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Año VII - Madrid, viernes 3 de noviembre de 2006
 
Reportaje
 
Dos derechas y dos izquierdas se disputan los votos de los nicaragüenses este domingo
 
Elecciones en Nicaragüa, incógnita hasta el último momento

Ángela Rodríguez

 

Señores, no va a más. Terminen sus apuestas, porque la suerte está echada. La campaña electoral nicaragüense se cerró este miércoles, y ya lo hecho, hecho está. El domingo 5 sabremos por fin quién es el nuevo presidente de la república o, por el contrario, tendremos que esperar más tiempo al desenlace final. Si pocas certezas hay llegados a este punto del partido, aún existen menos sobre la posibilidad de un segundo round.

Aunque la ética y la moral política consideran que no todo es válido en una campaña electoral, esta premisa es poco cumplida en la mayoría de las mismas. Y ésta no es ha sido una excepción. Cada candidato intentó utilizar sus armas más poderosas para arrancar los últimos votos, en unas elecciones muy peculiares.

A los tradicionales bloques oponentes, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y el Partido Liberal Constituyente (PLC) le han salido sendos competidores. Y lo más doloroso para estos partidos es que han sido propios exmiembros quienes han creado el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y la derechista Alianza Liberal Nicaragüense (ALN).

De todas maneras, ha nadie se le escapa que el candidato preferido durante todo el período electoral ha sido el sandinista Daniel Ortega, que hasta en los últimos sondeos, incluso los más pesimistas, le conceden como mínimo un 30% en intención de voto.

Perfil de los candidatos: para gustos, colores. Ortega, que ya fue presidente del gobierno del gobierno desde el derrocamiento del dictador Somoza en 1979 hasta que fue derrocado en las urnas en 1990 por la liberal Violeta Chamorro, protagonizó uno de los episodios más relevantes de la historia de Nicaragua durante la lucha contra la contra financiada por EEUU, y que se cobró 30.000 muertos.

Y es que el sandinista tiene fans y detractores por igual. Algunos ven en él un eslabón más para continuar la cadena de líderes populistas que están proliferando en América Latina desde hace algunos años. Otros, sobre todo EEUU, lo han demonizado desde el comienzo de su candidatura, y han advertido de las violentas consecuencias que su victoria podría tener, no sólo sobre los nicaragüenses, sino sobre sus propios conciudadanos. Varios congresistas republicanos han elevado propuestas para que, en el caso de que gane Ortega, las remesas que los inmigrantes nicaragüenses envían desde su país sean bloqueadas. Y eso que estos envíos monetarios conforman una parte vital de la economía nicaragüense, una de las más pobres del continente.

Su máximo contrincante, Alejandro Montealegre, parece el rival más duro de roer. Escindido del PLC donde militó durante mucho tiempo, este ex banquero parece la opción derechista más viable. Aunque las encuestas lo sitúan con cierta distancia de Ortega, Montealegre guarda en la manga un as: la posibilidad de ganar las elecciones en segunda vuelta, algo que se sucedería el 17 de diciembre si Ortega no lo hace este domingo.

Y es que, aunque la diferencia entre Ortega y Montealegre es notable, la constitución nicaragüense recoge que el presidente de la república deberá ser elegido con el 40% total de los votos, o bien con un 35% pero con una diferencia de un 5% sobre su segundo.

“Ortega es un peligro para Nicaragua” ha comentado el candidato conservador durante su campaña que, por cierto, estuvo repleta de alegorías a la guerra de los 80, mostrando en espacios publicitarios imágenes de la época donde se veían militares sandinistas asesinando detenidos.

Estas referencias hacia la guerra civil también las utilizó José Rizo, ex presidente del país y postulante por el PLC. Esta es “la historia que no debe olvidarse” afirmaba Rizo, que se encuentra en tercera posición en las encuestas.

Edmund Jarquín, máximo líder de los renovadores sandinistas se encontró de la noche a la mañana en el cargo. Y es que era Herty Lewites, ex alcalde de Managua y figura muy conocida, la mayor baza con la que contaba este partido para dar la sorpresa. Pero el fallecimiento repentino de Lewites hizo que un secundario, como era Jarquín, liderase la organización. Con el lema de su campaña “Feo, pero honrado” ha querido agrupar los votos de la izquierda descontenta por la actuación del sandinismo tradicional, y de los indecisos entre una y otra opción. Aunque con pocas posibilidades de victoria, en Nicaragüa hay un factor sorpresa que influye mucho en las elecciones. Y es que las cuatro veces que Ortega se ha presentado como candidato presidencial, siempre ha sido el preferido de los sondeos, pero no de las urnas. Y en esto confía más de uno.

El quinto partido es la organización evangélica Alternativa por el Cambio, quien nunca ha sobrepasado el 1% de intención de voto con Edén Pastora como candidato.

Pobreza y corrupción, principales problemas que azotan al país. En los discursos de todos los candidatos pobreza, corrupción, desigualdad social, desempleo, falta de inversión o crisis energética han sido los principales temas de discusión, y cada cual ha aportado su solución particular.

Mientras que los conservadores apuestas, aunque con matices entre ellos, por el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, conocido como el CAFTA-DR (por sus siglas en inglés), Ortega es el máximo defensor de la Alternativa Bolivariana para la América Latina y el Caribe (ALBA), y Jarquín ha optado por hacer compatibles las dos opciones.

Ortega ha anunciado que si él llega al poder, Venezuela financiará la creación de un banco de fomento para la producción y que entregará fertilizantes y petróleo barato al país. Montealegre por su parte ha basado su plan de Gobierno en el acuerdo comercial con EEUU y en la inversión privada extranjera para sacar al país de la pobreza y el desempleo. Y Rizo ha propuesto reducir la pobreza otorgando financiación a 150.000 pequeños y medianos empresarios a través de un banco de fomento.

Así que al igual que existe diversidad ideológica en las elecciones nicaragüenses, las opciones económicas también son de lo más diverso.

Máxima seguridad para prevenir máxima tensión. El ejército de la nación tiene desplegado desde hace dos semanas más de 8.000 militares por todo el territorio nacional, con la intención de garantizar la seguridad y la normalidad de la ciudadanía durante la campaña y el día de las elecciones.

Frente a posibibles manifestaciones violentas que se puedan registrar en el país, se ha elaborado un plan de seguridad por el cual se pondrán a disposición del Consejo Supremo Electoral (CSE) medios navales, aéreos y terrestres.

De todas maneras representantes del CSE no han cesado en asegurar que no tienen ningún temor a que se produzcan disturbio durante o después de las elecciones. Además de los 8.350 soldados, el Ejército tiene movilizados 211 medios terrestres, navales y aéreos, entre los que se incluyen siete helicópteros MI-17 fabricados en la extinta URSS, y cuatro aviones.

Si no hay voto en el exterior, el exterior irá al voto. La Constitución nacional no contempla la posibilidad del voto desde el exterior, lo que provocará que el domingo miles de nicaragüenses emigrados a países vecinos e incluso a EEUU regresarán a su países de origen para ejercer su derecho al voto. Se calcula que sólo en Costa Rica residen 56.000 nicaragüenses habilitados para votar.

El próximo domingo Nicaragua elegirá su presidente, su vicepresidente, a los 90 diputados a la Asamblea Nacional y a 20 representantes ante el Parlamento Centroamericano.

 
 

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