Del petróleo al etanol, la familia Bush parece ahora interesarse por el negocio del combustible "verde" dejando a un lado su pasado relacionado con las empresas de queroseno. Este súbito interés en el último mandato de George W. Bush quizás responda al deseo de desentenderse del petróleo de Chávez, de Irán e incluso de Irak, como apuntan algunos más atrevidos, para financiar su retirada o la de su familia.
Uno de los organismos que apoya el uso del biocombustible en las mezclas de gasolina en todo el continente americano es la Comisión Interamericana del Etanol (CIE) que casualmente se creó gracias a una iniciativa impulsada conjuntamente por el ex gobernador del estado de Florida (EEUU), Jeb Bush, el ex ministro de Agricultura del Brasil Roberto Rodrigues y el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Moreno. Además, según describe su página web, uno de los puntos positivos que destaca el organismo es que la utilización del etanol propiciará será el desarrollo económico que alivie la pobreza en la región de América Latina y el Caribe.
Al inicio de la página web se puede ver el mensaje de bienvenida del hermano pequeño de George W. Bush: “Incrementar el uso del etanol puede beneficiar nuestro medio ambiente, fortalecer nuestra seguridad nacional y alimentar el motor económico de libre comercio, lo que será una carta ganadora para EEUU”. Además, se pueden observar varios apartados explicativos sobre las propiedades del etanol como la “reducción de efectos medioambientales”, el “balance energético” y el apartado de “economía y desarrollo”. En este último se ofrecen datos sobre los puestos de trabajo generados por la bioindustria en 2005, último periodo completo computado, que ascendieron a 153.725 empleos en las áreas rurales más deprimidas de EEUU.
Sin embargo, incluso desde el entorno más cercano de la familia Bush este altruismo ha sido puesto en duda. Esta semana en una columna publicada en The Wall Street Journal por Holman W. Jenkins Jr., un prestigioso analista de orientación liberal, se señalaba que lo que realmente ocurría era que el presidente y su hermano estaban sirviendo a los intereses del poderoso lobby agroalimentario estadounidense, formado por un grupo de compañías de gran tamaño que tienen una gran influencia sobre Washington y han conseguido mantener las subvenciones.
Todo ello se producía días después de que EEUU y Brasil firmasen el acuerdo del etanol con el objetivo de construir una fuente de energía alternativa. La firma tuvo lugar durante la visita del presidente estadounidense a Brasil, y el presidente brasileño, Luis Inacio Lula Da Silva, le esperaba con bolígrafo en mano.
Un pacto con lagunas. En cuanto al texto oficial del pacto, que ocupa poco más de un folio, especifica que permitirá la coordinación de ambos países con el fin de establecer estándares internacionales para los biocombustibles, de modo que puedan comercializarse en todos los mercados. Sin embargo, el acuerdo no contempla la reducción de los aranceles que EEUU impone al etanol procedente de Brasil, es más, afirma que no es un tema que esté dentro de ese convenio.
Actualmente, los aranceles equivalen a unos 14 centavos de dólar por litro, además de una tasa del 2,5%. El Gobierno de Lula pretende una rebaja de esos impuestos, mientras que Washington argumenta que la cuestión corresponde al Congreso de EEUU. Esta es una de las razones por las que el articulista Holman W. Jenkins Jr. pone en duda las buenas intenciones de la familia Bush.
Antes de la firma del pacto, el
pasado 27 de enero Bush en su discurso sobre el Estado de la Unión hablaba del etanol y lanzaba una propuesta para promover una ley que obligue a mezclar gasolina con un 20% de etanol en un plazo de 10 años.
En el acuerdo anteriormente citado, los gobiernos de Brasil y EEUU se refieren como marco en el que desarrollar la iniciativa al Foro Internacional de Biocombustibles (FIB), un organismo de Naciones Unidas creado el 2 de marzo, una semana antes de que se firmase el acuerdo entre Brasil y EEUU. Antes de la constitución de este nuevo foro ya habían surgido varia críticas dentro de Naciones Unidas en torno al tema del etanol. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) adviertía sobre los riesgos de la producción de etanol. En concreto, el director del Pnuma para América Latina y el Caribe, Ricardo Sánchez, avisaba que la creciente demanda del etanol puede ser peligrosa si no se hace bien, es decir, si el crecimiento de la producción se basa en aumentar las superficies de cultivo, ya que esto puede tener impactos sociales y ambientales que no hagan sostenible este crecimiento.
Sánchez resaltaba además que se debería medir el coste producido por la degradación ambiental de estas plantaciones puesto que podrían afectar la biodiversidad. Por último, señalaba que otro de los peligros de este tipo de plantaciones es que en muchas zonas sustituirán el cultivo de alimentos, aumentando el riesgo de una crisis alimentaria.
Mientras tanto, EEUU busca soluciones para cubrir sus futuras necesidades del etanol, ya que la propuesta mencionada anteriormente, de promover una ley que obligue a mezclar gasolina con un 20% de etanol en un plazo de 10 años supone un reto, según los expertos, imposible de afrontar en solitario, aunque el mandatario ya cuenta algún socio en el sector.
A finales de enero, la empresa energética estadounidense Maple Cos firmó un acuerdo con Perú para la construcción de una planta procesadora de etanol en la provincia de Piura. Los planes de inversión de la compañía de Dallas (EEUU) se han fijado en 120 millones de dólares (92 millones de euros). Además, el combustible extraído de la procesadora se transportará en una tubería subacuática por el Océano Pacífico hasta EEUU.
Etanol en Internet. Aunque Maple Cos no es la única dispuestos a poner su “granito de arena” para llevar a cabo este nuevo combustible. Dos destacados inversores de Internet, Vinod Khosla y Steve Case, dos de los más famosos millonarios mundiales de Internet, planean invertir en un fondo de 2.000 millones de dólares (1.515 millones de euros), junto a un grupo de empresarios, como el ex presidente el Banco Mundial James Wolfensohn, que se focalizará en el negocio del etanol en Brasil. El fondo que ya tiene el nombre de “Brasil Energy” invertirá en todos los segmentos de la industria del etanol, desde la siembra de caña de azúcar hasta el procesamiento y la exportación.
Aunque la fiebre del etanol no acaba aquí: en México, un análisis del BID recomendaba que el país debe establecer sustanciales y permanentes apoyos a la producción de maíz, caña de azúcar y oleaginosas para garantizar el abastecimiento nacional e impulsar la utilización de esos cultivos en la producción de gasolina alternativa suficiente para reducir la dependencia de los hidrocarburos.
De hecho, desde hace casi tres meses el BID alertó al Gobierno mexicano de que la disponibilidad de maíz en el mercado mundial sería uno de los principales problemas para este año, debido a que las exportaciones de granos de EEUU, principal productor mundial de maíz, caerán a menos de la mitad, comparadas con las de 2006, pues de manera creciente se utilizan para producir etanol. Es más, en diversos foros se ha pronosticado que cuando el maíz estadounidense empiece a destinarse a la producción de etanol, crecerá el déficit internacional.
Y de momento todo parece dispuesto a que la familia Bush lleve pronto a cabo su industria del etanol. Quizás ven en el combustible “verde” una respuesta a los efectos medioambientales del siglo XXI. |