| Señores,
no va a más. Terminen sus apuestas, porque la suerte está
echada. La campaña electoral nicaragüense se cerró
este miércoles, y ya lo hecho, hecho está. El domingo
5 sabremos por fin quién es el nuevo presidente de la república
o, por el contrario, tendremos que esperar más tiempo al
desenlace final. Si pocas certezas hay llegados a este punto del
partido, aún existen menos sobre la posibilidad de un segundo
round.
Aunque la ética y la moral política consideran
que no todo es válido en una campaña electoral,
esta premisa es poco cumplida en la mayoría de las mismas.
Y ésta no es ha sido una excepción. Cada candidato
intentó utilizar sus armas más poderosas para arrancar
los últimos votos, en unas elecciones muy peculiares.
A los tradicionales bloques oponentes, el Frente Sandinista de
Liberación Nacional (FSLN) y el Partido Liberal Constituyente
(PLC) le han salido sendos competidores. Y lo más doloroso
para estos partidos es que han sido propios exmiembros quienes
han creado el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y la derechista
Alianza Liberal Nicaragüense (ALN).
De todas maneras, ha nadie se le escapa que el candidato preferido
durante todo el período electoral ha sido el sandinista
Daniel Ortega, que hasta en los últimos sondeos, incluso
los más pesimistas, le conceden como mínimo un 30%
en intención de voto.
Perfil de los candidatos: para gustos, colores. Ortega,
que ya fue presidente del gobierno del gobierno desde el derrocamiento
del dictador Somoza en 1979 hasta que fue derrocado en las urnas
en 1990 por la liberal Violeta Chamorro, protagonizó uno
de los episodios más relevantes de la historia de Nicaragua
durante la lucha contra la contra financiada por EEUU, y que se
cobró 30.000 muertos.
Y es que el sandinista tiene fans y detractores por igual. Algunos
ven en él un eslabón más para continuar la
cadena de líderes populistas que están proliferando
en América Latina desde hace algunos años. Otros,
sobre todo EEUU, lo han demonizado desde el comienzo de su candidatura,
y han advertido de las violentas consecuencias que su victoria
podría tener, no sólo sobre los nicaragüenses,
sino sobre sus propios conciudadanos. Varios congresistas republicanos
han elevado propuestas para que, en el caso de que gane Ortega,
las remesas que los inmigrantes nicaragüenses envían
desde su país sean bloqueadas. Y eso que estos envíos
monetarios conforman una parte vital de la economía nicaragüense,
una de las más pobres del continente.
Su máximo contrincante, Alejandro Montealegre, parece
el rival más duro de roer. Escindido del PLC donde militó
durante mucho tiempo, este ex banquero parece la opción
derechista más viable. Aunque las encuestas lo sitúan
con cierta distancia de Ortega, Montealegre guarda en la manga
un as: la posibilidad de ganar las elecciones en segunda vuelta,
algo que se sucedería el 17 de diciembre si Ortega no lo
hace este domingo.
Y es que, aunque la diferencia entre Ortega y Montealegre es
notable, la constitución nicaragüense recoge que el
presidente de la república deberá ser elegido con
el 40% total de los votos, o bien con un 35% pero con una diferencia
de un 5% sobre su segundo.
“Ortega es un peligro para Nicaragua” ha comentado
el candidato conservador durante su campaña que, por cierto,
estuvo repleta de alegorías a la guerra de los 80, mostrando
en espacios publicitarios imágenes de la época donde
se veían militares sandinistas asesinando detenidos.
Estas referencias hacia la guerra civil también las utilizó
José Rizo, ex presidente del país y postulante por
el PLC. Esta es “la historia que no debe olvidarse”
afirmaba Rizo, que se encuentra en tercera posición en
las encuestas.
Edmund Jarquín, máximo líder de los renovadores
sandinistas se encontró de la noche a la mañana
en el cargo. Y es que era Herty Lewites, ex alcalde de Managua
y figura muy conocida, la mayor baza con la que contaba este partido
para dar la sorpresa. Pero el fallecimiento repentino de Lewites
hizo que un secundario, como era Jarquín, liderase la organización.
Con el lema de su campaña “Feo, pero honrado”
ha querido agrupar los votos de la izquierda descontenta por la
actuación del sandinismo tradicional, y de los indecisos
entre una y otra opción. Aunque con pocas posibilidades
de victoria, en Nicaragüa hay un factor sorpresa que influye
mucho en las elecciones. Y es que las cuatro veces que Ortega
se ha presentado como candidato presidencial, siempre ha sido
el preferido de los sondeos, pero no de las urnas. Y en esto confía
más de uno.
El quinto partido es la organización evangélica
Alternativa por el Cambio, quien nunca ha sobrepasado el 1% de
intención de voto con Edén Pastora como candidato.
Pobreza y corrupción, principales problemas que
azotan al país. En los discursos de todos los
candidatos pobreza, corrupción, desigualdad social, desempleo,
falta de inversión o crisis energética han sido
los principales temas de discusión, y cada cual ha aportado
su solución particular.
Mientras que los conservadores apuestas, aunque con matices entre
ellos, por el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos,
Centroamérica y República Dominicana, conocido como
el CAFTA-DR (por sus siglas en inglés), Ortega es el máximo
defensor de la Alternativa Bolivariana para la América
Latina y el Caribe (ALBA), y Jarquín ha optado por hacer
compatibles las dos opciones.
Ortega ha anunciado que si él llega al poder, Venezuela
financiará la creación de un banco de fomento para
la producción y que entregará fertilizantes y petróleo
barato al país. Montealegre por su parte ha basado su plan
de Gobierno en el acuerdo comercial con EEUU y en la inversión
privada extranjera para sacar al país de la pobreza y el
desempleo. Y Rizo ha propuesto reducir la pobreza otorgando financiación
a 150.000 pequeños y medianos empresarios a través
de un banco de fomento.
Así que al igual que existe diversidad ideológica
en las elecciones nicaragüenses, las opciones económicas
también son de lo más diverso.
Máxima seguridad para prevenir máxima tensión.
El ejército de la nación tiene desplegado desde
hace dos semanas más de 8.000 militares por todo el territorio
nacional, con la intención de garantizar la seguridad y
la normalidad de la ciudadanía durante la campaña
y el día de las elecciones.
Frente a posibibles manifestaciones violentas que se puedan registrar
en el país, se ha elaborado un plan de seguridad por el
cual se pondrán a disposición del Consejo Supremo
Electoral (CSE) medios navales, aéreos y terrestres.
De todas maneras representantes del CSE no han cesado en asegurar
que no tienen ningún temor a que se produzcan disturbio
durante o después de las elecciones. Además de los
8.350 soldados, el Ejército tiene movilizados 211 medios
terrestres, navales y aéreos, entre los que se incluyen
siete helicópteros MI-17 fabricados en la extinta URSS,
y cuatro aviones.
Si no hay voto en el exterior, el exterior irá
al voto. La Constitución nacional no contempla
la posibilidad del voto desde el exterior, lo que provocará
que el domingo miles de nicaragüenses emigrados a países
vecinos e incluso a EEUU regresarán a su países
de origen para ejercer su derecho al voto. Se calcula que sólo
en Costa Rica residen 56.000 nicaragüenses habilitados para
votar.
El próximo domingo Nicaragua elegirá su presidente,
su vicepresidente, a los 90 diputados a la Asamblea Nacional y
a 20 representantes ante el Parlamento Centroamericano.
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