| El
ex mandatario boliviano participó en el XII Foro Eurolatinoamericano
de Comunicación, “Cambios electorales y deberes pendientes”,
organizado en Montevideo por la Asociación de Periodistas
Europeos (APE), la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano
(FNPI) y la Corporación Andina de Fomento (CAF) y habló
con Americaeconomica.com de la utilidad o no de las actuales cumbre
iberoamericanas, de la actualidad boliviana y de la reciente victoria
electoral de Lula en Brasil.
- ¿Qué se
puede espera de esta Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado
y de Gobierno? Lula no viene (ni otros seis presidentes de la
región), Argentina y Uruguay tienen problemas por el asunto
de las papeleras y en general las relaciones personales de los
mandatarios no atraviesan su mejor momento…
- Yo lamento mucho que todo esto esté sucediendo
por el pueblo uruguayo mismo, teniendo en cuenta que la Cumbre
va a celebrarse aquí (Uruguay), en un país con tanta
vocación latinoamericanista. Ahora, sin embargo es evidente
que esta Cumbre está reflejando las contradicciones que
se están dando en la región. Entre los aspectos
positivos de la contradicción, se trata de un continente
con muchas posibilidades, muy buenos precios para las materias
primas (gas, petróleo, productos de la minería,
etc.) y la probabilidad de que esos precios –sobre todo
en hidrocarburos y minerales- se mantengan en los próximos
25 años. En la parte negativa aparecen unos presidentes
que al parecer están enfocando toda esta situación
óptima desde un punto de vista muy personalista, como queriendo
cada uno a su manera, desde su rincón, sacarle provecho
a esta coyuntura. Y yo creo que ahí tenemos que ser necesariamente
no digo críticos, sino reflexivos como ciudadanos latinoamericanos
y señalar que, más que nunca, hacen falta menos
cumbres de este tipo, que son las cumbres tradicionales que pueden
servir para trabajar sobre asuntos concretos, temas que preparan
las cancillerías con tiempo, y se necesitan más
cumbres ‘tete a tete’, encuentros en los que, sin
tanta preparación de las cancillerías, los presidentes,
que son los titulares de la soberanía de sus pueblos, puedan,
con toda esa responsabilidad, juntarse cara a cara, yo diría
en unas reuniones con menos publicidad y que sean una especie
de catarsis interior para los propios presidentes. No estoy hablando
de retiros espirituales, claro (aunque tampoco vendrían
mal), pero crear espacios en los que los presidentes se conozcan
y finalmente, al decirse las verdades frente a frente, puedan
poco a poco generar un punto de vista homogéneo compartido
sobre el continente y hacia dónde va éste.
- Es decir, como un consenso
de mínimos.
- Sí, porque más ya tampoco se puede llegar,
hay ideologías e intereses diferentes, pero una visión
de conjunto sí se puede. Y sobre esa visión, por
qué no se va a poder decir ya: este es un momento excepcional
para todos nosotros, veamos qué objetivos tenemos, qué
queremos y sobre esa base hagamos un programa de mínimos;
es decir, cómo aprovechamos todos juntos esta excepcional
situación económica en los próximos 25 años.
Y de acuerdo a esos seis, siete o diez puntos, hacer una ruta
crítica y trabajar conjuntamente para alcanzar los objetivos.
Yo creo que cumbres de ese tipo, a calzón quitado, es lo
que está haciendo falta y es lo que los pueblos, en mi
opinión, están esperando. Yo creo que todos los
presidentes están sintiendo eso, pero no lo dicen. Hay
que trabajar en esa dirección. Todos los países
vivimos en democracia, con problemas, pero finalmente en democracia.
Nos hemos acostumbrado a resolver nuestros problemas de manera
institucional, hemos aprendido que nuestras economías no
pueden ser deficitarias, todos (pero no hay ni un país
que no diga que no) estamos convencidos de que hay que hacer un
esfuerzo extraordinario en los próximos 15-20 años
en inversión social, educación y salud, todos decimos
que hay que hacer infraestructuras (trenes de alta velocidad,
carreteras, etc.), todos también decimos que debemos atraer
inversiones… si todos decimos los mismo, bueno ya, dejémonos
de historias y a por ello.
- Háblenos de Bolivia.
El 60% de la población de su país rechaza la gestión
de Evo Morales, hay problemas con Brasil, Argentina y Chile en
materia energética… ¿cómo valora usted
la actual situación boliviana?
- Esta es otra contradicción que siento yo en el fondo
de mi alma. Como luchador democrático, como hombre de la
generación de la democracia y ex presidente democrático
de la República, he visto con gran esperanza (y todavía
lo veo así) que nuestro país haya dado este gran
salto en su democracia, un salto de inclusión política,
que se hace patente con la elección del presidente Morales
y su equipo en la administración pública y que el
país lo haya admitido. A partir de eso podemos decir que
en este último cuarto de siglo no hemos arado en el mar
ni sembrado en el desierto, hemos producido un sistema democrático
incluyente y la prueba es el Gobierno de Evo. Aún así,
desde el año 2000 la democracia boliviana iba de tumbo
en tumbo, con inestabilidad, fragilidad e incertidumbre. Por ello,
mucha gente que no creía en Evo optó por él:
“Si éste es el que más desordena, bueno a
ver si está todo en sus manos y salimos de esa inestabilidad”.
Y resulta que el Gobierno de Evo aún no lo ha logrado y
sigue siendo un gobierno de conflictos de disgregación
e inestabilidad, y es una tarea que le queda pendiente. Por otra
parte y de la misma manera que la población boliviana lo
recibió con entusiasmo y dijo: “Muy bien, adelante”,
también lo hizo la comunidad internacional y lo que nos
empezó a preocupar es que el Gobierno comenzó a
funcionar y vemos que no hay una ruta crítica clara y el
presidente Evo Morales tiene que resolver lo que llamo precisamente
“el dilema Evo-Lula”, algo que Lula ya resolvió
y Evo no. El dilema es el mismo: cuando Lula fue elegido la primera
vez, hace cuatro años, tuvo que decidir dolorosamente,
pero tuvo que hacerlo, si gobernaba para el país o gobernaba
para el Partido de los Trabajadores (PT), y el hombre con claridad
dijo: gobierno para el Brasil. No podía jugar ni experimentar
con el Brasil.
- Y a Evo le falta eso todavía
- Pero lo interesante de todo esto es que habiéndola hecho
Lula, ahora, el domingo pasado, no ha sido elegido por el PT,
ha sido elegido por el país. Entonces nosotros necesitamos
un Evo que resuelva este problema de manera adecuada, que gobierne
para toda Bolivia, sobre este país de matriz indígena
originaria vamos a construir una democracia moderna, en la que
exista una verdadera unidad en la diversidad de todos sus componentes.
Evo podía ser, desde un punto de vista cultural, un Mandela
en los Andes, pero debería dejar atrás los pequeños
esquemas esclerosados, ideológicos, tanto de un tipo o
de otro, entonces si resuelve bien este dilema es muy probable
que más adelante sea el pueblo boliviano el que lo esté
apoyando y no sólo su partido. Esto lo estamos esperando
todos, porque si esto se da, imagínese, habremos dado un
gran paso hacia delante y no un paso perdido hacia atrás.
Ahora bien, menos mal que en estas últimas semanas se han
dado algunos indicios que parecen mostrar a un Evo que poco a
poco se da cuenta que tiene que gobernar para Bolivia y no para
estrechas ideologías de grupo. Por ejemplo el presidente
ha sido capaz, y en buenos términos (y le felicito por
eso), de arreglar con las transnacionales petroleras el tema de
la producción de crudo. No podía hacerse ya más
daño al país, después de más de un
año con la industria petrolera paralizada. Y para negociar
con las petroleras, cada parte ha tenido que ceder. Evo también
ha hecho un negocio de gas con Argentina, al que se oponía
el Gobierno boliviano inicialmente. Aunque se ha hecho a medias
porque Bolivia le sigue vendiendo a la Argentina para que ésta
haga el negocio que Bolivia debe hacer directamente con Chile,
porque Argentina nos paga cinco dólares lo que luego vende
a Chile por 7,50, pero bueno, son todavía los viejos fantasmas.
Tiene que irse avanzando sobre este tema. Pero por otra parte
también he visto que he visto que se ha producido un encuentro
entre el presidente Evo y el cardenal boliviano para un poco pedirle
disculpas en el sentido de lo que fue esa actitud agresiva del
y declarar que la Iglesia era un apéndice del colonialismo
que había quedado en América, o sea unas torpezas
mayúsculas.
- ¿Y respecto al problema
de la tierra?
- Ese es un tema muy importante. Todo el mundo estaba afilando
sus cuchillos para ir a la guerra de la tierra. Se iba a revisar
la ley de reforma agraria y todos los campesinos sin tierras y
otras gentes de occidente, sobre todo, se iban a enfrentar con
el oriente, que es donde están todas las tierras ricas,
de la agricultura y la ganadería modernas, y efectivamente
eso podía derivar en una absoluta disgregación nacional.
Me doy cuenta que ha imperado el buen sentido y en el Parlamento
Evo ha planteado un proyecto de ley para que la actual ley, que
debería concluir el 18 de octubre, tenga siete años
de validez más. Es decir, ha pateado el problema hacia
delante mostrando una disposición de negociar y de resolverlo
de buena manera. Todo estos son indicios que ojalá no sean
golondrinas de un solo verano, sino que estén configurando
una tendencia que vaya a resolver el dilema Evo-Lula algún
día. Aunque también lo podíamos llamar el
“dilema Evo-Tabaré”, porque Tabaré Vázquez
aquí en el Uruguay viene de conformaciones izquierdistas
muy radicales, pero también hizo lo mismo: decidió
gobernar para el Uruguay.
-Presidente, cambiando de tema,
¿es una buena noticia la reelección de Lula?
- Así es. Es una enorme buena noticia. Esta vez, como he
comentado antes, vamos a tener un Lula más seguro, porque
es Brasil el que lo ha elegido ya, y por lo tanto más activo
en una política de integración en el continente,
que es lo que nos hace falta. El Brasil en Sudamérica limita
con todos los países, salvo con Chile (el segundo país
que limita casi con todos los países sudamericanos es Bolivia).
En el caso brasilero, creo que la naturaleza, la historia, la
geografía, la economía le dan a este país
un rol de dinamizador de la integración sudamericana. Y
la primera prioridad de la política exterior son los vecinos,
los que viven y duermen con él. Y una mujer con la que
uno duerme hay que tratarla bien, ¿verdad? Entonces yo
creo que es una primera prioridad, pero además Brasil está
colocado y convocado entre los seis, siete países emergentes
del mundo y yo diría que tiene que ser enormemente agresivo
más allá de las fronteras de nuestro continente
y convertirse en una especie de locomotora para los demás
países en la tarea fundamental de atraer inversiones a
la región. Si estamos todos juntos con un gigante como
Brasil buscando inversiones, le pueden venir a Brasil y nos puede
llover bastante bien a los vecinos.
- Usted no cree en líderes
políticos regionales (personas), sino en países
que ejerzan ese liderazgo…
- Exactamente. Imagínese en el siglo XIX, cuando no existían
las debidas comunicaciones, y por ello mismo en cada país
de los nuestros había caudillos bárbaros. En el
siglo XX, ya aparecieron lideratos continentales, tal vez por
lo que había ocurrido en Europa con la primera y segunda
guerras mundiales, algo que no se conocía hasta entonces,
tanto liderato de personas como incluso de países. Y hoy
día, en el siglo XXI, todo eso ya es caduco. Actualmente
lo que puede haber son países que graviten de una manera
mayor que otros, por su ubicación geográfica, por
su población, riquezas o por sus políticas, como
Chile. Creo que el siglo XXI se va a caracterizar por la gravitación
geoeconómica, geopolítica, geoestratégica
de los países como entidades y trascender los personalismos
de personas y los individualismos de país, que en esta
Cumbre se están notando también. Se están
dejando sentir las dos cosas, los personalismos y los individualismos,
que si va este yo no voy, y si no va el otro por qué voy
a ir yo. Y eso no puede ser. Mi propuesta es que hay que ir hacia
los procesos modulares de integración. Hemos sido muy lineales,
muy historicistas en los procesos de integración, tal vez
por el ejemplo europeo, que fue una integración unívoca,
de círculos concéntricos, y fue así por las
características específicas del Viejo Continente.
Pero aquí en América pienso que debemos ir hacia
una integración modular, módulos de integración,
entre dos, tres países. Por ejemplo, acuerdos en el río
de a Plata, el pacto amazónico, el pacto andino…,
no los debemos ver como contradictorios. Incluso módulos
como los que hace Chile, que tiene una pata aquí adentro
y varias hacia fuera, hasta en China. Y todo eso que se podía
ver como contradictorio en el siglo pasado, hoy ya no es así.
Son dinámicas que pueden ayudar a un proceso de integración
más rápido y mayor.
|