|
Una de las primeras medidas adoptadas por el máximo ejecutivo
de Citigroup, Robert Rubin, tras la marcha de Charles Prince ha
sido el fichaje de Richard Stuckey, famoso por liderar la operación
de salvamento del hedge fund Long-Term Capital Management, después
de que sus dudosas apuestas en derivados provocaran una crisis
financiera mundial en 1998.
En la actualidad, Stuckey era asesor del G-10 y se encargaba
de la prevención de crisis. Richard Stuckey encabezará
el Grupo de Cartera de Alto Riesgo de Citigroup, que fue creado
después de que el mayor banco de EEUU anunciara que la
crisis del mercado hipotecario de EEUU le ha causado unas pérdidas
adicionales de 11.000 millones de dólares. El grupo administrará
las obligaciones de deuda colateralizada (CDO, por sus siglas en
inglés) respaldadas por activos, los inventarios de valores
respaldados por activos y la muy alta exposición en este tipo de inversiones.
Diferentes agencias internacionales han intentado contactar con
él, pero el departamento de prensa de Citigroup ha dicho
que pasará mucho tiempo hasta que haga declaraciones. Además,
todo parece indicar que las próxima víctima será
el consejero delegado de Bear Stearns, James E. Caynes, sobre
todo después de que la compañía redujera su beneficio un 61% en el tercer
trimestre.
Hoy, el portal especializado Deal Book publica
una carta interna enviada por el actual consejero delegado del
banco de inversión a los empleados en la que defendía
su gestión al frente de Bear Stearns y añadía
que no contempla abandonar su cargo. Según añade
esta publicación, las acusaciones vendrían fundamentalmente
del consejo de administración del banco, quienes aseguran
que sólo se dedica a jugar al golf y que se va los fines
de semana sin teléfono móvil.
Por su parte, el mayor accionista de Citigroup, el príncipe
saudí Alwaleed bin Talal, está ejerciendo presión
para que el ex presidente de la entidad Sandy Weill regrese a
la Presidencia, en sustitución de Charles Prince, que ha
dimitido recientemente. Según la CNBC, el multimillonario saudí ha reclamado
la vuelta de Weill, tras perder 4.000 millones de dólares
en su inversión en el Citi durante las últimas tres
semanas.
Charles Prince, el presidente saliente, ha dimitido tras anunciar
que el mayor banco estadounidense ha perdido 11.000 millones de
dólares desde septiembre. Su controvertida gestión
se ha caracterizado por vender diversas unidades de la mayor entidad
de EEUU. Vendió Travelers Life & Annuity a MetLife
por 11.500 millones de dólares en 2005. También
se deshizo de los negocios de gestión de activos, que agrupaban
a unos 80 fondos de inversión que gestionaban unos 160.000
millones de dólares. Prince desmantelaba así parte
del grupo que durante tres décadas ayudó a construir
a Weill.
Despidos. En los 13 primeros meses de su mandato despidió
también a tres directivos de confianza de Weill: Thomas
Jones, responsable del área de inversión, Deryck
Maughan, vicepresidente de Citigroup International y Peter Scaturro,
que estaba al frente de la unidad de banca privada. Después de estos, otros veteranos ejecutivos salieron
del gigante financiero. Además, Prince anunció que
eliminaría o reasignaría más de 26.500 puestos
de trabajo, debido a las quejas del príncipe saudí,
que se pronunció a favor de un recorte de los costes del
Banco.
Merrill Lynch también
se encuentra en un periodo de transición después
de que dimitiera su presidente Stanley O'neal, forzado por las
pérdidas que registraba el banco de inversión. CNBC
afirma que la entidad ha propuesto a Larry Fink, titular de la
junta de Black Rock, que asuma la Presidencia del gigante de Wall
Street, citando fuentes cercanas a la operación. Fink tomará
la decisión en las próximas dos semanas.
La agencia Fitch Ratings ha rebajado la calificación
de la deuda a largo plazo de Citigroup hasta "AA" desde
"AA+" y la ha colocado en perspectiva "negativa". Por
su parte, Standard & Poor's ratificó su calificación
"AA" para el largo plazo aunque auguró un panorama
"negativo" para el banco. La agencia de calificación
cree que la renuncia de Prince podría ser una señal
de un periodo de incertidumbre estratégica para el banco. |