La
Justicia de Brasil ha decidido poner freno a las alianzas partidarias
de cara a las elecciones presidenciales y legislativas del próximo
mes de octubre. El Tribunal Supremo del país ha emitido
un fallo que obliga a los partidos que quieran formar una coalición
para elegir presidente a que se asocien también a escala
regional. La medida no ha sentado bien entre los principales líderes
políticos que lo consideran un impedimento para escoger
libremente a sus aliados.
Principalmente, el fallo podría
perjudicar al presidente de Brasil, Lula da Silva, que si bien
no ha anunciado aún si buscará la reelección,
estaría negociando con el Partido Movimiento Democrático
Brasileño (PMDB), la mayor fuerza de la oposición,
la posibilidad de formar una coalición de carácter
nacional con vistas a los comicios de octubre, según destaca
la prensa local. Sin embargo, algunas facciones del PMDB desean
hacer alianzas regionales con grupos opositores al Gobierno de
Lula.
Precisamente, el sistema ratificado
por el Supremo de Brasil, denominado "verticalización de
alianzas", busca impedir que dos o más partidos políticos
puedan ser una coalición en un estado y rivales en otro,
teniendo en cuenta que en estos momentos Brasil cuenta con 29
agrupaciones. No obstante, los principales partidos consideran
que la medida es un freno a su derecho de escoger libremente a
sus socios en las distintas localidades del país.
Los inversores de Wall Street,
que siguen con gran interés todos los procesos electorales,
ya han emitido su opinión sobre esta medida. En declaraciones a las agencias de información internacionales,
aseguran que podría beneficiar a los mercados ya que Lula no tendría
muchos rivales en las elecciones y los resultados de la votación
en la primera vuelta serían más decisivos.
Ataques. En este
ambiente de precampaña electoral, la cúpula del
gubernamental Partido de los Trabajadores (PT) considera que las
comisiones parlamentarias de investigación (CPI) encargadas
de analizar las acusaciones de corrupción por las que atraviesa
la agrupación de Lula, buscan dañar la imagen del
presidente brasileño tras su recuperación en los
sondeos de intención de voto.
Las declaraciones se producen poco
después de que una de las CPI, integrada en su mayoría
por legisladores de la oposición, pidiese la renuncia del
ministro de Hacienda, Antonio Palocci, a quien acusan de obtener
financiación de juegos ilegales en la campaña que llevó
a Lula al poder en 2002. Aunque hasta el momento, el alto funcionario
no ha respondido a las imputaciones, el senador del PMDB Pedro Simón
considera que Palocci debe alejarse unos días de su cargo
para defenderse.
Por su parte, el diputado del PT
Henrique Fontana ha indicado que la oposición está
"desesperada" por perjudicar al partido en las próximas
elecciones y precisa que si bien las comisiones pueden investigar
lo que quieran, no pueden pedir la renuncia de ministros brasileños,
una decisión que le corresponde al presidente de Brasil.
En este sentido, Lula ha apuntado que el país debe mucho
a Palocci por los logros conseguidos en la estabilidad economómica
brasileña.
El Directorio Nacional del partido
del Gobierno ha aprobado una resolución en la que convoca
a sus militantes a reaccionar contra el proceso realizado por
las fuerzas de la oposición para dificultar las posibilidades
de Lula de conseguir la reelección. El documento fue ratificado
por una amplia mayoría.
Por su parte, la oposición
se ha lanzado a criticar el proyecto del "Gasoducto Sur", que
transportará gas venezolano hasta Brasil y Argentina, del
que asegura que carece de coherencia económica, financiera
y estratégica. Así lo manifestó el secretario
de Energía del Estado de Rio de Janeiro (Brasil), Wagner
Vícter (PMDB), quien considera que la obra energética
está llena de incertidumbres.
Durante el foro organizado por
el centro educativo y empresarial Fundación Getulio, Vícter
calificó el proyecto de "locura" al indicar que supondrá
graves impactos medioambientales. Además, el alto funcionario
advirtió, en declaraciones a las agencias de información
internacional, que Argentina, uno de los futuros socios de la
infraestructura, tiene una tarifa de gas muy baja que impide el
desarrollo de nuevas reservas en el país.
En opinión de Vícter,
para que la obra energética sea viable en el mercado suramericano,
el gas venezolano tendría que ser subsidiado en su mayor
parte por la Administración del país, una opción
que podría no ser apoyada por otro gobierno diferente al
de Hugo Chavéz, si lo llegase a ver como nocivo para los intereses
venezolanos. El experto señaló no obstante que es
simpatizante del actual mandatario y no desea su salida del poder.
El economista Sebastio do Rego
Barros, miembro del Instituto Brasileño de Economía,
subrayó que la obra energética es un proyecto ambicioso.
Este analista duda sobre si en el futuro habrá
tanta demanda de petróleo como para justificar una inversión
tan elevada.
El Gasoducto Sur plantea la construcción
de un conducto de unos 8.000 kilómetros de longitud que
transportaria 150 millones de métros cúbicos de
gas al día, desde Venezuela hasta Argentina y Brasil, atravesando
la selva amazónica. Según informes realizados por
Petrobras, el proyecto tendría un coste aproximado de 23.000
millones de dólares (19.287 millones de euros).
Más Goldman Sachs en Brasil .
Durante esta semana también han sido protagonistas en Brasil
operaciones realizadas por grandes entidades privadas. En primer
lugar, el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs
ha anunciado que evalúa incrementar su presencia en Brasil,
un mercado que representa el 50% de las operaciones que tiene
la firma en Latinoamérica. Así lo expresó
el portavoz de la firma financiera, Peter Rose, quien sin embargo
considera prematuro detallar las acciones específicas que
emprendará la compañía.
Las intenciones del banco de EEUU
se producen después de su fallido intento de asociarse
con el banco de inversiones de Rio de Janeiro, Banco Pactual S.A.
En los últimos siete meses Goldman perdió también
a su representante en Brasil, Ricardo Lacerda, quien se intengró
en Citigroup llevando consigo a cinco de los 14 miembros de su
equipo. Desde entonces, Corrado Varoli se encarga de controlar
las operaciones de esta entidad financiera en Brasil desde Nueva
York.
Goldman Sachs desembarcó en
Brasil en noviembre de 1995. En los últimos
tres años, ha logrado beneficios de 500 millones
de dólares (412 millones de euros), en concepto de honorarios
por las fusiones en Brasil, según destacan las agencias
de información internacional.
Más Bradesco también. En segundo lugar, Bradesco, el
banco privado más grande de Brasil, ha anunciado que comprará
la filial brasileña de American Express (Amex) por 490
millones de dólares (402 millones de euros), con el objetivo
de incrementar sus servicios de préstamos en banca personal,
un sector que ha experimentado una fuerte demanda en los últimos
años.
Con esta operación, de la
que ya existían rumores desde hace varias semanas, según
la prensa local, Bradesco aumentará su cuota de tarjetas
de crédito de Latinoamérica en un 14%. La transacción
incluye la cartera crediticia de Amex, su servicio de seguros,
de viajes y de cambios de divisa así como el derecho exclusivo
del banco brasileño a emitir tarjetas de crédito
con la marca "Centurión" y el logo de American Express
durante los próximos diez años.
Según un estudio difundido
por la compañía Ibope Inteligencia, el mercado brasileño
de tarjetas de crédito, el séptimo del mundo, ha
crecido a un ritmo de 25% en los dos últimos años,
con una facturación anual de 129.000 millones de reales
(49.724 millones de euros) en 2005. El número de transacciones
con tarjetas de crédito alcanzó los 1.700 millones
el pasado pasado, desde los 200 millones registrados en 1994.
Se espera que la compra, que todavía
debe ser aprobada por las autoridades reguladoras brasileñas,
se cierre en el primer semestre de 2006, tal como contemplan los
diarios del país. Un informe de Bradesco reveló
que en 2005 obtuvo la mayor ganancia de su historia: 2.575
millones de dólares (2.172 millones de euros).
|