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Año X - Madrid, miércoles 19 de febrero de 2008
 
Reportaje
 
El déficit por cuenta corriente de Brasil pone de manifiesto la necesidad de la Reforma Fiscal
Los impuestos de Lula
Clara Alba

Brasil parece estar preparado para soportar el posible impacto de una recesión económica en EEUU. Sus previsiones de crecimiento son buenas (4,3%), y sus multinacionales se consolidan en el mercado de materias primas. Sin embargo, este panorama podría cambiar de repente si Lula no consigue sacar adelante su proyecto de Reforma Fiscal.

La balanza comercial brasileña de los últimos doce meses asciende a 36.500 millones de dólares (23.155 millones de euros), la más brillante de las principales economías latinoamericanas. Sin embargo, la cifra no es suficiente para colocar la balanza por cuenta corriente en positivo, con un déficit de 1.200 millones de dólares (761 millones de euros).

Las previsiones no son nada halagüeñas para los próximos meses, ya que, según el Banco Central de Brasil, los operadores del mercado estiman que el país cerrará el año con una cuenta corriente negativa de unos 9.000 millones de dólares ( 5.709 millones de euros). El último déficit en las cuentas externas brasileñas se produjo en 2002, con 7.600 millones de dólares (4.821 millones de euros).

Real VS Dólar. Esas previsiones encendieron la luz de alarma del Gobierno de Lula da Silva, que la pasada semana lanzó medidas, con ayudas a exportadores y un impuesto de 1,5% a aplicaciones de extranjeros en renta fija y bonos del Tesoro, destinadas a mejorar las cuentas externas y reducir la entrada de capital de corto plazo en divisas. En los últimos doce meses, el real brasileño se ha apreciado un 25% respecto al dólar, lo que ha perjudicado en gran medida a los exportadores.

Los empresarios lo tienen claro, y denuncian que lo que está agravando la apreciación del cambio es la enorme diferencia que existe entre la tasa de interés interna y externa, que atrae masivos flujos de dinero.

Aunque el Gobierno grave las inversiones extranjeras o permita que los exportadores mantengan el dinero obtenido fuera del país, éste seguirá entrando porque todos quieren beneficiarse de los tipos de referencia en Brasil, que se encuentran en el 11,25%.

El presidente de Brasil también ha propuesto la creación de un frente común entre los países emergentes con gran acumulación de reservas internacionales, para frenar la revalorización de sus monedas.

Reservas. Según los datos del Banco Central, las reservas internacionales brasileñas se ubicaron el pasado martes en 193.244 millones de dólares (122.592 millones de euros), unos 12.000 millones de dólares (7.200 millones de euros) por encima de la cifra del 2 de enero pasado.

Brasil ha aprovechado el enorme flujo de capitales externos para engordar esta cuenta, lo que ha ayudado la subida del real en su cruce con el dólar.

Ante esta situación, la Reforma Fiscal parece inevitable en el país. Sin embargo, las elecciones del próximo mes de octubre y el escaso apoyo del Congreso al texto ponen en peligro su aprobación antes de que finalice el año, tal y como se esperaba inicialmente.

Sin prisa. Líderes de la oposición ya han indicado que no tienen ninguna prisa por discutir el proyecto de ley. Y es que primero quieren limitar los poderes del presidente en la emisión de decretos, una demanda que es poco probable que Lula acepte.

Una de las quejas a la reforma que más se escucha entre los empresarios líderes del país, es que no habla de disminuir la abultada carga tributaria de más del 34% del PIB a la que tienen que hacer frente las grandes compañías del país, una de las más altas entre los mercados emergentes.

El proyecto de ley enviado por Lula al Congreso Nacional el pasado 28 de febrero propone simplificar un complejo sistema fiscal con la unificación de cuatro diferentes tributos federales en un solo Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA), cargado sobre bienes y servicios. La propuesta limita la autoridad de los gobernadores para atraer inversores con incentivos fiscales.

El ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, aseguró en su momento que la reforma debería contribuir a la expansión de la economía y al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en un 10% de media. Sin embargo, los opositores al proyecto están sumando fuerzas y no parece claro que las negociaciones con el Gobierno vayan a comenzar en el corto plazo.

 
 

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