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Año IX - Madrid, viernes 2 de marzo de 2007
 
Reportaje
 

La investigación científica en España

La ausencia de un Einstein

Alberto Miguel Arruti

El problema de la ciencia en España ha levantado toda clase de opiniones y de juicios. Nuestro país no ha contado con una figura capital, como han podido ser Newton, Maxwell, Einstein o Planck. No cuenta con ningún Premio Nobel en Física o Química. La ausencia de grandes matemáticos es prácticamente total. En este panorama, distintos intelectuales como Ortega, Unamuno o Menéndez Pelayo se han ocupado de este problema. El último, afirmando y recogiendo gran cantidad de datos, que "inventamos nosotros". Unamuno con desprecio, refiriéndose a Europa, "que inventen ellos". Ortega afirmando que la ciencia es una planta, que requiere unas condiciones muy particulares para su desarrollo, condiciones que sólo se dan en ciertas culturas.

Los casos de figuras sobresalientes en la ciencia, como Severo Ochoa o Ramón y Cajal son excepcionales y han conseguido tener escasa continuidad. El primero hizo su labor en Estados Unidos. El caso de Ramón y Cajal es realmente único.

Desde que se instauró en España la democracia, los distintos gobiernos, socialistas o conservadores, han intentado o, al menos así lo han manifestado, conseguir que España se aproxime, por lo menos, al nivel científico, que tienen países de nuestro entorno. En noviembre de 2003, el PP aprobaba el Plan Nacional de I+D 2004 - 2007. El Plan se proponía alcanzar un gasto en I+D de 1,22% del PIB en 2005 y un 1,4% en 2007. Después de las elecciones de marzo del 2004, el PSOE afirmó que iba a hacer una "apuesta decidida y prioritaria por la ciencia". Pero lo cierto es que estos objetivos no se han cumplido. Es más tampoco se han cumplido los objetivos, que el anterior gobierno había propuesto. Lo cierto es que seguimos estando muy por debajo de la media europea y que ya nos superan China y Rusia. Lo cierto es que los investigadores no cuentan con más recursos y que la carrera investigadora resulta poco atractiva para las nuevas generaciones.

En cuanto a la Unión Europea, tampoco los datos resultan muy esperanzadores. En el pasado enero se lanzó el programa marco FP7 que estaría vigente durante el período 2007 - 2013 con un presupuesto de 50.521 millones de euros. Las áreas prioritarias son: tecnologías de la información y las comunicaciones, salud, transporte, nanotecnologías, energía, alimentación, agricultura y biotecnología, medio ambiente, espacio y seguridad. Toda esta política responde, de alguna manera, a lo que se ha llamado "Estrategia de Lisboa", resultado de la reunión del Consejo Europeo en la capital de Portugal en el año 2000. Allí se dijo que se pretendía "convertir la Unión Europea en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social". Pero las cosas no han funcionado como se vaticinaba. Se ha producido un estancamiento de la inversión en I+D. Lo que ha traído el lógico distanciamiento con respecto a Estados Unidos y Japón. Para el conjunto de la Europa de los 15, la inversión, pública y privada, en I+D en relación con el PIB en el quinquenio 2000 - 2004 muestra un claro estancamiento, especialmente en Alemania y en el Reino Unido con el claro descenso de Francia. Lo que se vislumbra es que Europa estará cada vez más lejos de Japón, sin conseguir alcanzar a Estados Unidos. Pronto China y Rusia aparecerán como competidores por su capacidad tecnológica.

 
 

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