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Año 2006 - Viernes, 17 de marzo
 
Reportaje
 
Se acentúa la división de la comunidad cubanoamericana de Miami
 
Un lejano tercer lugar

Americaeconomica.com

 

Dos encuestas recientes parecen demostrar una vez más que la comunidad cubana de Miami continúa en su lento pero irreversible proceso de cambio. Aunque existe un importante grupo de derecha radical que, más allá de la representación real que posea, sigue manejando los hilos políticos de una comunidad que no acaba de encontrar alternativas.

Este colectivo es el que, según los expertos, estaría representado en ese 33% de los encuestados por el Centro Metropolitano de la Universidad Internacional de Florida (FIU), que defiende que EEUU invada Cuba como fórmula de cambiar el sistema político de la Isla. Una reacción, cada vez más minoritaria, al nulo resultado obtenido hasta ahora por una política exterior que no ha sido capaz de minar en lo más mínimo al actual sistema político cubano.

Sin embargo, otra encuesta, en este caso de la Universidad Panamericana de Texas, concluye que la política cubana de Washington ha dejado de ser la principal preocupación de la población exiliada que habita en Miami Dade. De hecho, sería sólo la tercera. Si esta consulta estuviera en lo cierto, los votantes cubanoamericanos de las elecciones de noviembre irían a las urnas con las mismas preocupaciones prioritarias que los del resto del país: la Guerra de Irak y la economía.

Sólo en un lejano tercer lugar se situaría el futuro democrático de Cuba y lo que EEUU puede hacer para propiciarlo. Una prueba de que el exilio económico existe, por mucho que algunos sectores radicales no quieran reconocerlo.

La división es más patente entre los grupos de nuevos exiliados que llegaron a Miami después de 1980. Entre ellos el porcentaje de quienes apuestan por el diálogo y se oponen al embargo llega casi al 60%. Pero su propia idiosincrasia les aleja de la política y del activismo que sigue en manos de los radicales.

Tanto es así que, en la actualidad, los congresistas y senadores de la ultraderecha, como Díaz Balart o Ross Lethinen, van a renovar con total seguridad su escaño sin contrincantes capaces de provocar al menos un debate. Sin embargo, algunos expertos creen que quizá no suceda lo mismo en las elecciones previstas para el cargo de gobernador de Florida. Aquí todo parece indicar que en las filas del Partido Demócrata surge un candidato capaz de cambiar un tanto la situación.

Se trata de Jim Davis, un hombre que ha denunciado la ley del Silencio que existe en Florida, hasta llegar a decir que en este territorio hay tanta falta de libertad de expresión como en Cuba y que, si bien se ha manifestado a favor del embargo, sí ha estado en contra de las últimas normas introducidas por Washington sobre los viajes y los envíos de remesas destinadas a endurecerlos.

Todo parece indicar, según las últimas encuestas, que Davis puede tener posibilidades reales de convertirse en gobernador. Y si lo consiguiera, él mismo, por sus propios intereses, sería el primer interesado en provocar un cambio político en Florida que hiciera aflorar a los colectivos de votantes moderados, ahora dormidos, y sirviera para limitar el poder de los radicales en las elecciones de 2008.

 
 

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