El
nuevo presidente de la Reserva Federal de EEUU (FED), Ben Bernanke,
es consciente de lo difícil que va a resultar para él,
al menos al principio, eludir las comparaciones con su antecesor,
Alan Greenspan, el hombre que ha sido considerado durante muchos
años como el mejor banquero central de la historia.
Bernanke debutará el próximo 28 de marzo como responsable
de una reunión del Comite Abierto de la institución.
Un cónclave, que según los pronósticos de
los analistas, decretará una nueva subida de 25 puntos
básicos en los tipos de interés de referencia.
Y los prolegómenos aportan imágenes muy poco usuales,
como la del mismo secretario del Tesoro, John Snow, afirmando
en televisión que el precio del dinero no debe subir mucho
más. La presión política coloca en una complicada
tesitura al nuevo responsable de la FED quien para mostrar su
independencia de criterio, según han declarado con temor
varios expertos a los medios de comunicación especializados,
puede caer en la tentación de endurecer la política
monetaria más de lo que resulta necesario. E, incluso,
ser responsable del inicio de una recesión.
Los rumores, las declaraciones cruzadas, y los intentos de influir
en la autoridad monetaria se han multiplicado de tal forma en
las últimas dos semanas que Bernanke, y sus asesores de
imagen, han tomado la decisión de reunirse, en comparecencias
públicas, con los representantes de los colectivos, sobre
los que desde su nuevo cargo tendrá responsabilidades de
supervisión.
La sede de la Asociación de la Banca Comunitaria (ICBA, por sus siglas en inglés) en Las Vegas, fue el lugar elegido para que Bernanke completara el primer acto de la gira. Estas entidades, una especie de híbrido entre las figuras españolas de las cajas de ahorro y las cooperativas de crédito, acumulan el 12% del total de los activos bancarios estadounidenses y, aunque han perdido importancia, volumen y número en los últimos años -llegaron a controlar el 20%, hace una década-, siguen siendo un componente clave del sistema financiero.
Según los últimos datos de la FED, ahora habría unos 7.200 bancos comunitarios repartidos por todo el país, después de que un lento proceso de consolidación, que se inició hace once años, haya contribuido a eliminar del panorama unos 2.800. En la sede de la ICBA, Bernanke se mostró amable pero duro. Aseguró que el sector está saneado, pero aconsejó a los responsables de estas entidades que sigan haciendo negocios con el máximo rigor posible. E insinuó que en los últimos tiempos quizá algunos bancos comunitarios estuvieran arriesgando demasiado, por culpa de la política agresiva que habrían realizado para aumentar su cuota de mercado en el sector de los créditos hipotecarios.
Y en el desmesurado, según Bernanke, crecimiento del volumen de prestámos vivos de este tipo que estas entidades mantienen se encontrarían las principales incertidumbres potenciales para un sector, cuya labor definió como muy necesaria para los ciudadanos del país.
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