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Año VII - Madrid, viernes 3 de noviembre de 2006
 
Entrevista
 
Jaime Paz Zamora, ex presidente de Bolivia
 
“La Cumbre Iberoamericana está reflejando las contradicciones de América Latina”

Por Miguel Humanes. Montevideo (Uruguay).

 

El ex mandatario boliviano participó en el XII Foro Eurolatinoamericano de Comunicación, “Cambios electorales y deberes pendientes”, organizado en Montevideo por la Asociación de Periodistas Europeos (APE), la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y la Corporación Andina de Fomento (CAF) y habló con Americaeconomica.com de la utilidad o no de las actuales cumbre iberoamericanas, de la actualidad boliviana y de la reciente victoria electoral de Lula en Brasil.

- ¿Qué se puede espera de esta Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno? Lula no viene (ni otros seis presidentes de la región), Argentina y Uruguay tienen problemas por el asunto de las papeleras y en general las relaciones personales de los mandatarios no atraviesan su mejor momento…
- Yo lamento mucho que todo esto esté sucediendo por el pueblo uruguayo mismo, teniendo en cuenta que la Cumbre va a celebrarse aquí (Uruguay), en un país con tanta vocación latinoamericanista. Ahora, sin embargo es evidente que esta Cumbre está reflejando las contradicciones que se están dando en la región. Entre los aspectos positivos de la contradicción, se trata de un continente con muchas posibilidades, muy buenos precios para las materias primas (gas, petróleo, productos de la minería, etc.) y la probabilidad de que esos precios –sobre todo en hidrocarburos y minerales- se mantengan en los próximos 25 años. En la parte negativa aparecen unos presidentes que al parecer están enfocando toda esta situación óptima desde un punto de vista muy personalista, como queriendo cada uno a su manera, desde su rincón, sacarle provecho a esta coyuntura. Y yo creo que ahí tenemos que ser necesariamente no digo críticos, sino reflexivos como ciudadanos latinoamericanos y señalar que, más que nunca, hacen falta menos cumbres de este tipo, que son las cumbres tradicionales que pueden servir para trabajar sobre asuntos concretos, temas que preparan las cancillerías con tiempo, y se necesitan más cumbres ‘tete a tete’, encuentros en los que, sin tanta preparación de las cancillerías, los presidentes, que son los titulares de la soberanía de sus pueblos, puedan, con toda esa responsabilidad, juntarse cara a cara, yo diría en unas reuniones con menos publicidad y que sean una especie de catarsis interior para los propios presidentes. No estoy hablando de retiros espirituales, claro (aunque tampoco vendrían mal), pero crear espacios en los que los presidentes se conozcan y finalmente, al decirse las verdades frente a frente, puedan poco a poco generar un punto de vista homogéneo compartido sobre el continente y hacia dónde va éste.

- Es decir, como un consenso de mínimos.
- Sí, porque más ya tampoco se puede llegar, hay ideologías e intereses diferentes, pero una visión de conjunto sí se puede. Y sobre esa visión, por qué no se va a poder decir ya: este es un momento excepcional para todos nosotros, veamos qué objetivos tenemos, qué queremos y sobre esa base hagamos un programa de mínimos; es decir, cómo aprovechamos todos juntos esta excepcional situación económica en los próximos 25 años. Y de acuerdo a esos seis, siete o diez puntos, hacer una ruta crítica y trabajar conjuntamente para alcanzar los objetivos. Yo creo que cumbres de ese tipo, a calzón quitado, es lo que está haciendo falta y es lo que los pueblos, en mi opinión, están esperando. Yo creo que todos los presidentes están sintiendo eso, pero no lo dicen. Hay que trabajar en esa dirección. Todos los países vivimos en democracia, con problemas, pero finalmente en democracia. Nos hemos acostumbrado a resolver nuestros problemas de manera institucional, hemos aprendido que nuestras economías no pueden ser deficitarias, todos (pero no hay ni un país que no diga que no) estamos convencidos de que hay que hacer un esfuerzo extraordinario en los próximos 15-20 años en inversión social, educación y salud, todos decimos que hay que hacer infraestructuras (trenes de alta velocidad, carreteras, etc.), todos también decimos que debemos atraer inversiones… si todos decimos los mismo, bueno ya, dejémonos de historias y a por ello.

- Háblenos de Bolivia. El 60% de la población de su país rechaza la gestión de Evo Morales, hay problemas con Brasil, Argentina y Chile en materia energética… ¿cómo valora usted la actual situación boliviana?
- Esta es otra contradicción que siento yo en el fondo de mi alma. Como luchador democrático, como hombre de la generación de la democracia y ex presidente democrático de la República, he visto con gran esperanza (y todavía lo veo así) que nuestro país haya dado este gran salto en su democracia, un salto de inclusión política, que se hace patente con la elección del presidente Morales y su equipo en la administración pública y que el país lo haya admitido. A partir de eso podemos decir que en este último cuarto de siglo no hemos arado en el mar ni sembrado en el desierto, hemos producido un sistema democrático incluyente y la prueba es el Gobierno de Evo. Aún así, desde el año 2000 la democracia boliviana iba de tumbo en tumbo, con inestabilidad, fragilidad e incertidumbre. Por ello, mucha gente que no creía en Evo optó por él: “Si éste es el que más desordena, bueno a ver si está todo en sus manos y salimos de esa inestabilidad”. Y resulta que el Gobierno de Evo aún no lo ha logrado y sigue siendo un gobierno de conflictos de disgregación e inestabilidad, y es una tarea que le queda pendiente. Por otra parte y de la misma manera que la población boliviana lo recibió con entusiasmo y dijo: “Muy bien, adelante”, también lo hizo la comunidad internacional y lo que nos empezó a preocupar es que el Gobierno comenzó a funcionar y vemos que no hay una ruta crítica clara y el presidente Evo Morales tiene que resolver lo que llamo precisamente “el dilema Evo-Lula”, algo que Lula ya resolvió y Evo no. El dilema es el mismo: cuando Lula fue elegido la primera vez, hace cuatro años, tuvo que decidir dolorosamente, pero tuvo que hacerlo, si gobernaba para el país o gobernaba para el Partido de los Trabajadores (PT), y el hombre con claridad dijo: gobierno para el Brasil. No podía jugar ni experimentar con el Brasil.

- Y a Evo le falta eso todavía
- Pero lo interesante de todo esto es que habiéndola hecho Lula, ahora, el domingo pasado, no ha sido elegido por el PT, ha sido elegido por el país. Entonces nosotros necesitamos un Evo que resuelva este problema de manera adecuada, que gobierne para toda Bolivia, sobre este país de matriz indígena originaria vamos a construir una democracia moderna, en la que exista una verdadera unidad en la diversidad de todos sus componentes. Evo podía ser, desde un punto de vista cultural, un Mandela en los Andes, pero debería dejar atrás los pequeños esquemas esclerosados, ideológicos, tanto de un tipo o de otro, entonces si resuelve bien este dilema es muy probable que más adelante sea el pueblo boliviano el que lo esté apoyando y no sólo su partido. Esto lo estamos esperando todos, porque si esto se da, imagínese, habremos dado un gran paso hacia delante y no un paso perdido hacia atrás. Ahora bien, menos mal que en estas últimas semanas se han dado algunos indicios que parecen mostrar a un Evo que poco a poco se da cuenta que tiene que gobernar para Bolivia y no para estrechas ideologías de grupo. Por ejemplo el presidente ha sido capaz, y en buenos términos (y le felicito por eso), de arreglar con las transnacionales petroleras el tema de la producción de crudo. No podía hacerse ya más daño al país, después de más de un año con la industria petrolera paralizada. Y para negociar con las petroleras, cada parte ha tenido que ceder. Evo también ha hecho un negocio de gas con Argentina, al que se oponía el Gobierno boliviano inicialmente. Aunque se ha hecho a medias porque Bolivia le sigue vendiendo a la Argentina para que ésta haga el negocio que Bolivia debe hacer directamente con Chile, porque Argentina nos paga cinco dólares lo que luego vende a Chile por 7,50, pero bueno, son todavía los viejos fantasmas. Tiene que irse avanzando sobre este tema. Pero por otra parte también he visto que he visto que se ha producido un encuentro entre el presidente Evo y el cardenal boliviano para un poco pedirle disculpas en el sentido de lo que fue esa actitud agresiva del y declarar que la Iglesia era un apéndice del colonialismo que había quedado en América, o sea unas torpezas mayúsculas.

- ¿Y respecto al problema de la tierra?
- Ese es un tema muy importante. Todo el mundo estaba afilando sus cuchillos para ir a la guerra de la tierra. Se iba a revisar la ley de reforma agraria y todos los campesinos sin tierras y otras gentes de occidente, sobre todo, se iban a enfrentar con el oriente, que es donde están todas las tierras ricas, de la agricultura y la ganadería modernas, y efectivamente eso podía derivar en una absoluta disgregación nacional. Me doy cuenta que ha imperado el buen sentido y en el Parlamento Evo ha planteado un proyecto de ley para que la actual ley, que debería concluir el 18 de octubre, tenga siete años de validez más. Es decir, ha pateado el problema hacia delante mostrando una disposición de negociar y de resolverlo de buena manera. Todo estos son indicios que ojalá no sean golondrinas de un solo verano, sino que estén configurando una tendencia que vaya a resolver el dilema Evo-Lula algún día. Aunque también lo podíamos llamar el “dilema Evo-Tabaré”, porque Tabaré Vázquez aquí en el Uruguay viene de conformaciones izquierdistas muy radicales, pero también hizo lo mismo: decidió gobernar para el Uruguay.

-Presidente, cambiando de tema, ¿es una buena noticia la reelección de Lula?
- Así es. Es una enorme buena noticia. Esta vez, como he comentado antes, vamos a tener un Lula más seguro, porque es Brasil el que lo ha elegido ya, y por lo tanto más activo en una política de integración en el continente, que es lo que nos hace falta. El Brasil en Sudamérica limita con todos los países, salvo con Chile (el segundo país que limita casi con todos los países sudamericanos es Bolivia). En el caso brasilero, creo que la naturaleza, la historia, la geografía, la economía le dan a este país un rol de dinamizador de la integración sudamericana. Y la primera prioridad de la política exterior son los vecinos, los que viven y duermen con él. Y una mujer con la que uno duerme hay que tratarla bien, ¿verdad? Entonces yo creo que es una primera prioridad, pero además Brasil está colocado y convocado entre los seis, siete países emergentes del mundo y yo diría que tiene que ser enormemente agresivo más allá de las fronteras de nuestro continente y convertirse en una especie de locomotora para los demás países en la tarea fundamental de atraer inversiones a la región. Si estamos todos juntos con un gigante como Brasil buscando inversiones, le pueden venir a Brasil y nos puede llover bastante bien a los vecinos.

- Usted no cree en líderes políticos regionales (personas), sino en países que ejerzan ese liderazgo…
- Exactamente. Imagínese en el siglo XIX, cuando no existían las debidas comunicaciones, y por ello mismo en cada país de los nuestros había caudillos bárbaros. En el siglo XX, ya aparecieron lideratos continentales, tal vez por lo que había ocurrido en Europa con la primera y segunda guerras mundiales, algo que no se conocía hasta entonces, tanto liderato de personas como incluso de países. Y hoy día, en el siglo XXI, todo eso ya es caduco. Actualmente lo que puede haber son países que graviten de una manera mayor que otros, por su ubicación geográfica, por su población, riquezas o por sus políticas, como Chile. Creo que el siglo XXI se va a caracterizar por la gravitación geoeconómica, geopolítica, geoestratégica de los países como entidades y trascender los personalismos de personas y los individualismos de país, que en esta Cumbre se están notando también. Se están dejando sentir las dos cosas, los personalismos y los individualismos, que si va este yo no voy, y si no va el otro por qué voy a ir yo. Y eso no puede ser. Mi propuesta es que hay que ir hacia los procesos modulares de integración. Hemos sido muy lineales, muy historicistas en los procesos de integración, tal vez por el ejemplo europeo, que fue una integración unívoca, de círculos concéntricos, y fue así por las características específicas del Viejo Continente. Pero aquí en América pienso que debemos ir hacia una integración modular, módulos de integración, entre dos, tres países. Por ejemplo, acuerdos en el río de a Plata, el pacto amazónico, el pacto andino…, no los debemos ver como contradictorios. Incluso módulos como los que hace Chile, que tiene una pata aquí adentro y varias hacia fuera, hasta en China. Y todo eso que se podía ver como contradictorio en el siglo pasado, hoy ya no es así. Son dinámicas que pueden ayudar a un proceso de integración más rápido y mayor.

 

 
 

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