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El presidente de EEUU, George Bush, ha empezado
a demostrar cierto interés por la suerte del deprimido
sector automovilístico de su país. Quizá
el futuro del nuevo negocio familiar, aparentemente relacionado
con la fabricación y distribución de etanol, tenga
que ver.
Durante los seis años anteriores, los principales
responsables de General Motors, Ford y Daimler Chrysler han intentado
varias veces mantener reuniones con el actual inquilino de la
Casa Blanca sin demasiado éxito. En el fondo del desencuentro,
un espinoso tema sin resolver, la elevada factura correspondiente
a los pagos de pensiones y las coberturas sanitarias que estas
compañías realizan y que definen como un lastre
para su competitividad que ha permitido a las empresas niponas,
como la ya todopoderosa Toyota, reinar en el sector.
Ahora, sin embargo, la relación parece más
fluida. Aunque según las declaraciones oficiales, la Casa
Blanca sigue sin querer hablar de pensiones o coberturas sanitarias.
Lo que el entorno de Washington pretende es que las grandes de
Detroit suscriban la apuesta presidencial por el etanol. Posiblemente
a cambio de algo.
Cortina de humo. Los bloggers más
opuestos a Bush calificaron de cortina de humo la reunión
que mantuvo ayer el presidente con los consejeros delegados de
General Motors, Ford y Chrysler. La segunda en los últimos
cuatro meses. Aparentemente, los responsables de estas compañías
se disponen ahora a apoyar el plan presidencial que fija para
dentro de cinco años, el momento en que la mitad de los
vehículos que circulen por EEUU puedan utilizar como combustible
una mezcla en la que el etanol suponga el 85% y la gasolina sólo
el 15%. Algo en lo que, al menos en teoría, parecen estar
de acuerdo las tres grandes. Con un pequeño matiz.
Demasiado caras. Consideran que aún
no hay demanda para este tipo de vehículos y que las inversiones
necesarias para desarrollarlas son demasiado costosas para que
el riesgo lo corran en solitario unas compañías
privadas que necesitan desesperadamente mejorar sus resultados
empresariales. La tonalidad latente de esa melodía no se
aparta de lo habitual. Una petición de apoyo financiero
estatal para hacer posible la tarea. Subvenciones que quizá
puedan paliar otros problemas de los que aparentemente no se habla
en estos encuentros.
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