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El Fondo Monetario Internacional
(FMI) visitó la semana pasada Nicaragua para revisar
el Programa Económico trianual de Daniel Ortega. Los
nicaragüenses están preocupados porque uno de los
acuerdos a los que llegaron era aprobar la Ley para la distribución
y uso responsable del servicio eléctrico, cuyas condenas
están en el nuevo Código Penal que Ortega se niega
a publicar.
La excusa del presidente sandinista
es que el Parlamento le ha enviado la ley con sustanciales cambios
a lo que en realidad se aprobó. Los legisladores temen
que pasen los sesenta días de plazo, y el nuevo Código
Penal quede sin vigencia, y por lo tanto no se condenarían
a los que roban energía, uno de los problemas que más
afecta al sector energético.
Nicaragua se comprometió
con el FMI a combatir ese delito estableciendo en el proyecto
castigos administrativos y penales, que irían desde multas
de 1.000 días de salario hasta cárcel por cinco
años.
José Pallais, presidente
de la Comisión de Justicia y Asuntos Jurídicos,
aseguró que de no publicarse el Código Penal no
existirían condenas y podrían arriesgarse a que
el FMI les suspenda la financiación.
Los empresarios del sector energético
también presionan para que se apruebe la ley de regulación
ya que es lo que crea el ambiente de confianza para que la inversión
llegue a un país. Con ese vacío legal, el país
centroamericano también se arriesga a que otros países
a los cuales han pedido financiación se nieguen a dársela.
Para los empresarios es necesario
que los grandes consumidores de electricidad paguen la energía
que consumen. También añaden que el Gobierno debe
buscar formas para solucionar el problema de los asentamientos,
donde gran cantidad de los ciudadanos roban energía.
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