Un
año más, la prestigiosa fundación de Washington,
Pew Hispanic Center, ha presentado su estudio sobre el impacto
de la inmigración ilegal en la fuerza laboral estadounidense.
Y, un año más, los datos de estos expertos muestran
que continúa la tendencia al alza.
Y a muy buen ritmo, en 2005, el
mercado del trabajo de EEUU se vio reforzado por otros 400.000
ilegales, lo que habría llevado a este grupo a suponer
ya el 5% de la población activa del gran país norteamericano.
Las estimaciones del Pew Hispanic Center cifran en unos 12 millones
de personas la dimensión total de este grupo de hombres
y mujeres fuera de la ley. Aunque por la fuerte temporalidad de
los puestos a los que pueden acceder, sólo el 60% de esta
cifra, unos 7,2 millones tendría trabajo en cada momento
concreto. Además, su aportación resulta vital e
irremplazable para muchos sectores productivos.
Por ejemplo, el agrícola.
En este sector cerca del 20% de los trabajadores serían
ya inmigrantes ilegales. Pero no es el único. También
se beneficia la limpieza donde los ilegales ya suponen el 17%
del total, la construcción, un 14%, o la hostelería,
un 12%. Y, a pesar de esa realidad los legisladores estadounidenses
se disponen a aprobar una proposición de ley que penalizaría
a los empresarios que contrataran a los trabajadores extranjeros
que habiten en EEUU y que no tengan permiso de residencia. Una
iniciativa que no comparten, por supuestos, los afectados.
Desde algunos sectores, como la Asociación
Nacional de Restauradores, por ejemplo, se ha contestado con virulencia
esta iniciativa. En un comunicado oficial, los dueños de
los restaurantes estadounidenses han explicado que “ a ellos
les gustaría cumplir la ley”, pero la situación
se lo impide. En su sector, trabajan ahora mismo más de
12,5 millones de personas y, según sus previsiones, este
número va a aumentar un ritmo del 15% anual en los próximos
tres años. Simplemente no hay estadounidenses puros y duros
interesados en los puestos.
De ahí la situación irregular
de unos trabajadores que podrían dejar de ser ilegales
con un simple cambio en la ley que ligara los permisos de residencia
a los contratos de trabajo. Eso es lo que, según estos
empresarios, marcaría la lógica. Pero los tiempos
políticos son otros y la oposición al proceso de
“afloramiento y regularización” de la mano
de obra ilegal que se propone desde muchos ámbitos tiene
ahora mucha fuerza en el Congreso y el Senado, donde las mayorías
republicanas quieren ahora imponer una ley aún más
restrictiva que la actual, contra la que ya ha habido manifestaciones
numerosas en todo el país.
Washington, incluido. Otros datos del informe
del Pew Hispanic Center muestran que el 93% de los ilegales consigue
trabajar al mes de haberse introducido en el país, lo que
demostraría que el mercado laboral estadounidense necesita
a estos operarios. También que el 56% del total de los
ilegales ha llegado desde México y otro 22% desde el resto
de Latinoamérica. Pero en los últimos años
han aumentado de nuevo los flujos migratorios procedentes de Asia
y este grupo ya alcanza el 10%.
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