de las dos papeleras
y dictaminen si son o no contaminantes.
El conflicto de las papeleras se remonta al año
pasado, cuando el Gobierno de Tabaré Vázquez otorgó a las
empresas Botnia y Ence las licencias para construir dos plantas
de celulosa. Argentina considera que el impacto ambiental de estas
obras es muy negativo y ha instado al Ejecutivo uruguayo
que revoque esta decisión. Sin embargo, los planteamientos
del Gobierno de Tabaré Vázquez no son los mismos. Tabaré defiende
la inversión extranjera en estas obras. La firma finlandesa
Botnia y la española Ence poseen la licencia del Gobierno
uruguayo para establecerse en las plantas, para las que tienen
prevista una inversión de 1.800 millones de dólares
(1.483 millones de euros) y la creación de cerca de 2.800
puestos de trabajo.
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