| Mientras
tres ministros de la Comisión Legislativa de la Cámara
de Diputados de Brasil exponían la posición del
país frente a la nacionalización de los hidrocarburos
anunciada el lunes por Evo Morales, el ex presidente brasileño
Fernando Henrique Cardoso mantenía otra reunión
con Mauricio Macri, líder del partido argentino de la oposición
Compromiso Para el Cambio (CPC) y diputado del PRO. El motivo
de la reunión fue el de buscar soluciones para reparar
e impulsar el malogrado Mercosur. Pese a esta intención,
ni Cardoso ni Macri descartaron que el conflicto pueda agravarse
aún más.
En la cita no se pasaron por alto
las gestiones que se realizan con Venezuela para apurar su incorporación
al Mercosur. Según ambos líderes, la inestabilidad
que provoca la presencia de Chávez derivaría en
la falta de inversión para la región que conforma
el bloque económico.
Al margen de este encuentro, los
tres ministros brasileños que mantenían la reunión
paralela (el de la Presidencia, Dilma Rousseff; el de Minas y
Energía, Silas Rondeau, y el de Relaciones Exteriores,
Celso Amorim) además del presidente de la petrolera Petrobras,
José Sergio Gabrielli, intentaban poner solución
a la polémica suscitada en el país por la retirada
de inversiones de Patrobras en Bolivia. Rousseff fue citada en
su condición de ex ministra de Minas y Energía debido
a que durante su gestión al frente de esa cartera comenzaron
las últimas negociaciones para aumentar las inversiones
de Petrobras en Bolivia.
Pese a que las acciones de la petrolera
brasileña son negociadas en las bolsas de valores de Sao
Paulo, Nueva York, Madrid y Buenos Aires, Petrobras está
controlada por el Estado brasileño y depende del Ministerio
de Minas y Energía.
El Gobierno de Lula da Silva ha
recibido duras críticas en el Congreso por no haber previsto
que la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia
dejaría a Petrobras en una posición tan comprometedora
y amenazaría el abastecimiento de gas natural en el país.
Brasil importa diariamente cerca de 26 millones de metros cúbicos
de gas natural, aproximadamente la mitad de su consumo.
Según algunos parlamentarios,
Lula confió en que su identidad ideológica y política
con Morales evitaría que Petrobras fuese tan perjudicada
por la nacionalización de los yacimientos en Bolivia, por
lo que la decisión boliviana puso en jaque su política
externa, cuya prioridad es la integración latinoamericana.
Los miembros de la Comisión quieren conocer el estado de
las negociaciones entre Brasil y Bolivia para definir el precio
del gas importado desde el país vecino, así como
las razones por las que el Gobierno no se anticipó con
medidas preventivas a la decisión boliviana.
Brasil, el mayor inversor extranjero
en el sector de hidrocarburos de Bolivia, fue el país más
perjudicado por la decisión del Gobierno boliviano de nacionalizar
los yacimientos de petróleo y gas, y de asumir el control
sobre las refinerías. Petrobras, la mayor empresa extranjera
en Bolivia, ha realizado inversiones cercanas a los 1.500 millones
de dólares (1.188 millones de euros) en el país
andino, en donde controla el 46% de las reservas de gas, el 95%
de la capacidad de refino y el 23% de la distribución de
combustibles.
Además, los portavoces de
Federación Industrial del Estado de Sao Paulo (Fiesp) han
comenzado a dudar de que Bolivia siga siendo un proveedor seguro
y estable de gas natural, por lo que proponen buscar nuevas alternativas
de abastecimiento.
El Estado de Sao Paulo, el más
industrializado y rico de Brasil con un tercio del PIB total del
país, es el principal cliente del gas boliviano. Según
los empresarios, 700 grandes industrias consumen 10 millones de
metros cúbicos de gas boliviano, que a su vez satisface
el 80% del mercado total de Sao Paulo. Una interrupción
de ese suministro, afirman, tendría mayor impacto sobre
las grandes empresas manufactureras que en los consumidores residenciales
o de gas natural para vehículos.
Además, los estados de Mato
Grosso y Mato Grosso do Sul dependen en un 100% del gas boliviano,
mientras que Río Grande do Sul lo hace en un 75%. Lo que
teme el sector empresarial brasileño es que Bolivia se
proponga alcanzar un considerable aumento en el precio del gas
vendido a Brasil, que hoy es de 3,25 dólares (2,58 euros)
por millón de BTU (unidad energética internacional).
Los empresarios, en el caso que
dejen de percibir el suministro boliviano, tendrán que
recurrir a otro tipo de combustible, como hidrocarburos residuales,
lo que puede elevar sus costes de producción. El mercado
brasileño consume hoy 44 millones de metros cúbicos
de gas, de los cuales 26 millones son suministrados por Bolivia.
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