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Año IX - Madrid, viernes 16 de marzo de 2007
 
Reportaje
 
Este año ha sido calificado como el de la Ciencia
La divulgación de la ciencia

Alberto Miguel Arruti

El presente 2007 ha sido calificado como año de la Ciencia. El Gobierno español pretende acercar la ciencia a los ciudadanos. No es una tarea fácil, pero sí necesaria. La ciencia es una forma de la cultura. Además, da lugar a una técnica e influye poderosamente en la economía y en la política.

Antiguamente, no fue así. La ciencia era labor de unos pocos. Era algo muy minoritario, que se hacía por gusto, por placer y por vocación. Se tardaron siglos en comprender y valorar lo que significaba la ciencia. Fue, precisamente, un inglés, Francis Bacon, quien comprendió el papel, auténticamente revolucionario de la ciencia. Bacon nació en 1561 y murió en 1626. De él ha escrito Benjamín Farrington que su vida estuvo “consagrada a una gran idea”. “La idea, en parte realizada y en parte enmohecida, con frecuencia todavía mal interpretada, ha pasado a ser hoy en día un lugar común, pero en su día constituyó una novedad. Consiste simplemente en que el conocimiento debería dar su fruto en obras, que la ciencia debería ser aplicable a la industria, que los hombres deberían tomar como un deber sagrado el organizarse con vistas a mejorar y transformar las condiciones de vida”. Divulgar la ciencia es aproximarla al hombre de la calle. Esta aproximación es necesaria, pues ese hombre medio, en una sociedad democrática, tiene que tomar decisiones que afectan a los científicos y, de este modo, a la ciencia. Últimamente en España se han publicado numerosos e interesantes libros sobre temas relacionados con la ciencia. Libros de auténtica divulgación. De ellos, hay dos que tienen un particular interés. Estos son:“El camino a la realidad” de Roger Penrose, actualmente profesor emérito de Matemáticas en la Universidad de Oxford y “Sólo el asombro conoce”, del que son autores, Marco Bersanelli y Mario Gargantini. El primero, profesor de Astrofísica y el segundo, ingeniero, profesor de F ísica, periodista y divulgador científico.

El libro de Penrose constituye una guía completa de las leyes del Universo. Aunque se trata de un libro de divulgación, no se abandona la exposición matemática, cuando no cabe otra posibilidad. Se recorre toda la Física, la clásica y la moderna. Todo ello bajo la idea fundamental de buscar las leyes que rigen el mundo, la forma de llegar a las mismas y el modo de cómo pueden servirnos para comprender el Universo y, de este modo, orientar sus acciones en nuestro provecho. Penrose recoge en este libro cómo funcionan el espacio y el tiempo, la gravitación universal, la moderna cosmología, la antimateria, los agujeros negros, el big bang,...

El segundo libro, al que nos hemos referido, lleva por subtítulo “La aventura de la investigación científica”. Y así es en la realidad. Está escrito a base de testimonios de distintos científicos. Todos presentan una idea común, que es el hecho de que todo descubrimiento científico está regido para sus descubridores por el asombro y la curiosidad. Sin esta última, no hay ciencia posible. “La experiencia de la investigación tiene lugar como lucha contra el misterio de la realidad según el enfoque, parcial pero característico que ofrece el método científico y lo que preocupa a éstos es la esperanza de captar el orden y la dirección en que se mueve el mundo natural, de percibir el contexto cósmico en que vivimos y discernir, tras la multiplicidad de formas, la posible unidad del Universo. Cuando se profundiza en el estudio de la materia y la energía, estos dos entes aparecen con una imagen muy complicada, como algo que parece incompatible con la lógica habitual. La realidad que descubre la ciencia, es algo que no obedece a nuestra experiencia sensorial y, por tanto, a eso que llamamos, sentido común.

 
 

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