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Año VII - Madrid, viernes 10 de noviembre de 2006
 
Reportaje
 
Daniel Ortega convence al pueblo nicaragüense con su "revolución pacifista
 
El otro "Comandante"

Ángela Verge

 

Daniel Ortega vuelve a la silla presidencial, después de varias intentonas y más de diez años de espera. Pero este ex guerrillero sandinista ya no se parece al de entonces, y se ganó a un electorado desencantado con el liberalismo del presidente Eduardo Bolaños, a base de consignas reconciliadoras y con la promesa de una “revolución pacífica” que cambie la difícil situación por la que atraviesa el país.

Ortega, en sus primeros días como presidente electo ha querido lanzar un mensaje conciliador a la población, y ha prometido trabajar con las demás fuerzas políticas nacionales para mejorar el país.

Parece que el nuevo mandatario nicaragüense quiere enmendar los errores que cometió durante su anterior mandato (1979-1990), y con los que se granjeó los recelos de parte de la población. Ortega ha basado toda su estratégica política durante la campaña en la defensa del diálogo y en el llamamiento a la unidad.

El comandante Ortega, como muchos de sus seguidores lo siguen llamando, derrocó a la cabeza del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) al poder somocista en 1979, una dinastía de dictadores que escribió durante más de 40 años de una de las páginas más negras de Nicaragua.
Durante su presidencia Ortega instauró un régimen socialista en el que centralizó la economía, impuso servicio militar obligatorio y expulsó a varios obispos del país. Ahora 16 años más tarde, se ha comprometido no imponer ninguna de estas medidas. Es más, se ha acercado a la Iglesia Católica, apoyándola en la polémica medida en contra del aborto terapéutico, y ha prometido no combatir a “quienes más tienen”.

Por eso las palabras más conciliadoras que han escuchado muchos inversores, nacionales y extranjeros, es que “no están contemplados cambios dramáticos, cambios radicales en la base de la economía que se ha venido sentando en estos años”, según expresó el propio Ortega.
La economía, reto principal de su programa político

Que en las elecciones nicaragüenses no han competido solamente los intereses nacionales es algo que ha quedado bastante palpable. Algunos analistas han querido ver en los comicios una verdadera confrontación internacional entre Venezuela (que apoyaba al sandinista) y a los EEUU, máximo espónsor del liberal Eduardo Montealegre. Lo único que variaba esta vez era el escenario: Nicaragua.

Pero la verdad es que los resultados no han sido ni tan radicales, ni tan catastróficos como algunos vaticinaban. Uno de los primeros gestos que Ortega ha realizado para calmar las lenguas que abogaban por un giro estrepitoso hacia la nacionalización absoluta, es reunirse con todos y cada uno de los sectores empresariales, para asegurarles que el futuro gobierno sandinista no pondrá en peligro la iniciativa privada, la libre empresa ni la economía de mercado.

“Sabemos que tenemos una deuda muy grande con el pueblo nicaragüense, y que cuidando los elementos macroeconómicos, cuidando todo lo que se ha logrado avanzar en esta materia, podremos multiplicar esfuerzos para lograr erradicar la pobreza”, afirmó el nuevo presidente, consciente de la situación económica de pobreza extrema que atraviesa su país, con un 70% de la población viviendo con euro y medio al día.

El gobierno de Ortega, quien tomará asiento presidencial el próximo 10 de enero de 2006, respetará los acuerdos económicos gestados por sus antecesores. Así pues, ha afirmado que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU seguirá su curso, y los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) se mantendrán. Pero no ha descartado estudiar las ofertas que propone la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) que impulsan Venezuela, Cuba y Bolivia.

En esta materia Ortega añadió que mantendrá los contactos con MERCOSUR, la Unión Europea y a Asia. Y parece que la proclamación ha tenido ya sus efectos, porque en estos días el gobierno de Taiwán, una de las economías más boyantes del planeta, ha manifestado su intención de reforzar los lazos de cooperación con Nicaragua, lo que podría traducirse en un inversión de más de 62 millones de euros en el área textil.

Siempre y cuando, claro está, que el nuevo gobierno sandinista no reestablezca relaciones diplomáticas con la República Popular China, lo que supondría una ruptura con Taiwán. Nicaragua mantiene relaciones diplomáticas con Taipei, la capital de la isla, desde 1990 y es uno de los 24 países del mundo que reconoce a Taiwán.

Agradecimientos de todo tipo. Tras grandes desavenencias entre ambos países, EEUU reconoció por fin el triunfo del líder sandinista, y expresó su interés por establecer “relaciones positivas” con el nuevo gobierno. Mediante una nota de prensa hecha pública por la embajada estadounidense en Managua, el gobierno de Washington afirmó estar interesado en trabajar “con el nuevo liderazgo con base en las acciones que adopten para apoyar un futuro democrático para Nicaragua” y con “la voluntad de continuar relaciones constructivas con EEUU”.

En contraposición con las felicitaciones estadounidenses, las del presidente venezolano Hugo Chávez y las del presidente Fidel Castro fueron bastante más rotundas. “La grandiosa victoria sandinista llena de alegría a nuestro pueblo y a la vez llena de oprobio al gobierno terrorista y genocida de Estados Unidos. Por ello tanto tú como el heroico pueblo de Nicaragua merecen la más calurosa felicitación” rezaba el comunicado que Castro envió a su homólogo nicaragüense.

Numerosos mandatarios latinoamericanos, como la representante chilena Michelle Bachelet, el argentino Néstor Kirchner o el reelecto presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva también hicieron extensivas sus enhorabuenas al líder sandinista. Al otro lado del charco, la Unión Europea hizo lo propio.

 
 

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