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La primera vuelta de las elecciones
brasileñas no ha confirmado los pronósticos de las
encuestas que apuntaban a una holgada victoria de Luiz Inácio
Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT). Todo queda,
por lo tanto, pendiente de una nueva cita electoral en la que,
el 29 de octubre, Lula y y Geraldo Alckmin, candidato del Partido
de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) se disputarán
definitivamente la Presidencia. Con la vista fija en esa fecha,
ambos candidatos han empezado ya la lucha por llevar a su lado
a aquellos aliados que potencialmente les asegurarían la
victoria.
Pese a que Luiz Inácio Lula
da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), obtenía
el 48,61% de los votos frente al 41,64% de Gerardo Alckmin, del
Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), este
apoyo resultaba insuficiente.
Es decir, pese a sus seis millones
de votos más, Alckmin sorprendía con el gran apoyo
recibido por los electores y convertía la ventaja de Lula
en insuficiente, dado también el 6,85% de los sufragios
de la tercera candidata, Heloísa Helena, del Partido Socialismo
y Libertad (PSOL) y excindida del PT.
La carrera para la segunda vuelta
de la elección presidencial en Brasil no se ha hecho esperar
y tanto Lula como Geraldo Alckmin han intentado asegurarse nuevos
apoyos de cara a la elección definitiva. La primera clave
pasaría por los diez estados -de los 27 de Brasil- que
también afrontarán una segunda ronda en sus elecciones
a gobernador. Ambos candidatos saben que intercambiar apoyos -gobernador
por Presidencia- puede ser su mejor as bajo la manga.
Los candidatos a gobernador del
PT y del PSDB aún se han de enfrentar en dos estados: Río
Grande del Sur y Paraná, en la Amazonía; pero en
los ocho restantes, los candidatos presidenciales tratarán
de establecer alianzas con terceros partidos y recuperar posiciones
en sus flancos débiles: el sur para Lula y el noroeste
en el de Alckmin.
Papel crucial. Sin embargo,
también los 17 gobernadores que ya han sido elegidos pueden
jugar un papel crucial dado que, como ha demostrado su victoria
en primera ronda, cuentan con una gran capacidad a la hora de
movilizar electores.
Lula da Silva, ha sido el primero
en verlo claro y no ha esperado más para pedir a los gobernadores
electos una amplia movilización para garantizar su reelección.
Mientras tanto, su rival, Geraldo Alckmin, no sólo se dejaba
tomar la iniciativa en esta lucha, sino que además perdía
un apoyo clave en Río de Janeiro, tercer mayor colegio
electoral del país y aún en liza en la lucha por
el Gobierno estatal.
Alckmin había anunciado
una alianza en Río de Janeiro con un polémico ex
gobernador, Antonhy Garotinho, quien se ha enfrentado a varias
denuncias de corrupción en su contra. Pero el tiro le salió
por la culata cuando el alcalde carioca, César Maia, hasta
ahora aliado de Alckmin, pero también feroz rival político
de Garotinho, calificó esa aproximación del socialdemócrata
como "el beso de la muerte".
A continuación, la candidata
a la gobernadora estatal que el alcalde apoya, Denise Frossard,
anunció su ruptura con Alckmin. "Él (Alckmin)
mostró que no le gusta Río de Janeiro. Definitivamente
no le gusta Río. Le retiro mi apoyo y voy a seguir mi camino",
dijo Frossard a periodistas.
Por su parte Lula celebraba la
alianza con Sergio Cabral, el candidato del PMDB al Gobierno de
Río de Janerio, y atacaba a su adversario al señalar
que están en liza "dos proyectos distintos de país".
Según Lula, Alckmin vislumbra tan sólo un Brasil
de 40 millones de habitantes -la quinta parte más favorecido
de la población-, sin embargo el presidente resaltaba que
su Gobierno "no hace distinción partidaria en ningún
tipo de política, principalmente la social".
Lula mandaba así un mensaje
que iba dirigido tanto a asegurar el apoyo de su base electoral
-la de los sectores sociales más desfavorecidos-, como
a tranquilizar a las zonas más prósperas del país,
como Sao Paulo, donde el apoyo a su ex-gobernador Alckmin fue
decisivo. "Pregunten a Aécio (Neves, gobernador de
Minas Gerais) y a Cláudio Lembo (gobernador de Sao Paulo)
si ha habido algún Gobierno que colocase tanto dinero en
política social como lo hemos hecho nosotros en Minas Gerais
y Sao Paulo", señaló Lula.
La nueva estrategia de Lula.
En cierto sentido, cabe apreciar un cambio de estrategia electoral
por parte de Lula después del resultado de las elecciones
del domingo, que, en contra de la mayoría de los pronósticos,
le obliga a ir a una segunda vuelta para asegurarse su reelección.
Según sus propias palabras, el presidente petista pretende
ahora "politizar a la sociedad" en la nueva campaña
y conseguir llegar más allá de sus apoyos tradicionales.
También ha anunciado que asistirá a los nuevos debates
televisivos que se produzcan, después de que su ausencia
en el último de ellos mermase su popularidad.
Una estrategia que puede haber
cogido, de nuevo, a Alckmin con el paso cambiado. Este
sigue insistiendo en que su objetivo prioritario es el de incrementar
el ritmo de crecimiento económico y en que para ello se
propone hacer "las reformas que el país necesita".
Alckmin parece tener bien presente
que uno de los motivos de su fortaleza en la primera vuelta fue
el apoyo mayoritario que consiguió entre la clase empresarial.
Pero también parece ignorar que esta estrategia ha funcionado
para asegurarse cierto nivel de apoyo, pero no parece la mejor
para trascender sus propios límites.
Lula, por el contrario, ha reaparecido
ahora con un nuevo discurso en el que intenta llegar a sectores
más cercanos a Alckmin y ha incluido en su discurso nuevos
elogios para la Justicia, los empresarios, e incluso para el ex
presidente, y antiguo rival político de Lula, Fernando
Collorde Mello (1990-1992). Además ha aclarado que no piensa
disputar la reelección como "candidato de los pobres".
Lula ha señalado que, aunque
pretende favorecer a los más desfavorercidos, gobierna
para 190 millones de brasileños. Incluso justifica este
apoyo a los pobres como una forma de mejorar el interés
común y las perspectivas de progreso del país.
Los puntos fuertes de Alckmin:
empresarios y disidentes. De esta forma, Alckmin parece que,
por el momento, tan sólo lleva la iniciativa en la lucha
por los apoyos de los candidatos caídos en la primera vuelta
y en el apoyo financiero.
Más allá del análisis
en clave territorial, en función del apoyo de los gobernadores,
también se puede considerar la perpectiva de los otros
candidatos que no han llegado a la segunda vuelta. Heloisa Helena,
del Partido para el Socialismo y la Libertad (PSOL), y Cristovam
Buarque, del Partido Demócrata Trabajador (PDT) pueden
decidir así, con su apoyo a uno u otro candidato, quién
es el próximo presidente.
Ambos pertenecieron en su momento
al PT, pero mientras que Heloisa Helena ya ha declarado que no
apoyará a ninguno de los dos candidatos, "porque defienden
las mismas políticas liberales", Buarque se sitúa
en el otro extremo del espectro político.
Buarque, antiguo ministro en el
Gobierno de Lula, se ha mostrado proclive a apoyar a Alckmin porque,
en su opinión, es el más capacitado para impulsar
el crecimiento económico. Sin embargo Buarque deja aún
todas las puertas abiertas.
Lula ha reaccionado afirmando que
va a intentar establecer coaliciones con candidatos aliados, aunque
en su opinión, "los electores ya están pensando
en quién van a votar independientemente de lo que vamos
a decidir".
El otro gran apoyo de Alckmin se
encontraría entre los inversores internacionales ya que
la Bolsa de Brasil recibió con subidas el resultado de
las elecciones presidenciales, que obligaba a Lula a ir a una
segunda vuelta con el conservador Geraldo Alckmin.
Nada más conocerse los resultados,
los primeros cambios de la jornada en la Bolsa de Brasil mostraron
una revalorización del 1,84% en el índice iBovespa,
hasta situarse en los 37.120 puntos. Electrobras lideraba las
subidas en el índice de referencia del país, con
un avance del 5%. Copel (3,5%), Sadia (3%), se situaban también
a la cabeza de las ganancias, junto a Vivo, Petrobras y Vale do
Rio Doce, con revalorizaciones próximas al 1,5%.
Sin embargo, esto tampoco supone
ninguna novedad ni ningún apoyo extra para Alckmin. Por
lo tanto está por ver si será capaz de repetir la
historia de la primera vuelta y dar la vuelta a los indicios que
apuntaban su derrota.
Pero como muestra de las sorpresas
que aún pueden quedar por venir, Fernando Collor de Mello,
destituido en 1992 por corrupción y antiguo rival de Lula,
ha reaparecido ahora con su elección al Senado y ya ha
adelantado que su candidato para esta segunda vuelta es su viejo
enemigo político. Un apoyo que está por ver si beneficiará
o perjudicará a Lula.
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