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segunda vez en cuatro meses, los presidentes de las principales petroleras estadounidenses
han tenido que acudir al Senado a dar explicaciones sobre la buena marcha de su
negocio y los elevados precios que soportan los consumidores del país norteamericano. Y
nadie descarta que tengan que volver a hacerlo. Todo por culpa de el año
electoral en el que viven los parlamentarios demócratas y republicanos
y, en cierta medida, también por el desplome de la popularidad del actual
inquilino de la Casa Blanca, George Bush, que, según las últimas
encuestas, publicadas hoy mismo, ya goza sólo del respaldo del 33% de los
votantes estadounidenses. Con ese contexto, pedir explicaciones a las petroleras
por los altos precios del combustible es una jugada política casi inevitable.
En esta última comparecencia, convocada
por la Comisión de Justicia del Senado, el principal tema de la agenda
era analizar el impacto de los movimientos de concentración empresarial
en el precio de venta al público de la gasolina. Una cifra que ha subido
más de un 60% en el último lustro y que llegó a marcar el
pasado mes de noviembre un precio máximo histórico de tres dólares
por galón (65 céntimos de euro por litro). La
prensa estadounidense ha calificado de teatral la comparecencia de ayer, en la
que los seis consejeros delegados de las principales empresas estadounidenses
negaron que las fusiones hubieran contribuido a los aumentos de precio. Su razonamiento
fue el mismo en todos los casos. Sería más bien al contrario: las
fusiones han creado compañías con fuerza empresarial y financiera
suficiente para asegurar a los estadounidenses el suministro. En
noviembre, el Senado propuso la aplicación a partir de 2006 de un impuesto
único y especial a las petroleras por un valor absoluto de 5.000 millones
de dólares (4.233 millones de euros) que ahora Bush se dispone a aprobar.
Si lo hace será la segunda vez que ocurre. La primera fue en 1974, el año
de la gran crisis energética. Cuentas.
Algunas de las preguntas de los senadores demócratas se quedaron sin respuesta.
Por ejemplo, si las fusiones sirven para provocar sinergias que reducen costes.
¿por qué esas rebajas no benefician nunca al consumidor? Sin embargo,
los responsables de las grandes petroleras estadounidenses demostraron que tienen
alguien a quién echarle la culpa. Nada menos que la OPEP. De
hecho, animaron al Senado a realizar alguna acción que limitase el poder
que este cartel tiene para decidir sobre el precio del barril de petróleo.
Más aún, los responsables de la petroleras estadounidenses, empresas
que alcanzaron en 2005 sus récord histórico de beneficios, aseguraron
que gracias a las fusiones han podido extraer petróleo en países
no integrados en la OPEP y limitar el inmenso poder de esta organización. |