La crisis en que se encuentra sumida la economía estadounidense,
la mayor del mundo, no está siendo ajena a la campaña
electoral. Aunque aún no se han concretado promesas,
los principales candidatos apuestan por una mayor regulación.
Una mayor regulación del sistema financiero, con más
intervencionismo del Gobierno, parece ser la principal conclusión
a la que han llegado los candidatos presidenciales para intentar
salvar la crisis. La candidata Hillary Clinton ha hecho un llamamiento
“a estar alerta, a hacer todo lo que esté a nuestro
alcance para mantener la confianza en nuestro sistema financiero”.
Barack Obama ha invocado a “un espíritu de innovación
para surgir más fuertes y más prósperos
de lo que lo éramos antes”.
McCain, el candidato republicano, también podría
apoyar un mayor intervencionismo, pese a haber sido un defensor
del libre mercado. Los asesores de McCain intentan desmarcarse
de la posición de Bush para afrontar la crisis, ya que
el presidente ha sido tachado de tener poco liderazgo.
Bush. La prensa estadounidense es cada vez
más crítica con la manera de Bush de afrontar
la crisis, y se empieza a sospechar que comienza desentenderse
de un problema que deberá asumir su sucesor en la presidencia.
Aunque Bush ha dicho que se presentará un plan de medidas
para solucionar la crisis, éstas aún no se han
concretado.
Según informó la Casa Blanca, el presidente de
los EEUU, George Bush, se reunió el psadp lunes con altos
cargos económicos del Gobierno para intentar poner fin
a la crisis crediticia. El presidente, tras un encuentro con
los miembros del Grupo de Trabajo Presidencial sobre los Mercados
Financieros, ha admitido que “atravesamos tiempos difíciles.
No obstante, otra cosa también es segura, y es que hemos
adoptado acciones fuertes y decisivas”.
Bear Stearns. Algo en lo que también han coincidido los
candidatos es en aplaudir la actuación de la Fed de este
fin de semana, con el recorte del tipo de descuento. Dos días
después, los hombre de Bernanke redujeron los tipos de
referencia en 75 puntos básicos. Sin embargo la crisis
parece agudizarse y las posible medidas que pueda tomar la Fed
empiezan a reducirse.
Estas noticias se conocieron en una semana que comenzó
con la noticia de que JP Morgan ha llegado a un acuerdo con
Bear Stearns para adquirir la firma financiera por un precio
de 236 millones de dólares, o dos dólares por
acción, un 93% por debajo del precio de cierre de las
acciones de Bear Stearns el pasado viernes.
La compra no se realizará en efectivo, sino en acciones,
por lo que cada accionista de Bear Stearns recibirá 0,05473
acciones comunes de JP Morgan por cada uno de sus títulos.
El descuento tan elevado en la compra de la entidad se produce
porque JP Morgan asumirá y garantizará todos los
compromisos y obligaciones contraídos por Bear Stearns.
Esta compra pone fin a 85 años de independencia de la
quinta mayor entidad de inversión de Wall Street. El
deterioro de Bear Stearns era más que palpable después
de que el viernes 14 la Fed de Nueva York reclutase a JP Morgan
para que ayudase a asegurar liquidez de la entidad durante al
menos 28 días. El deterioro es tal, que dentro del precio
de la adquisición se incluye la venta de la sede de Bear
Stearns en Manhattan, que esta valorada en 1.200 millones de
dólares, casi cuatro veces más que el precio acordado
para toda la entidad.
La Reserva Federal. La Fed también apoya
la adquisición de JP Morgan, ya que se ha comprometido
a otorgarle financiación para los activos menos líquidos
de Bear Stearns hasta un máximo de 30.000 millones de
dólares. La posibilidad de una bancarrota ha llevado
al consejero delegado de la entidad, Alan Schwartz, a verse
forzado a aceptar el acuerdo sólo cinco días después
de asegurar a los inversores que las reservas de liquidez de
Bear Stearns eran suficientes para hacer frente a las pérdidas
derivadas de la crisis crediticia.
No obstante la compra está aun sujeta a la aprobación
de los consejos de administración, y no podría
hacerse efectiva antes de 90 días. Es probable además
que se abran litigios judiciales, según comunicó
un accionista de Bear Stearns al director ejecutivo de JP Morgan
minutos después de la compra. Joseph Lewis, segundo mayor
accionista de Bear Stearns, ha calificado de irrisoria la oferta
y ha amenazado con ir a los tribunales. La oferta de 236 millones
valora Bear Stearns en una cuarta parte de lo que consideran
los expertos.
Los accionistas de Bear Stearns podrían ser los mayores
perjudicados por la operación. El accionista mayoritario
es actualmente James Barrow, uno de los propietarios de la firma
Barrow, Hanley, Mewhinney & Strauss, con un 9,9%.
El segundo mayor accionista es Joseph Lewis, que desde septiembre
ha gastado mil millones en acciones. Ahora su participación
está valorada en 22 millones.
James Cayne, antiguo consejero delegado de Bear Stearns y aún
presidente no ejecutivo, es otro de los perjudicados. Su participación
estuvo valorada en mil millones de dólares el pasado
año, cuando Bear Stearns alcanzó en Bolsa un precio
de 170 dólares por acción. Según los términos
actuales de la adquisición, su participación vale
ahora 12 millones de dólares.
La noticia se produjo además casi al mismo tiempo en
que la Reserva Federal anunciaba que ha reducido en 25 puntos
básicos, hasta el 3,25%, la tasa de descuento con la
que presta directamente a los bancos. Además, el organismo
de política monetaria ha autorizado crear una nueva línea
de financiación para mejorar el acceso de las entidades
a las subastas de liquidez en el mercado.
Esta situación podría empeorar. Los bancos y las
firmas financieras de inversión podrían registrar
caídas en Bolsa de hasta la mitad de su precio, según
han anunciado los analistas de Oppenheimer. Según esta
casa de análisis, la compra de JP Morgan a Bear Stearns
podría provocar una “reevaluación negativa”
en los precios de las acciones financieras. Meredith Withney,
analista de Oppenheimer, ya predijo, con éxito, que Citigroup
podría verse obligado a reducir su dividendo para escapar
de la crisis.
Resultados trimestrales. Los resultados trimestrales
tampoco alejan los temores, a pesar de haber sido mejores de
lo previsto. Según ha anunciado Goldman Sachs, el beneficio
de la entidad en el primer trimestre del año se redujo
en un 53%, hasta alcanzar una cifra de 1.510 millones de dólares,
o 3,23 dólares por acción. Los analistas esperaban
una caída aún mayor en el beneficio hasta sólo
2,59 dólares por acción.
Lehman Brothers ha anunciado que en el primer trimestre del
año su beneficio se redujo en un 57%, menos de lo previsto
por el mercado, hasta situarse en 489 millones de dólares,
o 81 centavos de dólar por acción. Los analistas
esperaban que el beneficio de Lehman Brothers se redujese en
un 60%, por lo que los resultados hechos públicos hoy
alejan por el momento las sospechas cernidas sobre la entidad.
Durante las últimos días, los rumores apuntaban
a Lehman como una de las entidades más afectadas por
la crisis de las hipotecas subprime después de los problemas
de Bear Stearns.
Morgan Stanley ha anunciado que en el primer trimestre del año
su beneficio se redujo en un 42% hasta situarse en una cifra
de 1.550 millones de dólares, o 1,45 dólares por
acción. Es la primera vez en la historia de Morgan Stanley
que se reduce su beneficio. Las acciones de Morgan Stanley reaccionaban
a este anuncio con una subida del 6% en los primeros compases
de negociación, después de que en la jornada de
ayer registrasen su mayor subida en una década.
Pese a que estos resultados fueron en los tres casos mejores
de lo previsto, la incertidumbre continúa. Especiales
dudas han ssucitado las cuentas de Lehman Brothers. Según
recoge The Washington Post, gran parte de la dudas sobre las
cuentas del banco se refieren a la cantidad de activos que Lehman
mantiene en balance. Lehman Brothers anunció amortizaciones
por 1.800 millones de dólares, pero, según se
desprenden de sus cuentas, mantiene aún 68.000 millones
en balance en activos de este tipo.
Los analistas consideran que Lehman podría haber sido
demasiado optimista respecto al valor real de estos activos,
por lo que los beneficios podrían ser menores. A la incertidumbre
sobre Lehman se han sumado también los expertos de Sanfor
C. Bernstein. Brad Hintz, analista de esta firma, ha calculado
que Lehman tendrá que presentar mayores amortizaciones
para hacer frente a la crisis subprime.