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Reportaje
 
La Unión Europea ya tiene medio siglo de vida
Cincuenta años después

Alberto Miguel Arruti

El 25 de marzo se cumplen 50 años de la firma de creación de la Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea. El acto tuvo lugar en Roma, en Campidoglio, Sala de los Horacios y Curiacios.

Toda guerra empieza cuando acaba la anterior. La Segunda Guerra Mundial comenzó con el Tratado de Versalles. Pero esta vez no ha sucedido así. Alemania firma la rendición sin condiciones en 1945 y tres años más tarde, es decir en 1948, se diseña en Londres un esquema unitario del Continente. Pese a la presión de Estados Unidos, Italia no lo suscribe, porque estaba inspirado en la hostilidad hacia Alemania y De Gasperi había dicho que "si no conseguimos crear una estructura con los alemanes, no sé de qué color será su camisa dentro de diez años, pero sin duda no tendrá un color democrático".

El primer paso serio para lograr la unidad de Europa fue la creación de la Comunidad Europea para el Carbón y el Acero (CECA), la cual estableció el 10 de febrero de 1953 el Mercado Común para el carbón, y el 10 de mayo de 1953 el Mercado Común para el acero. Carbón y acero constituían elementos esenciales de la vida industrial e, incluso, militar de la época. Recuérdese, sin ir más lejos, el protagonismo del cañón 'Berta' en la guerra franco-prusiana. El primer presidente que tuvo la CECA, fue el francés Jean Monnet. Los países que integraron esta Comunidad fueron seis: Alemania, Francia, Italia y el Benelux, es decir Holanda, Bélgica y Luxemburgo. En el fondo, dejando aparte cuestiones económicas, de lo que se trataba era de conseguir una unión, del tipo que fuese, entre Alemania y Francia. Lo que no era fácil, pues la guerra estaba muy reciente con toda su secuela de odios y resentimientos. El propio Monnet había escrito que "los seis Estados que son partes en el convenio declaran su propósito de superar las rivalidades seculares mediante una unificación de sus intereses primordiales, constituyendo una comunidad económica que sirva de fundamento para una comunidad más amplia y más profunda entre los pueblos que durante tanto tiempo estuvieron divididos por luchas sangrientas, y establecer los elementos institucionales que desde ahora puedan fijar el camino del destino común". Tanto se había insistido en la idea de nacionalidad, que costó tiempo y trabajo en que fuera aceptada la idea de supranacionalidad. Era la primera vez que un Gobierno ejercitaba un poder resultante de la cesión por parte de seis países de sus derechos de soberanía.

Hoy, medio siglo después, cuando se valora lo que ha significado la Unión Europea, forzoso es reconocer que, pese a todas las dificultades, ha constituido un éxito. La posibilidad de una guerra en Europa parece algo de ciencia ficción. Ya no hay fronteras. Existe una moneda única, pese a todas las dificultades. Las ventajas económicas son evidentes. De seis se ha pasado a 27 miembros. Se han integrado los países que pertenecieron a la órbita soviética. Turquía lucha por entrar. Pese a estos éxitos, también se pueden anotar algunos fracasos. Por ejemplo, se ha pretendido una Constitución para Europa. Dos países, Francia y Holanda, la han rechazado. Y, al menos de momento, no se sabe lo que se puede hacer. Hoy se puede hablar de una parálisis de la Unión Europea. Además, las discrepancias, entre los grandes, son enormes. Francia se muestra partidaria del dirigismo y la centralización. Alemania prefiere una libre competencia con inclusión de una atención social, lo que el Reino Unido deja a la iniciativa privada. La Constitución europea supuso un esfuerzo importante para reforzar la unión política del continente. Pero, de momento, se encuentra estancada.

 
 

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