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Las maras, pandillas o clicas, como son conocidas las bandas
de delincuentes juveniles organizadas, han tomado las principales
provincias de Panamá. De acuerdo a Gilberto Toro, del
programa de rescate de pandilleros del Ministerio de Desarrollo
Social, 97 de estos grupos están vinculados al narcotráfico
y a crímenes por encargo.
El Banco Centroamericano de Desarrollo Económico y las Naciones Unidas presentó a finales de enero en Guatemala un estudio en el que coincidía en que las maras se han convertido en la mano de obra para el narcotráfico en Centroamérica. De acuerdo a Toro, en la actualidad las maras en Panamá conforman unos 1.600 jóvenes entre las edades de 15 a 13 años. En la provincia de Colón, a 70 kilómetros al noroeste de capital, hay 16 pandillas y en Chiriquí, fronteriza con Cosa Rica, otras 11, aunque advierten que "pueden existir más porque existen áreas donde no se han realizado estudios.
Entre los grupos que operan en estos lugares se encuentran: Vietnam 23, Patrulla del Terror, Blue Demond, Kilimanjaros, Rugrats, Chicanos, Toca y Muere, Cofos,Sicilianos, Hijos del Banano, Los Perros, Sopranos, Los Niños Capos, Nueva Ola, Chacales y Los Wereber.
Por años, los países de Centroamérica más afectados por este problema han sido El Salvador, Guatemala y Honduras, seguidos de Nicaragua y Costa Rica; hoy Panamá se enfrenta a la misma situación con más fuerza. Panamá empezó a tener los primeros grupos delincuenciales a finales de la década de los ochenta y se fueron incrementando tras la eliminación del ejército en 1990, integrando a menudo delincuentes deportados de Estados Unidos. Ahora la situación se agrava en un momento en que Panamá se encuentra en un crecimiento económico debido a la ampliación del Canal de Panamá.
Las maras más peligrosas que operan en Centroamérica son la Mara Salvatrucha o MS y la 18. Desde hace algunos años están organizadas por jerarquías. El rango más alto son los jefes internacionales seguidos de la organización internacional/transnacional (quienes conectan sus operaciones con el tráfico de armas, drogas e indocumentados), hasta pasar por los mandos terceros que manejan las estrategias y provee de apoyo administrativo de arriba hacia abajo, y por último están las pandillas callejeras, quienes hacen el "trabajo sucio" de extorsión a los empresarios, asaltos, robos, venta de drogas y homicidios.
Este fenómeno ahuyenta las inversiones internacionales y por ende el crecimiento de los países. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) indica que de reducirse la violencia en Centroamérica al menos a alcanzar el promedio del resto del mundo, el Producto Interno Bruto (PIB) sería hasta un 25% más alto.
Los Gobiernos de la región han lanzado planes para frenar la delincuencia sin logran ningún fruto hasta el momento. En el caso de El Salvador y Guatemala han puesto el Plan Mano Dura, represión policial y endurecimiento de las penas, y en Honduras está Cero delincuencia.
Uno de los factores que incide para que no se logre ningún resultado es que la misma policía encargada de aplicar los operativos, son cómplices de las maras, a quienes les filtran la información y les encubren, algunos por miedo a represalias y otros por dinero.
Algunos rumores que circulaban en la región era que algunos empresarios financiaban a las pandillas para disminuir la competencia entre las industrias. Esta hipótesis se dio a partir de hace un par de años cuando las maras empezaron a pedir un impuesto ilegal a todos los negocios.
En Guatemala las maras surgieron en 1985, y dos años más tarde en El Salvador y Honduras por el retorno de enormes cantidades de emigrantes deportados por delincuencia desde México y EEUU. La tendencia parece ir en aumento, y es que en muchas colonias pobres están reclutando a los niños.
Las agencias federales de investigación de Estados Unidos denominan a las bandas como organizaciones criminales transnacionales que necesitan de soluciones integrales que combine la eficacia en la aplicación de la ley en la prevención del delito juvenil y que se les faciliten opciones y oportunidades a los jóvenes para salirse de las pandillas.
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