| La
construcción de cientos de miles de viviendas, subida masiva de
sueldos, creación de millones de puestos de trabajo...
Parece que todo vale para ganarse los favores de un electorado
hastiado de la precariedad y de la corrupción política.
Y por si estas promesas supieran a poco, el misticismo se ha adueñado
de las campañas electorales de los dos candidatos que se
disputan la Presidencia de Ecuador el próximo 26 de noviembre.
El izquierdista Rafael Correa y
el conservador Álvaro Noboa continúan en plena campaña
electoral de cara a la segunda vuelta, con diferentes estrategias.
En esta semana, mientras que Correa prometía la creación
del Banco de la Mujer para otorgar créditos a las féminas
ecuatorianas, Noboa afirmaba que construirá 300.000 viviendas
al año.
Correa se reunía el sábado pasado
en El Oro con diferentes colectivos de mujeres del país
andino. Las asociaciones exigían al candidato presidencial
planes de salud sexual y reproductiva, políticas para atajar
la violencia que sufren las féminas en el hogar, la erradicación
de la discriminación laboral y la falta de representación
femenina en los órganos de poder.
Después de su encuentro con estas asociaciones,
Correa anunciaba que, en caso de ganar las elecciones, dará
paso a la creación del Banco de la Mujer, para otorgar
créditos y, de esa formar, incentivar la creación
de 'microempresas'. También añadía que hará
respetar los derechos de las mujeres y aseguró que tendrán
su espacio en el poder y no habrá discriminación.
Por su parte, Álvaro Noboa prometía
en Quito que, si se convierte en presidente, se construirán
300.000 viviendas al año en Ecuador. Esta propuesta fue
calificada por Víctor Hugo Sicouret, ex ministro de Vivienda
del Gobierno de Abdalá Bucaram (1996-1997) como "imposible
de llevar a la práctica por su elevado coste".
Según Sicouret, para las 300 mil soluciones
habitacionales se requiere una inversión de 2.400 millones
de dólares (1.884 millones de euros), con un precio promedio
de 8.000 dólares (6.282 euros) por casa. "Ningún
banco internacional y ningún amigo personal de Noboa va
a prestar al Estado ecuatoriano miles de millones de dólares
para recuperar su inversión en 15 o más años",
añadía el ex ministro.
'Mesianismo electoral'. Tanto el
izquierdista Rafael Correa como el conservador Álvaro Noboa
se están afanando en exhibir sus creencias católicas
durante el desarrollo de la campaña electoral en un país
mayoritariamente católico, como es Ecuador. Mientras que
Correa se reunía el pasado miércoles con obispos
de la Conferencia Episcopal ecuatoriana, Noboa ha declarado repetidamente
ser "el héroe de Dios".
"Hablamos de muchas cosas. Les presenté,
a grandes rasgos, nuestro proyecto de país, me hicieron
preguntas sobre ciertas inquietudes, como educación, pero
creo que hubo una sintonía casi total", decía
Correa al recordar que él es "católico practicante"
y que fue misionero.
La reunión se produjo en medio de una campaña
en la que analistas políticos, la población y la
propia Iglesia católica en Ecuador han criticado el uso
de símbolos y ceremonias religiosas por parte de los dos
candidatos presidenciales.
Noboa, quien el lunes pasado pedía a la Iglesia
católica mantenerse al margen de la política, suele
llevar colgado al cuello un rosario con un gran crucifijo, se
llama a sí mismo "enviado o héroe de Dios",
reza oraciones con sus seguidores y pide la curación de
los enfermos al imponer las manos sobre las cabezas de los afectados.
Desde que terminó la primera vuelta, el pasado
15 de octubre, se ha visto con frecuencia a los dos candidatos
en misa y recibiendo la comunión frente a los medios de
comunicación.
En un país cansado de la corrupción
política y del cambio continuo de presidentes -ocho presidentes
en los últimos diez años-, resulta chirriante que
un postulante a la Presidencia se considere el "héroe
de Dios".
No es de extrañar que, una vez convertido
en presidente, el candidato ganador no cumpla sus promesas electorales,
ya que resultan prácticamente imposibles de llevar a cabo.
Los ecuatorianos no quieren falsas promesas, quieren hechos y
una mejora en su calidad de vida. Y Noboa y Correa sólo
les están ofreciendo migajas de una torta ficticia.
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