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Año 2006 - Viernes, 17 de marzo
 
Reportaje
 
El Senado estadounidense vuelve a llamar a declarar a las petroleras
 
El juicio de la gasolina

J.Jameson

 

Por segunda vez en cuatro meses, los presidentes de las principales petroleras estadounidenses han tenido que acudir al Senado a dar explicaciones sobre la buena marcha de su negocio y los elevados precios que soportan los consumidores del país norteamericano.

Y nadie descarta que tengan que volver a hacerlo. Todo por culpa de el año electoral en el que viven los parlamentarios demócratas y republicanos y, en cierta medida, también por el desplome de la popularidad del actual inquilino de la Casa Blanca, George Bush, que, según las últimas encuestas, publicadas hoy mismo, ya goza sólo del respaldo del 33% de los votantes estadounidenses. Con ese contexto, pedir explicaciones a las petroleras por los altos precios del combustible es una jugada política casi inevitable.

En esta última comparecencia, convocada por la Comisión de Justicia del Senado, el principal tema de la agenda era analizar el impacto de los movimientos de concentración empresarial en el precio de venta al público de la gasolina. Una cifra que ha subido más de un 60% en el último lustro y que llegó a marcar el pasado mes de noviembre un precio máximo histórico de tres dólares por galón (65 céntimos de euro por litro).

La prensa estadounidense ha calificado de teatral la comparecencia de ayer, en la que los seis consejeros delegados de las principales empresas estadounidenses negaron que las fusiones hubieran contribuido a los aumentos de precio. Su razonamiento fue el mismo en todos los casos. Sería más bien al contrario: las fusiones han creado compañías con fuerza empresarial y financiera suficiente para asegurar a los estadounidenses el suministro.

En noviembre, el Senado propuso la aplicación a partir de 2006 de un impuesto único y especial a las petroleras por un valor absoluto de 5.000 millones de dólares (4.233 millones de euros) que ahora Bush se dispone a aprobar. Si lo hace será la segunda vez que ocurre. La primera fue en 1974, el año de la gran crisis energética.

Cuentas. Algunas de las preguntas de los senadores demócratas se quedaron sin respuesta. Por ejemplo, si las fusiones sirven para provocar sinergias que reducen costes. ¿por qué esas rebajas no benefician nunca al consumidor? Sin embargo, los responsables de las grandes petroleras estadounidenses demostraron que tienen alguien a quién echarle la culpa. Nada menos que la OPEP.

De hecho, animaron al Senado a realizar alguna acción que limitase el poder que este cartel tiene para decidir sobre el precio del barril de petróleo. Más aún, los responsables de la petroleras estadounidenses, empresas que alcanzaron en 2005 sus récord histórico de beneficios, aseguraron que gracias a las fusiones han podido extraer petróleo en países no integrados en la OPEP y limitar el inmenso poder de esta organización.

 
 

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