La agencia Associated Press ha editado y difundido un vídeo que ya se conocía en los ambientes políticos de EEUU, pero no había llegado hasta ahora a los ciudadanos que tienen que votar en este año electoral estadounidense, en el que se renueva el Congreso, un tercio del Senado y una buena porción del poder local, entre gobernadores y alcaldes.
Se trata de las imágenes de una reunión de urgencia celebrada el 28 de agosto en el Centro Nacional de Huracanes de Miami que contó con la asistencia de Max Maifield, la máxima autoridad en alteraciones climáticas del país y responsable del equipo, junto a otros expertos y a tres expectadores de excepción.
Nada menos que el secretario de Seguridad Interna, Michael Chertoff, el dimitido director de la Agencia Federal de Control de Emergencias, Michael Brown y el mismísimo inquilino de la Casa Blanca, George Bush, que participó desde su rancho de Texas a través de una vídeo-conferencia. Mayfield advirtió a su audiencia de que la llegada del Katrina podía suponer la pérdida de muchas vidas y se mostró preocupado ante la resistencia de los diques que separaban el lago Pontchatrain de Nueva Orleans.
Pero el experto fue tranquilizado por el presidente quien aseguró: "estamos completamente preparados". Los hechos demostraron que no. Y eso no impidió a Bush declarar el 1 de septiembre en el programa de la ABC ´Buenos días America´ que "nadie fue capaz de prever una posible ruptura de los diques". El 12 de septiembre Michael Brown presentó su dimisión. Por ahora es el único alto cargo de la Administración que ha asumido sus responsabilidades políticas.
La respuesta de la plana mayor del Partido Demócrata a la difusión del vídeo no se ha hecho esperar. Los opositores boicotearon la primera inquisición parlamentaria y pusieron en duda su independencia, debido al "rodillo" republicano que colocó en los puestos claves a hombres afines a su partido.
Las conclusiones, presentadas el 15 de febrero fueron muy críticas pero evitaron cuestionar a la Casa Blanca. Ocho días después, el propio equipo presidencial publicó un informe sobre la catástrofe en el que repartía las responsabilidades de los fallos y la falta de reacción en el poder federal y el local en la misma proporción.
Ahora, el asunto ha vuelto al escenario político con más fuerza y la exigencia de responsabilidades aumenta. El senador demócrata Joseph Lieberman ha hecho público hoy un comunicado que recogen todas las ediciones on line de los grandes medios del país en el que afirma textualmente. "El vídeo demuestra que la actual Administración no hizo nada para impedir la catástrofe aunque había sido informada".
La Oficina del Portavoz presidencial ha tenido que responder a los ataques. Blair Jones, el segundo de a bordo ha justificado el olvido de Bush con la explicación de que "el presidente asistió durante aquellos días a multitud de sesiones informativas".
Las complicaciones, sin embargo, no acaban aquí. De hecho, el vídeo quizá sólo sirva para acelerar una peligrosa tendencia que, según parece, había arrancado ya y se había consolidado antes.
El escándalo de los puertos y la empresa pública de Dubai ha contribuido a hundir un poco más aún la popularidad del actual inquilino de la Casa Blanca en las encuestas. Consultass que aún no reflejan el efecto que haya podido tener el vídeo. Según la consulta realizada por Los Angeles Times y Bloomberg, sólo el 30% de los estadounidenses aprueba el trabajo general que realiza el presidente.
Y lo que es peor, en elasunto de la posición que la Casa Blanca ha adoptado sobre el posible impacto en la seguridad nacional de la llegada al país de la Autoridad Portuaria de Dubai, las opiniones contrarias alcanzan una especial contundencia. Nada menos que tres de cada cuatro ciudadanos califican a Bush de irresponsable.
En otros temas las cifras son mejores, pero siguen mostrando un claro empeoramiento con respecto a consultas anteriores. En los asuntos relacionados con la economía, por ejemplo, la aprobación general de la política aplicada desciende desde el 40% al 37%, en el asunto concreto del aumento del déficit público, la aprobación se sitúa en el 24% desde casi el 39%. Y, en una pregunta recién introducida sobre la influencia de Bush en la prosperidad del país, sólo el 19% cree que han sido fundamentales, mientras que el 58% opina que han servido para complicar todavía más la situación de los estadounidenses medios.
Aunque quizá el dato más sangrante para Bush, y para todo el Partido Republicano, sea el hecho de que sólo el 44% de los estadounidenses considera ahora que el presidente tenga una política adecuada para luchar contra el terrorismo y sólo el 34% piense que la actual política estadounidense hacia Irak es la correcta.
Esta misma semana Bush aseguraba que ha gobernado con las encuestas a favor y en contra y que así son las cosas en el mundo moderno. Por cierto, lo dijo en una entrevista también concedida a la cadena de televisión ABC.
Mientras, los republicanos que ven peligrar su mayoría en el Congreso y el Senado toman distancia con respecto al inquilino de la Casa Blanca y están más dispuestos que antes a desobedecer al jefe de filas y pactar con los demócratas.
Hoy mismo se han cerrado dos acuerdos importantes entre los núcleos duros de los grupos parlamentarios de ambos partidos: la ley que servirá para blindar los sectores estratégicos estadounidenses de las amenazas empresariales que llegan desde el exterior y la posibilidad de que se crearán en el Congreso y el Senado dos oficinas para asegurar la integridad pública de los parlamentarios y evaluar sus relaciones con los lobby empresariales.
Una propuesta que, por cierto, también habían presentado conjuntamente un grupo de demócratas y republicanos. |