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El problema de la ciencia en España ha levantado toda
clase de opiniones y de juicios. Nuestro país no ha contado
con una figura capital, como han podido ser Newton, Maxwell, Einstein
o Planck. No cuenta con ningún Premio Nobel en Física
o Química. La ausencia de grandes matemáticos es
prácticamente total. En este panorama, distintos intelectuales
como Ortega, Unamuno o Menéndez Pelayo se han ocupado de
este problema. El último, afirmando y recogiendo gran cantidad
de datos, que "inventamos nosotros". Unamuno con desprecio,
refiriéndose a Europa, "que inventen ellos".
Ortega afirmando que la ciencia es una planta, que requiere unas
condiciones muy particulares para su desarrollo, condiciones que
sólo se dan en ciertas culturas.
Los casos de figuras sobresalientes en la ciencia, como Severo
Ochoa o Ramón y Cajal son excepcionales y han conseguido
tener escasa continuidad. El primero hizo su labor en Estados
Unidos. El caso de Ramón y Cajal es realmente único.
Desde que se instauró en España la democracia,
los distintos gobiernos, socialistas o conservadores, han intentado
o, al menos así lo han manifestado, conseguir que España
se aproxime, por lo menos, al nivel científico, que tienen
países de nuestro entorno. En noviembre de 2003, el PP
aprobaba el Plan Nacional de I+D 2004 - 2007. El Plan se proponía
alcanzar un gasto en I+D de 1,22% del PIB en 2005 y
un 1,4% en 2007. Después de las elecciones de
marzo del 2004, el PSOE afirmó que iba a hacer una "apuesta
decidida y prioritaria por la ciencia". Pero lo cierto es
que estos objetivos no se han cumplido. Es más tampoco
se han cumplido los objetivos, que el anterior gobierno había
propuesto. Lo cierto es que seguimos estando muy por debajo de
la media europea y que ya nos superan China y Rusia. Lo cierto
es que los investigadores no cuentan con más recursos y
que la carrera investigadora resulta poco atractiva para las nuevas
generaciones.
En cuanto a la Unión Europea, tampoco los datos resultan
muy esperanzadores. En el pasado enero se lanzó el programa
marco FP7 que estaría vigente durante el período
2007 - 2013 con un presupuesto de 50.521 millones de euros. Las
áreas prioritarias son: tecnologías de la información
y las comunicaciones, salud, transporte, nanotecnologías,
energía, alimentación, agricultura y biotecnología,
medio ambiente, espacio y seguridad. Toda esta política
responde, de alguna manera, a lo que se ha llamado "Estrategia
de Lisboa", resultado de la reunión del Consejo Europeo
en la capital de Portugal en el año 2000. Allí se
dijo que se pretendía "convertir la Unión Europea
en la economía basada en el conocimiento más competitiva
y dinámica del mundo capaz de crecer económicamente
de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor
cohesión social". Pero las cosas no han funcionado
como se vaticinaba. Se ha producido un estancamiento de la inversión
en I+D. Lo que ha traído el lógico distanciamiento
con respecto a Estados Unidos y Japón. Para el conjunto
de la Europa de los 15, la inversión, pública y
privada, en I+D en relación con el PIB en el quinquenio
2000 - 2004 muestra un claro estancamiento, especialmente en Alemania
y en el Reino Unido con el claro descenso de Francia. Lo que se
vislumbra es que Europa estará cada vez más lejos
de Japón, sin conseguir alcanzar a Estados Unidos. Pronto
China y Rusia aparecerán como competidores por su capacidad
tecnológica.
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