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El Club de Madrid celebra este
fin de semana su V Conferencia Anual bajo el lema "Energía
y Liderazgo Democrático: Desafíos". Esta organización,
que se apoya en la experiencia de los 68 ex jefes de Estado y
de Gobierno de países democráticos, con la ayuda
de los principales especialistas del sector energético, ha planteado la reflexión
sobre los desafíos futuros de la energía.
Pese a las discrepancias, hay un punto de acuerdo: Sin la integración
global de los recursos, la crisis puede llegar rápido.
Tanto es así, que el ex
presidente de Gobierno español Felipe Gónzalez cree
inevitable que se produzca una crisis internacional en materia
energética a corto plazo. En su opinión, dada la
tardanza con que están evolucionando las inversiones en
el sector y que alternativas como la nuclear "no se pueden
discutir en determinadas zonas del mundo" -más que
probablemente se trataba de una velada alusión a la doble
moral que permite a según qué países emprender
programas nucleares-, salvo una recesión económica
mundial, a corto plazo es inevitable una crisis de oferta.
Como consecuencia, González
considera que se producirá una crisis internacional ya
que "de la energía va a depender el crecimiento mundial".
El ex presidente español también mostró su
preocupación por lo que considera una falta de estrategia
política de acompañamiento a los procesos de inversión.
El problema, según este, no reside en el agotamiento de
los recursos o en que la inversión se haya frenado, sino
en que no hay una estrategia ni en inversión, ni en producción,
ni en refino.
González consideró,
por ello, lamentable que la integración de políticas
que requeriría la gestión energética no se
esté produciendo por reflujos nacionalistas. No sólo
en la Unión Europea, sino también, por ejemplo,
en América Latina, donde "los discursos integracionistas
son políticos, pero no hay interdependencia". La región
desaprovecha así su enorme potencial en recursos, ya que,
según el ex presidente, "hay recursos de sobra, y
no sólo de las no renovables, sino también de las
renovables".
Un problema que sería extensible
a otras partes del mundo como el Magreb u Oriente Medio, donde
las posibilidades de desarrollo interno que ofrecen estos recursos
se desaprovechan y se concentran en unas pocas manos. Por ello,
González señaló como erróneo poner
el énfasis en la vinculación entre energía
y democracia, ya que considera que sólo a través
de la ecuación de energía y desarrollo se llega
a la sostenibilidad democrática a medio plazo.
Un panorama muy diferente al dibujado
por César Gaviria, ex presidente de Colombia, que se mostró
optimista al afirmar que se puede crecer incluso aunque los precios
de la energía sean altos, debido a que las economías
y las tasas de cambio pueden hoy, por su flexibilidad, adaptarse
a los problemas que se puedan presentar. También consideró
que en materia ambiental Kyoto es un primer paso, dado principalmente
por los europeos, que se está viendo ampliado en iniciativas
como la que recientemente ha tomado el gobernador de California
Arnold Schwarzenegger.
Sin embargo, la mayoría
de las intervenciones de los expertos no mostró ese mismo
tono y los ponentes coincidieron en señalar los problemas
que se ciernen sobre la comunidad internacional en el orden energético.
Fatih Birol, de la Agencia Internacional
de la Energía, habló del problema de suministro,
de la contaminación que producen las emisiones de dióxido
de carbono y del problema de acceso que enfrentan los países
pobres, como los grandes desafíos que se deben de afrontar
de cara al futuro inmediato.
Guillermo de la Dehesa, presidente
de Mercapital, destacó que la subida de precios del petróleo
ha supuesto que el crecimiento acumulado mundial se ha reducido
en dos puntos en los últimos tres años y medio.
Otros ponentes, como Andrey Konoplyanik, embajador secretario
del Tratado de Energía, pusieron el acento en la necesidad
de que el mercado energético aumente los flujos de inversión
y reduzca riesgos al aumentar la vinculación entre energía
y Estado de Derecho.
Por su parte, Jannik Lindbaek,
de Statoil, hizo mención a un proyecto que supone otra
manera de afrontar los riesgos del cambio climático: una
iniciativa que su empresa ha desarrollado junto a otra compañía
noruega y que consiste en atrapar las emisiones de CO2 y aprovecharlas
en las refinerías, transformar residuo en valor.
Una idea que Felipe González
también se permitió recuperar en su intervención
al plantear la posibilidad de crear una industria de recuperación
del medio ambiente. Un criterio, el de la sostenibilidad, en el
que también incidió el ex primer ministro de Portugal
Antonio Guterres.
Guterres ha acudido en representación
de la representación civil como alto comisionado para la
ONU de los refugiados. El ex presidente portugués ha considerado
que la seguridad, la equidad y las sostenibilidad son los tres
principales problemas que se han de afrontar en materia energética.
Sobre ellos, citó dos posibles enfoques: el que considera
que el marco actual puede solucionar los problemas energéticos
y el que cree que habrá que cambiar de marco.
No obstante, para Guterres una
cosa sí está clara: con el marco actual no se avanzará
en equidad ni en sostenibilidad. Por ello cree que la cuestión
clave no es tanto incorporar EEUU a Kyoto, como inciar un marco
post-Kyoto. Además, en la línea de los representantes
del sector empresarial, incidió en la necesidad de incorporar
en ese nuevo marco criterios como el del Estado de Derecho y el
fortalecimiento de la sociedad civil, que requerirán de
una democratización a escala internacional.
Una propuesta que algunos calificarán
de utópica, pero Guterres les ha respondido que si es utópico
que la sociedad internacional se democratice, también existe
la utopía pragmática que considera que el marco
actual es sostenible. Además la sociedad civil ya se moviliza
en el ámbito internacional en demanda de soluciones que,
en su opinión, acabarán imponiéndose por
ser la única posibilidad a largo plazo: las energías
renovables.
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