| El grado de inversión otorgado por Standard & Poor's a Brasil ha desatado la euforia de los inversores internacionales, que esta semana han llevado al índice Bovespa a renovar máximo tras máximo, algo que ha llevado al presidente Lula da Silva a amenazar de nuevo con grabar la entrada de capitales financieros. No se fía de los especuladores.
El presidente brasileño, Luis Inácio
Lula da Silva, ha pedido prudencia ante las fuertes expectativas
despertadas en el país por la calificación de
la compañía al elevar la deuda a largo plazo de
Brasil de BB + a BBB, el primer nivel en la escala de grado
de inversión de la agencia, que sitúa al país
como un destino de inversión fiable en cuanto a cumplir
con su capacidad para hacerle frente a sus compromisos.
Análisis. Para
no excederse, Lula analizará con su gabinete la próxima
semana el impacto a corto, medio y largo plazo que tiene la
reclasificación de S&P y buscar las medidas para
evitar efectos contrarios. Una de las estrategias que se empieza
a manejar es el control del capital extranjero a través
de pedir un impuesto para evitar que se desborde la entrada
de las inversiones extranjeras.
No es para menos, y es que, a
pesar de la caída registrada hoy por el efecto negativo
de Wall Street, el Bovespa ha logrado acumular una subida del
2% desde que la pasada semana Brasil recibiera el grado de inversión,
con lo que el indicador acumula ya una subida cercana al 8%
en lo que va de año. Esta cifra bien podría "sacar
los colores" al gigante Dow Jones, que cede un 3% en 2008,
o al propio Eurostoxx 50, que sufre un 13% de pérdidas.
Esta fuerza del indicador carioca
se debe sobre todo al buen comportamiento que registró
en la sesión del pasado miércoles, superando por
primera vez en su historia los 70.000 puntos, con una subida
del 6,33%, la mayor ganancia diaria del Bovespa desde 2001.
A esto también ha contribuido
el último informe de Citigroup, en el que los expertos
aseguran que el índice Bovespa podría cerrar el
año por encima de los 74.000 puntos, un 10% más
que la previsión inicial de la firma estadounidense.
Mercado
internacional. Mientras tanto, Brasil no está
dispuesto a dejar pasar la oportunidad que está viviendo,
y a través del Tesoro brasileño ha reabierto las
emisiones de bonos a los mercados internacionales con vencimiento
en 2017, por un monto de 500 millones de dólares (323
millones de euros).
En primera instancia, los títulos
serán emitidos en los mercados estadounidense y europeo
a través de los bancos Deutsche Bank y HSBC, y posteriormente
se ofertarán al mercado asiático.
La última vez que el Tesoro
recurrió a los mercados internacionales de capital fue
en junio del 2007, cuando reabrió su bono 2028 denominado
en reales. El bono 2017, con un cupón del 6%, fue vendido
por última vez en abril del 2007 con un retorno del 5,88%.
Las autoridades estiman que la
emisión tendrá un gran éxito, y ya la comparan
con la que realizó el pasado noviembre de 2006, cuando
Brasil vendió 1.500 millones de dólares con una
rentabilidad del 6,5%, lo que representa un 1,9% más
que la rentabilidad obtenida por los bonos estadounidenses.
Dudas. Sin embargo,
en algunos sectores, el grado de inversión no ha sido
muy satisfactorio, en especial en los gremios productivos, quienes
le atribuyen el encarecimiento de la moneda local, un dólar
cuesta 1,64 reales (0,65 euros); y para comprar un real ya hacen
falta 1,94 (0,75 euros), lo que podría dañar seriamente
a la industria local.
Además, las exportaciones
a EEUU, el primer mercado mundial de los brasileños,
han sufrido bajas, mientras que las importaciones desde el resto
del mundo han crecido aceleradamente, más de 40% contra
13% de las ventas al exterior, según el diario O Estado
de Sao Paulo.
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