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el sandinista Daniel Ortega se alzó con la victoria en
el las pasadas elecciones presidenciales, a más de un empresario
se le cambió la cara. La idea de lidiar con un nuevo Venezuela
o Bolivia no gustaba a los inversionistas, ni nacionales ni internacionales,
pero Ortega, con su “revolución pacífica”,
aseguró que el sistema económico del país
seguiría rigiéndose por el libre cambio.
Según aseguraron a Américaeconómica
fuentes cercanas al nuevo mandatario, Ortega mantendría
“las puertas abiertas a la inversión” según
el mismo dijo, y las numerosas reuniones que ha mantenido el sandinista
en estas semanas así lo certifican.
Erwin Kruger, presidente del Consejo
Superior de la Empresa Privada (COSEP), el grupo de empresarios
de mayor capital del país, expresó su satisfacción
tras hablar con Ortega, ya que el presidente había confirmado
continuar con el modelo macroeconómico, aunque había
enfatizado la necesidad de que las inversiones nacionales deberían
ser mayores.
Para muchos analistas Ortega ha
dado pasos positivos para evitar una fuga de capitales como la
que ocurrió durante la revolución que dirigió
en los años 80, con el Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN).
Hasta ahora ha habido respuestas
positivas a la actitud de Ortega. El consorcio estadounidense
Internacional Textil Group (ITG) que construye una enorme planta
textil, valorada en 78 millones de dólares, abrirá
los primeros 750 empleos directos en un municipio pobre, aledaño
a la capital.
Ortega también ha expresado
la disposición de negociar un nuevo programa económico
con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que le obligará
a realizar ciertos ajustes para asegurar la consecución
de préstamos y ayudas externas que el país necesita
para cubrir el déficit presupuestario y la ejecución
de diversos proyectos.
Con este motivo está previsto
que una misión especial del FMI lleguen al país
para llegar a un acuerdo de intenciones para el desarrollo de
este nuevo programa macroeconómico. El actual programa
terminaría en diciembre, ya que estos proyectos tienen
una duración de tres años, y son clave para el desembolso
de ayuda internacional y de los créditos del Banco Internacional
de Desarrollo (BID), el Banco Internacional de Reconstrucción
y Fomento (BIRF), o el Banco Centroamericano de Integración
económica (BCIE) entre otros, y de los que depende en gran
medida la economía de Nicaragua.
Esta semana, en una reunión
con casi 200 inversores fundamentalmente extranjeros, Ortega afirmó
que para “no podemos erradicar la pobreza”, principal
objetivo de su programa político, “erradicando al
inversionista”. El mandatario nicaragüense también
conversó con la Asociación de Bancos Privados de
Nicaragua (ASOBANP), en la que manifestó que “juntando
esfuerzos la banca, el gobierno, los trabajadores y los empresarios
erradicaremos la pobreza”.
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