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Se cumple ahora medio siglo de la constitución
de la Asamblea Parlamentaria Europea, origen del actual Parlamento
Europeo. Se trata de 785 parlamentarios, elegidos de entre 493
millones de habitantes de la Unión Europea. Las primeras
elecciones directas fueron en 1979. Antes, los parlamentarios
nacionales enviaban a sus delegados.
Desde aquella fecha, la participación ha caído en
casi un 20%. Como dato curioso, en el Reino Unido ha
aumentado del 32 al 39%. Su primer presidente fue Robert
Schuman, que nos recuerda aquella Europa destruida por la guerra
y que daba los primeros pasos para conseguir la reunificación.
Vienen a la memoria Adenauer y Alcide de Gasperi. Schuman nació
en Luxemburgo en 1886. Estudió Derecho en Munich, Bonn
y Estrasburgo. Fue ciudadano alemán y oficial de su Ejército,
hasta que en 1918 Francia recuperó Lorena, al terminar
la Primera Guerra Mundial. Colaboró con el gobierno de
Vichy.
Este hecho y el cambio de nacionalidad le hicieron objeto de múltiples
acusaciones. Ocupó las carteras de Finanzas y Exteriores
y en 1947 fue jefe de Gobierno. En aquel año Winston Churchill
pidió la formación de los Estados Unidos de Europa.
"Sólo así, dijo, centenares de millones de
seres humanos que trabajan conocerían de nuevo las verdaderas
satisfacciones y esperanzas que hacen que la vida sea digna de
ser vivida. El primer paso para la formación de la gran
familia europea deberían darlo Alemania y Francia. Quizá
incluso el tiempo apremie. Actualmente tenemos un respiro: los
cañones callan. La lucha cesó, pero no el peligro.
Si llegamos a conseguir los Estados Unidos de Europa -o como quiera
que se denomine-, esto sería el comienzo. Lo primero sería
la formación de una Asamblea europea".
Vendría
la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, el Mercado
Común con tan sólo seis países, Alemania,
Francia, Italia y el Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo),
la libre circulación de trabajadores... y tantas otras
cosas se han sucedido a lo largo de estos años, con sus
problemas, sus dificultades y a veces, sus retrocesos.
Al recordar ahora los 50 años del actual Parlamento Europeo,
nos viene a la mente cuáles pueden ser los motivos de esta
escasa participación de los europeos en el sufragio directo
para nombrar a sus representantes. Se ha pensado también
en una Constitución Europea. Pero ésta fue acogida
con poco interés. Francia y Holanda la rechazaron. En el
fondo, lo que sucede es que los países de la vieja Europa
tienen todos ellos una personalidad muy fuerte, unas características
acuñadas a lo largo de la Historia, plagadas de uniones,
guerras y desuniones.
Hasta ahora ha sido, más o menos fácil, logran una
unión económica, también con todas las dificultades
que ello entraña. Pero ir más lejos resulta difícil
y complejo. Pero, en este momento de globalización, en
el que surgen economías emergentes, como las de China,
India o Corea, en la que aparecen como potencias países
con escasa presencia y poder hasta ahora en el transcurso de la
Historia, es el momento en que los países de Europa deben
comprender y deben aceptar, que cualquiera de ellos es demasiado
pequeño, demasiado débil, para competir en este
mundo en el que ya estamos sumergidos.
Se impone crear una mentalidad
europea, que subraye lo que tenemos de común y coloque,
en un segundo plano, todo lo que nos ha separado, y nos separa
todavía, en el transcurso de su historia. Todo ello, es
cierto, que exige tiempo, pero los acontecimientos se precipitan
demasiado raudos y no nos permiten detenernos. |