Hasta
Andrew Ross, el columnista bursátil estrella del New York
Times, pedía perdón a sus lectores por la machacona
insistencia con que la información sobre las retribuciones
de los ejecutivos estadounidenses aparecen cada día en
la gran prensa y, casi cada minuto, en los blogs. Sin embargo,
tiene su lógica.
Los directivos de EEUU, en especial los consejeros delegados,
parecen seguir más preocupados por su pecunio que por la
evolución de las empresas en las que trabajan. El último
escándalo, de momento, lo ha proporcionado John Kanas,
el consejero delegado de North Fork, un banco que ha saltado a
los titulares esta semana, después de que la emisora de
tarjetas Capital One anunciará que se dispone a comprarlo.
Pues bien, si la operación se cierra, como todo parece
indicar, Kanas se embolsará 135 millones de dólares.
Lo curioso en este caso, es que Kanas había sido tan aparententemente
escrupuloso con sus emolumentos que hasta se aseguró de
que los consejeros “independientes” de la Comisión
de Retribuciones de la entidad, fuesen asesorados por una prestigiosa
firma de Recursos Humanos, Mercer, antes de decidir qué
estructura debía tener el sueldo de los consejeros ejecutivos
de North Fork. Hasta ahí bien.
Lo único malo es que Mercer ha recibido, antes y después
de este trabajo, un buen número de contratos de esta entidad
financiera. Y que han sido sus recomendaciones las que van a proporcionar
a Kanas su prima de fusión.
Para algunos expertos el aumento de la presión informativa sobre este asunto se relaciona con la decisión de la SEC de exigir a las empresas cotizadas que publiquen con más detalle las retribuciones de sus ejecutivos.
Un asunto que también empieza a tener impacto en Europa. No se trata sólo de accionistas que se creen estafados. El debate empieza a abrirse paso en otros ámbitos, políticos y sociales con capacidad de presión. Como los mismos sindicatos. Y en este aspecto el ejemplo del supervisor estadounidense sí parece estar en la línea correcta. "Los ejecutivos europeos suelen alabar siempre el modelo económico anglosajón, menos, curiosamente, cuando hay que abordar la transparencia empresarial", afirman fuentes sindicales.
En muchos países, como España o Alemania, por ejemplo, las principales centrales sindicales han presentado sus alegaciones y enmiendas a los proyectos de códigos éticos elaborados por los distintos supervisores bursátiles. Incluso participaron en abril de 2004 en el proceso abierto sobre este asunto por la Unión Europea. La posición de los sindicatos hace un especial énfasis en que se hagan públicas las condiciones contractuales de los gestores y el detalle de sus retribuciones.
Y exigen que las retribuciones de los miembros del Comité de Dirección se conozcan con el mismo detalle que las de los miembros del Consejo y que en ambos casos se desglose la cuantía prevista en los contratos por cláusulas que hagan referencia a toda clase de indemnizaciones, como las aportaciones a los planes de pensiones o a seguros de vida o las cláusulas aplicables en caso de cese o finalización de servicios.
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