Con
el título de ¡Viva la Ciencia! se ha publicado,
en fecha reciente, un libro que puede ser calificado como importante
e interesante. Son dos sus autores. Un dibujante, auténticamente
genial, que a sus casi noventa años sigue trabajando,
Antonio Mingote, y un catedrático de Historia de la Ciencia
en la Universidad Autónoma de Madrid, José Manuel
Sánchez Ron.
Se trata de aproximar la ciencia
a la calle. Se da la paradoja de que muchos consideran como
inculto al que, por ejemplo, no sepa quién es Velázquez
y, en cambio, no tengan la menor idea de quién es y qué
ha hecho, Planck.
El libro está escrito
al alcance de todos, aunque presenta problemas de una enorme
complejidad. Probablemente, el capítulo más sugestivo
es el titulado “¡Vivan las matemáticas!”.
Se presenta el arduo problema de qué es la matemática,
o las matemáticas. Hasta el célebre teorema de
Gödel aparece como un ejemplo de “incertidumbre dentro
de la certidumbre”. “Los resultados de Gödel
producen una gran admiración por la creatividad de su
autor, pero también una profunda sensación de
desamparo.
Ya ni siquiera es posible encontrar
seguridad en el único lugar donde creíamos que
existía, en las matemáticas. Claro que tal vez
ese mismo resultado se pueda interpretar como algo que humaniza
a la matemática, que nos permite dejar abierta la puerta
para justificar la incertidumbre y el compromiso ante la imposibilidad
de encontrar una respuesta incontrovertible”.
En el capítulo quinto,
que lleva por título “Ciencia y Futuro”,
se intenta hacer una predicción sobre cómo evolucionará
la ciencia en los próximos tiempos, sean años
o siglos. Se recoge el pensamiento de Michelson, que recibió
el premio Nobel de Física en 1907: “Las futuras
verdades de la Física se deberán buscar en la
sexta cifra de los decimales”. En cuanto a la Biología,
se recuerda el caso de la tortuga Harriet. Parece ser que fue
conocida, vista y tocada por el propio Darwin y que fue una
de las tres tortugas, que el autor de “El origen de las
especies” se llevó de las islas Galápagos,
cuando estuvo allí, en 1835.
La trajo a Inglaterra, donde
pasó un tiempo y fue trasladada después a Australia,
donde falleció, el 23 de junio de 2006 en el estado de
Queensland a la edad de 176 años. La muerte se debió
a un repentino ataque al corazón.
La Biología molecular,
que se encuentra hoy en un continuo desarrollo, puede prolongar
la vida humana durante un tiempo difícil de predecir.
La vida es un fenómeno peculiar, que se da, al menos,
en un lugar del universo, la Tierra. Parece extraño que
sólo se de en este planeta. Después de Pasteur
sabemos que la vida sólo procede de la vida. Y por vivir
entendemos la posibilidad de reproducirse y de metabolizar alimentos.
Precisamente, este siglo XXI,
nos explicará la razón por la cual un número
de átomos juntos sea solamente un ente físico
o sea, además una realidad biológica. Hace doscientos
años se pretendía hacer converger las Matemáticas
y la Física con la Química. Hoy buscamos una convergencia
con la Biología.
En multitud de ocasiones,
lo que nos enseña la ciencia no son hechos “particularmente
agradables, pero lo que nos da la ciencia es conocimiento, no
necesariamente alegría y felicidad. De lo que no cabe
duda es de que da dignidad”. Y así concluye el
libro, con una invitación, o con un recuerdo, a la condición
humana, con toda su problemática.
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