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Año X - Madrid, viernes 9 de mayode 2008
 
Reportaje
 
Un nuevo libro en el mercado acerca la ciencia a la 'calle'
¡Viva la ciencia!
Alberto Miguel Arruti

Con el título de ¡Viva la Ciencia! se ha publicado, en fecha reciente, un libro que puede ser calificado como importante e interesante. Son dos sus autores. Un dibujante, auténticamente genial, que a sus casi noventa años sigue trabajando, Antonio Mingote, y un catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid, José Manuel Sánchez Ron.

Se trata de aproximar la ciencia a la calle. Se da la paradoja de que muchos consideran como inculto al que, por ejemplo, no sepa quién es Velázquez y, en cambio, no tengan la menor idea de quién es y qué ha hecho, Planck.

El libro está escrito al alcance de todos, aunque presenta problemas de una enorme complejidad. Probablemente, el capítulo más sugestivo es el titulado “¡Vivan las matemáticas!”. Se presenta el arduo problema de qué es la matemática, o las matemáticas. Hasta el célebre teorema de Gödel aparece como un ejemplo de “incertidumbre dentro de la certidumbre”. “Los resultados de Gödel producen una gran admiración por la creatividad de su autor, pero también una profunda sensación de desamparo.

Ya ni siquiera es posible encontrar seguridad en el único lugar donde creíamos que existía, en las matemáticas. Claro que tal vez ese mismo resultado se pueda interpretar como algo que humaniza a la matemática, que nos permite dejar abierta la puerta para justificar la incertidumbre y el compromiso ante la imposibilidad de encontrar una respuesta incontrovertible”.

En el capítulo quinto, que lleva por título “Ciencia y Futuro”, se intenta hacer una predicción sobre cómo evolucionará la ciencia en los próximos tiempos, sean años o siglos. Se recoge el pensamiento de Michelson, que recibió el premio Nobel de Física en 1907: “Las futuras verdades de la Física se deberán buscar en la sexta cifra de los decimales”. En cuanto a la Biología, se recuerda el caso de la tortuga Harriet. Parece ser que fue conocida, vista y tocada por el propio Darwin y que fue una de las tres tortugas, que el autor de “El origen de las especies” se llevó de las islas Galápagos, cuando estuvo allí, en 1835.

La trajo a Inglaterra, donde pasó un tiempo y fue trasladada después a Australia, donde falleció, el 23 de junio de 2006 en el estado de Queensland a la edad de 176 años. La muerte se debió a un repentino ataque al corazón.

La Biología molecular, que se encuentra hoy en un continuo desarrollo, puede prolongar la vida humana durante un tiempo difícil de predecir. La vida es un fenómeno peculiar, que se da, al menos, en un lugar del universo, la Tierra. Parece extraño que sólo se de en este planeta. Después de Pasteur sabemos que la vida sólo procede de la vida. Y por vivir entendemos la posibilidad de reproducirse y de metabolizar alimentos.

Precisamente, este siglo XXI, nos explicará la razón por la cual un número de átomos juntos sea solamente un ente físico o sea, además una realidad biológica. Hace doscientos años se pretendía hacer converger las Matemáticas y la Física con la Química. Hoy buscamos una convergencia con la Biología.

En multitud de ocasiones, lo que nos enseña la ciencia no son hechos “particularmente agradables, pero lo que nos da la ciencia es conocimiento, no necesariamente alegría y felicidad. De lo que no cabe duda es de que da dignidad”. Y así concluye el libro, con una invitación, o con un recuerdo, a la condición humana, con toda su problemática.

 
 

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