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El 25 de marzo se cumplen 50 años
de la firma de creación de la Comunidad Económica
Europea, hoy Unión Europea. El acto tuvo lugar en Roma,
en Campidoglio, Sala de los Horacios y Curiacios.
Toda guerra empieza cuando acaba la anterior. La
Segunda Guerra Mundial comenzó con el Tratado de Versalles.
Pero esta vez no ha sucedido así. Alemania firma la rendición
sin condiciones en 1945 y tres años más tarde, es
decir en 1948, se diseña en Londres un esquema unitario
del Continente. Pese a la presión de Estados Unidos, Italia
no lo suscribe, porque estaba inspirado en la hostilidad hacia
Alemania y De Gasperi había dicho que "si no conseguimos
crear una estructura con los alemanes, no sé de qué
color será su camisa dentro de diez años, pero sin
duda no tendrá un color democrático".
El primer paso serio para lograr la unidad de Europa
fue la creación de la Comunidad Europea para el Carbón
y el Acero (CECA), la cual estableció el 10 de febrero
de 1953 el Mercado Común para el carbón, y el 10
de mayo de 1953 el Mercado Común para el acero. Carbón
y acero constituían elementos esenciales de la vida industrial
e, incluso, militar de la época. Recuérdese, sin ir más
lejos, el protagonismo del cañón 'Berta' en la guerra
franco-prusiana. El primer presidente que tuvo la CECA, fue el
francés Jean Monnet. Los países que integraron esta
Comunidad fueron seis: Alemania, Francia, Italia y el Benelux,
es decir Holanda, Bélgica y Luxemburgo. En el fondo, dejando
aparte cuestiones económicas, de lo que se trataba era
de conseguir una unión, del tipo que fuese, entre Alemania
y Francia. Lo que no era fácil, pues la guerra estaba muy
reciente con toda su secuela de odios y resentimientos. El propio
Monnet había escrito que "los seis Estados que son
partes en el convenio declaran su propósito de superar
las rivalidades seculares mediante una unificación de sus
intereses primordiales, constituyendo una comunidad económica
que sirva de fundamento para una comunidad más amplia y
más profunda entre los pueblos que durante tanto tiempo
estuvieron divididos por luchas sangrientas, y establecer los
elementos institucionales que desde ahora puedan fijar el camino
del destino común". Tanto se había insistido
en la idea de nacionalidad, que costó tiempo y trabajo
en que fuera aceptada la idea de supranacionalidad. Era la primera
vez que un Gobierno ejercitaba un poder resultante de la cesión
por parte de seis países de sus derechos de soberanía.
Hoy, medio siglo después, cuando se valora lo que ha significado
la Unión Europea, forzoso es reconocer que, pese a todas
las dificultades, ha constituido un éxito. La posibilidad
de una guerra en Europa parece algo de ciencia ficción.
Ya no hay fronteras. Existe una moneda única, pese a todas
las dificultades. Las ventajas económicas son evidentes.
De seis se ha pasado a 27 miembros. Se han integrado los países
que pertenecieron a la órbita soviética. Turquía
lucha por entrar. Pese a estos éxitos, también se
pueden anotar algunos fracasos. Por ejemplo, se ha pretendido
una Constitución para Europa. Dos países, Francia
y Holanda, la han rechazado. Y, al menos de momento, no se sabe
lo que se puede hacer. Hoy se puede hablar de una parálisis
de la Unión Europea. Además, las discrepancias,
entre los grandes, son enormes. Francia se muestra partidaria
del dirigismo y la centralización. Alemania prefiere una
libre competencia con inclusión de una atención
social, lo que el Reino Unido deja a la iniciativa privada. La
Constitución europea supuso un esfuerzo importante para
reforzar la unión política del continente. Pero,
de momento, se encuentra estancada.
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