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Después de duras y arduas negociaciones, por fin la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, ha conseguido firmar su ansiada reforma de educación. Aunque resulte increíble, la mandataria parece haber hecho las paces con la Democracia Cristiana (DC) que ha dado su apoyo para el proyecto. Estos demócratacristianos son los mismos que días y semanas atrás se lo habían negado. Además Bachelet ha recibido para su reforma el apoyo del Partido Socialista (PS).
Los miembros de estos dos partidos realizaron una votación sobre el asunto, y en ambos casos, la decisión fue tomada por un amplio margen de aprobación.
Tras un acalorado debate que se extendió por más de cinco horas, la colectividad que encabeza Soledad Alvear (DC), aprobó por 37 votos contra uno la idea de darle carta blanca a las gestiones impulsadas por el Ejecutivo chileno para darle viabilidad legislativa a la reforma del actual marco que rige a la educación.
Como si de una firma de paz se tratara, la presidenta chilena extendió la alfombra roja en la moneda y convocó por separado a los representantes de la Concertación, , que llegaron antes, y a los de la Alianza, para suscribir solemnemente el acuerdo político.
Además, esta semana Bachelet ha asistido a un acontecimiento cuanto menos histórico. Su predecesor, el chileno Ricardo Lagos, ha contestado al cuestionario que la comisión investigadora del Transantiago le envió, y para sorpresa de Michelle, el ex presidente eludió cualquier tipo de comentario sobre ella en sus respuestas, además de no cargar sobre ella todas las culpas del fracaso de ese moderno transporte público.
Las malas noticias. Pero esta semana no iban a ser todo buenas noticias para la jefa del Ejecutivo chileno, y justo un día después de firmar su ansiada reforma educativa, el norte de su país sufrió un gran terremoto de 7,7 grados en la escala de Richter, que dejó dos muertes y más de 4.000 damnificados en la zona.
Por si eso no fuera poco, como consecuencia del sismo, la zona se quedó sin energía eléctrica durante más de ocho horas, lo que supuso que el 67% de la producción de cobre del país (que se registra en esa zona) se quedara sin poder producir.
Este paro laboral, tuvo, por supuesto, una consecuencia económica clara: el Gobierno chileno ha registrado pérdidas de 23 millones de dólares (unos 15,5 millones de euros) en el sector cuprífero, y aunque las empresas productoras de ese metal no han sufrido daños en sus infraestructuras, ahora Bachelet tendrá que reconstruir todas las casas, carreteras y muros que se desplomaron a causa del temblor.
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