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La durísima precampaña presidencial demócrata
se ha visto sacudida por una exclusiva del Washington Post en la que se pone en cuestión la honestidad de Hillary
Clinton, la actual senadora por Nueva York y candidata favorita
del aparato del partido. Según la información publicada
por el diario, la señora Clinton ha hecho trampa durante
cinco años seguidos en la declaración de bienes
que la legislación estadounidense obliga a realizar cada
365 días a todos los ocupantes de los escaños de
la Cámara alta.
La omisión es menor pero, especialmente significativa.
La senadora ha olvidado decir desde 2002 que ocupa el cargo de
secretaria y tesorera en la Clinton Family Foundation, que preside
su marido Bill y de cuyo consejo forma también parte Chelsea
la hija de ambos. Las normas legales de EEUU obligan a los parlamentarios
a ofrecer un detalle completo de todos los cargos empresariales
u honorarios que ostentan, incluso cuando se trata de entidades
sin ánimo de lucro.
Está última disposición no es casual. Los
altos cargos de las fundaciones caritativas gozan de un régimen
fiscal muy favorable, aunque, como es el caso, no reciban remuneración
alguna por su trabajo. Según los cálculos del diario,
en el último lustro, la familia Clinton habría hecho
donaciones de unos 1,25 millones de dólares a través
de su fundación. Y esta cantidad les habría permitido
obtener unas desgravaciones de cinco millones de dólares
y mantener otros cuatro como capital de la entidad y, por lo tanto,
libre de impuestos.
Los portavoces de Hillary reconocía, según el diario
el olvido, que la Senadora se ha comprometido a solucionar hoy
mismo. Un lapsus de memoria que comparte con políticos
tanto demócratas como republicanos, entre los que estarían,
por ejemplo, la actual presidenta del Congreso, Nancy Pelosi y
el ex jefe de la mayoría republicana en el Senado Bill
Frist. Algunos bloggers cuestionaban hoy la furia filantrópica
de las grandes fortunas recordando que la actual legislación
estadounidense convierte casi en paraísos fiscales encubiertos
a muchas de estas entidades.
Sin embargo, otros defendían esta coyuntura como la única
que, en realidad, hace posible que los multimillonarios estadounidenses
hayan empezado a preocuparse por el tercer mundo y a enviar hacia
los países más desfavorecidos una parte de sus ganancias.
Por cierro, el Post también recordaba que la Clinton Family
Foundation no es la única fundación en la que participan
los Clinton. Ni siquiera la más grande. Ambos forman parte
del patronato de la William J. Clinton, una entidad que, en el
último lustro, ha canalizado hacia los desfavorecidos inversiones
empresariales de carácter filantrópico por valor
de más de 10.000 millones de dólares.
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