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Hace un par de meses, el presidente de EEUU, George Bush, acusó a los estadounidenses de ser “auténticos adictos a la gasolina”. Y prometió ayudarles a combatir ese mal. La campaña ya ha empezado y va a suponer a la industria de la automoción una elevada factura.
Esta semana el Departamento
de Transportes de EEUU ha presentado unas nuevas especificaciones
técnicas que afectarán desde el próximo año
a los vehículos de nueva construcción y que serán
de obligado cumplimiento en 2011 para todos los automóviles
que circulen. De momento, la norma sólo afecta a los camiones
ligeros, que suponen un 75% de la flota del país. Pero
en cuestión de sólo unos días, según
anunció Norman Minetta, el secretario de este departamento,
las normas se harán extensivas a las furgonetas, los utilitarios
y los coches deportivos.
De modo que, por ahora, sólo
los camiones de gran tonelaje quedan exentos de toda novedad.
Las reglas dan mucha libertad de acción a los fabricantes,
ya que sólo les exigen que reduzcan un 8,1% las necesidades
de consumo de los automóviles que colocan en el mercado,
con el objetivo de conseguir un ahorro anual de gasolina de 10.700
galones (40.504 litros). Una cantidad de combustible que se consume
cada mes en EEUU.
Para conseguirlo, los fabricantes
tendrán que asegurarse de que sus nuevos modelos pueden
recorrer 24 millas (38,62 kilómetros) con cada galón
(3,785 litros), 2,4 (3,86) más que ahora. Algo que sólo
parece posible, según el airado lobby de la automoción
si se potencia la fabricación de coches híbridos,
capaces de combinar sistemas de tracción, como los que
admiten la mezcla de gasolina y etanol y los que combinan motores
tradicionales con combustión eléctrica. Y eso supone
un coste adicional de 200 dólares por unidad. Unos 6.700
millones de dólares a repartir en cinco años.
Velocidad. Minetta aseguró
en la presentación de las nuevas normas que la industria
de la automoción puede cumplirlas. De hecho, en su opinión,
sólo han investigado hasta ahora para conseguir coches
más rápidos y atractivos. Les toca preocuparse del
consumo.
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