| Arcelor
Mittal ha anunciado recientemente que piensa iniciar una nueva
política de retribuciones a sus accionistas. El eje de
esta política consistirá en destinar un 30% de sus
beneficios netos al nuevo dividendo anual que, a su vez, se complementará
con programas adicionales de recompra.
Se ha propuesto como base un dividendo
anual de 1,3 dólares, lo que prácticamente supone
un euro, cuyo valor aumentará en función del crecimiento
de la empresa.
De este modo, se garantiza una
retribución mínima. El plan de recompra de acciones
servirá para que Arcelor Mittal ajuste el dividendo, de
tal modo que se garantice que se sitúa en el 30% prometido.
La empresa anunciará el valor de estas recompras el día
en que presenten sus resultados anuales.
Toda esta política de mejora
de dividendos se encuentra basada en la fortaleza económica
del nuevo grupo Arcelor Mittal, recientemente constituido. Se
conseguirá así la estabilidad financiera y la consistencia,
que los inversores desean.
El incremento del precio del acero
trae como consecuencia un aumento del precio de los beneficios,
por los que los accionistas de todas las empresas siderúrgicas
demandan un aumento de los dividendos. Empresas competidoras de
Arcelor Mittal, como Nipón Steel y JFE Holdings están
aumentando el porcentaje de sus ganancias, que destinan a dividendos.
Esta empresa del metal ha dado
a conocer su previsión de beneficio bruto de explotación
para los próximos años. En el año 2006, el
ebitda se situará entre 15.000 y 15.600 millones
de dólares, lo que equivale a 11.800 y 12.300 millones
de euros. En 2008, se espera alcanzar los 20.000 millones de dólares.
Arcelor Mittal tiene el proyecto
de aumentar su producción entre 150 y 200 millones de toneladas
para 2015. Además, la compañía siderúrgica
será una marca única el próximo año.
Por su parte, Arcelor Mittal tiene
el compromiso firme de mantener el proyecto industrial para sus
plantas de Gijón y Avilés, lo que representa una
tranquilidad para los empleados.
Una característica del mercado
siderúrgico es su atomización. En este momento económico
en el que se fusionan, o están en trance de fusionarse
empresas de distintas actividades, el mercado impondrá,
necesariamente, distintas fusiones en los próximos años.
Se crean megabancos, por fusión de varios ya existentes.
Lo mismo sucederá en el mundo del acero.
Estas fusiones son, con frecuencia,
discutidas. Los gobiernos de los distintos países, a veces,
ponen dificultades. Pero, en el fondo, los auténticos responsables
son los accionistas.
Vivimos en una economía
de mercado, una economía liberal que, según los
expertos, es la que d a lugar a mejores resultados para el beneficio
de todas las clases sociales, incluidas las más humildes.
Esta es, al menos, la tesis de los economistas de la mayor parte
del mundo.
Europa, sobre todo en los países
escandinavos presenta todavía unos rasgos de economía
planificada. La reciente derrota en Suecia de la socialdemocracia,
parece ser una señal de nuevos cambios, que se vislumbran
ya en el horizonte. La creciente competencia de los países
asiáticos, que ya no son solamente Japón y Corea
del Sur, da lugar a un cambio de perspectiva, social y económica,
en países tan fuertes y tan importantes, como Alemania
o Francia.
El descalabro de la economía
planificada, típica de los países comunistas, es
un argumento, y no el más pequeño, a favor de una
economía libre que se rija sólo por las leyes del
mercado.
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