| Representantes
de la política exterior de EEUU y la UE han coincidido
en señalar la vulnerabilidad de esta última ante
Gazprom, dada la necesidad de la empresa rusa de renovar sus gasoductos
y el papel fundamental que juega en el suministro energético
europeo.
Javier Solana, alto representante
para la Política Exterior y de Seguridad Común de
la UE, puso el dedo en la llaga en el Club de Madrid al señalar
que la red de tuberías de Gazprom, de 30 años, está
al límite de su durabilidad. El alto funcionario europeo
incidió, entonces, en la vulnerabilidad de la UE ante Gazprom
y en la necesidad que tienen los países miembros de hacer
todo lo posible por lograr que Rusia se incorpore a los compromisos
multilaterales en materia energética como la Carta Energética,
a la que hizo referencia Solana.
Ahora, Matthew Bryza, funcionario
de Exteriores de EEUU para Europa y Eurasia, ha señalado
su preocupación por la situación del mercado de
gas europeo, a la que califica de “disfuncional” y
marcada por la “falta de competitividad”. Según
Bryza, la prueba más evidente de esta situación
es que mientras que el precio del gas en Asia central es de 78,6
euros, en Rumanía lo es de 224 euros. Una situación
que, según el funcionario estadounidense, preocupa también
a EEUU, ya que su “seguridad nacional” busca que el
conjunto de los mercados, como el energético, funcionen
eficientemente. Significativamente, las declaraciones de Bryza
también se han producido en el contexto de una conferencia
regional en Bucarest, en la que políticos de la UE presionaron
a Moscú para que que liberalice su mercado del gas. El
objetivo sería el de que los países de Asia Central
pudiesen negociar el precio del gas de manera directa con la UE,
sin la intermediación de Gazprom, que controla las rutas
de tránsito.
Gazprom. El monopolio
estatal ruso es responsable de una cuarta parte del suministro
de gas que recibe Europa, pero las previsiones señalan
que, en los próximos años, aumentará su porcentaje
hasta el 33%. Además, con sus proyectos de gasoductos sobre
el Báltico intenta evitar que Irán o los países
de Asia Central puedan convertirse en alternativas.
|