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El actual inquilino de la Casa
Blanca, George Bush, acaba de batir otro récord. Ya es
el presidente de EEUU, bajo cuyo mandato más se han aumentado
los límites que el Congreso y el Senado fijan a la deuda
viva que puede mantener el Tesoro en los mercados financieros.
Nueve billones de dólares,
esa es la cantidad total hasta la que podrá endeudarse
a partir de ahora EEUU. Un 9,76% más que la última
cantidad prevista (8,2 billones). Ya empieza a ser una costumbre
para el actual equipo económico que dirige John Snow, emitir
bonos y conseguir que los inversores de todo el mundo financien
los inmensos déficits estadounidenses. Eso sí, por
ahora con éxito.
Hasta cuatro veces ha tenido que
recurrir Washington a la argucia de aumentar los límites
del endeudamiento federal para mantener el ritmo de gasto público
sin retocar sus programas de recortes de impuestos. En total un
aumento de tres billones de dólares, justo un 50% más
del que estaba fijado cuando Bill Clinton abandonó el poder.
No importa que con este presidente el déficit público
del año fiscal 2007 supere, ya con seguridad, el récord
histórico de 412.700 millones de dólares, marcado
por él mismo en 2004.
Las llamadas de algunos parlamentarios
republicanos a la contencion del gasto han quedado hechas añicos
ante la evidencia que muestran las encuestas. Los demócratas,
sin haber hecho nada especial ni tener un programa común
diferenciado, podrían en las elecciones parciales de noviembre
alcanzar la mayoría en las dos Cámaras, que ahora
disfrutan los republicanos. Todo por el imparable deterioro de
la popularidad de Bush, situada ya en el 30%. Y nada mejor que
un aumento del gasto federal para evitarlo. A medida que el panorama
político se ensombrecía para el partido del actual
presidente la negociación sobre el presupuesto de este
año se aclaraba.
El nuevo presidente de la FED,
Ben Bernanke, ha querido fijar sus responsabilidades por si sucede
lo peor. En una carta al Comité de Presupuestos del Senado,
que le había dirigido una consulta, ha dejado caer que
los déficits pueden frenar la economía.
La morosidad hipotecaria repunta
con fuerza en EEUU. Según los últimos datos
presentados por la Asociación Hipotecaria de EEUU, en el
último trimestre del pasado año la morosidad experimentó
un fuerte repunte hasta situarse en el 4,7%, por encima del 4,44%
del trimestre anterior, pero en línea con las previsiones
de los analistas. El dato es, además, la mayor cifra registrada
desde hace dos años y medio. Y, lo que quizá sea
peor, se corresponde con un periodo en el que el tipo hipotecario
medio a treinta años estuvo situado en el 6%, lejos de
las cifras de julio de 2005, cuando marcó un máximo
anual del 6,50%, y de la actual 6,37%.
De momento la cifra no preocupa
demasiado a los expertos porque casi el 75% del problema se concentra
en los préstamos subprime, créditos
con un tipo de interés mucho más alto que la media,
en algunos casos al borde del delito de usura, que se conceden
a colectivos de riesgo, pero también empieza a dejarse
notar en esta cifra el impacto de algunas variables que pueden
plantear problemas a medio plazo. Desde la misma subida de los
tipos de interés que afecta directamente a los pagos de
préstamos a tipo variable al impacto en las economías
familiares del aumento de los precios energéticos, por
ejemplo.
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