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Daniel Ortega vuelve a la silla presidencial,
después de varias intentonas y más de diez años de espera.
Pero este ex guerrillero sandinista ya no se parece al de entonces, y se ganó
a un electorado desencantado con el liberalismo del presidente Eduardo Bolaños,
a base de consignas reconciliadoras y con la promesa de una “revolución
pacífica” que cambie la difícil situación por la que
atraviesa el país. Ortega, en sus primeros
días como presidente electo ha querido lanzar un mensaje conciliador a
la población, y ha prometido trabajar con las demás fuerzas políticas
nacionales para mejorar el país. Parece
que el nuevo mandatario nicaragüense quiere enmendar los errores que cometió
durante su anterior mandato (1979-1990), y con los que se granjeó los recelos
de parte de la población. Ortega ha basado toda su estratégica política
durante la campaña en la defensa del diálogo y en el llamamiento
a la unidad. El comandante Ortega, como muchos
de sus seguidores lo siguen llamando, derrocó a la cabeza del Frente Sandinista
de Liberación Nacional (FSLN) al poder somocista en 1979, una dinastía
de dictadores que escribió durante más de 40 años de una
de las páginas más negras de Nicaragua. Durante su presidencia
Ortega instauró un régimen socialista en el que centralizó
la economía, impuso servicio militar obligatorio y expulsó a varios
obispos del país. Ahora 16 años más tarde, se ha comprometido
no imponer ninguna de estas medidas. Es más, se ha acercado a la Iglesia
Católica, apoyándola en la polémica medida en contra del
aborto terapéutico, y ha prometido no combatir a “quienes más
tienen”. Por eso las palabras más
conciliadoras que han escuchado muchos inversores, nacionales y extranjeros, es
que “no están contemplados cambios dramáticos, cambios radicales
en la base de la economía que se ha venido sentando en estos años”,
según expresó el propio Ortega. La economía, reto principal
de su programa político Que en las elecciones nicaragüenses
no han competido solamente los intereses nacionales es algo que ha quedado bastante
palpable. Algunos analistas han querido ver en los comicios una verdadera confrontación
internacional entre Venezuela (que apoyaba al sandinista) y a los EEUU, máximo
espónsor del liberal Eduardo Montealegre. Lo único que variaba esta
vez era el escenario: Nicaragua. Pero la verdad es que los resultados no
han sido ni tan radicales, ni tan catastróficos como algunos vaticinaban.
Uno de los primeros gestos que Ortega ha realizado para calmar las lenguas que
abogaban por un giro estrepitoso hacia la nacionalización absoluta, es
reunirse con todos y cada uno de los sectores empresariales, para asegurarles
que el futuro gobierno sandinista no pondrá en peligro la iniciativa privada,
la libre empresa ni la economía de mercado. “Sabemos que tenemos
una deuda muy grande con el pueblo nicaragüense, y que cuidando los elementos
macroeconómicos, cuidando todo lo que se ha logrado avanzar en esta materia,
podremos multiplicar esfuerzos para lograr erradicar la pobreza”, afirmó
el nuevo presidente, consciente de la situación económica de pobreza
extrema que atraviesa su país, con un 70% de la población viviendo
con euro y medio al día. El gobierno de Ortega, quien tomará
asiento presidencial el próximo 10 de enero de 2006, respetará los
acuerdos económicos gestados por sus antecesores. Así pues, ha afirmado
que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU seguirá su curso, y los
acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) se mantendrán. Pero
no ha descartado estudiar las ofertas que propone la Alternativa Bolivariana de
las Américas (ALBA) que impulsan Venezuela, Cuba y Bolivia. En esta
materia Ortega añadió que mantendrá los contactos con MERCOSUR,
la Unión Europea y a Asia. Y parece que la proclamación ha tenido
ya sus efectos, porque en estos días el gobierno de Taiwán, una
de las economías más boyantes del planeta, ha manifestado su intención
de reforzar los lazos de cooperación con Nicaragua, lo que podría
traducirse en un inversión de más de 62 millones de euros en el
área textil. Siempre y cuando, claro está, que el nuevo gobierno
sandinista no reestablezca relaciones diplomáticas con la República
Popular China, lo que supondría una ruptura con Taiwán. Nicaragua
mantiene relaciones diplomáticas con Taipei, la capital de la isla, desde
1990 y es uno de los 24 países del mundo que reconoce a Taiwán. Agradecimientos
de todo tipo. Tras grandes desavenencias entre ambos países, EEUU
reconoció por fin el triunfo del líder sandinista, y expresó
su interés por establecer “relaciones positivas” con el nuevo
gobierno. Mediante una nota de prensa hecha pública por la embajada estadounidense
en Managua, el gobierno de Washington afirmó estar interesado en trabajar
“con el nuevo liderazgo con base en las acciones que adopten para apoyar
un futuro democrático para Nicaragua” y con “la voluntad de
continuar relaciones constructivas con EEUU”. En contraposición
con las felicitaciones estadounidenses, las del presidente venezolano Hugo Chávez
y las del presidente Fidel Castro fueron bastante más rotundas. “La
grandiosa victoria sandinista llena de alegría a nuestro pueblo y a la
vez llena de oprobio al gobierno terrorista y genocida de Estados Unidos. Por
ello tanto tú como el heroico pueblo de Nicaragua merecen la más
calurosa felicitación” rezaba el comunicado que Castro envió
a su homólogo nicaragüense. Numerosos mandatarios latinoamericanos,
como la representante chilena Michelle Bachelet, el argentino Néstor Kirchner
o el reelecto presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva también hicieron
extensivas sus enhorabuenas al líder sandinista. Al otro lado del charco,
la Unión Europea hizo lo propio. |