|
César Gaviria ha ocupado
casi todos los puestos de responsabilidad a los que podía
aspirar. Quizá por eso hace gala de un especial optimismo
a la hora de analizar los desafíos energéticos a
los que se enfrenta la sociedad internacional. Gaviria cree también
que a la región le espera un panorama muy positivo y que
las políticas económicas que estos países
han aplicado no estaban equivocadas. El ex presidente de Colombia,
en el área izquierda del Partido Liberal colombiano (PL)
que lidera, se muestra convencido de las virtudes del liberalismo.
Sin embargo, también reivindica el papel de las instituciones.
-En contraposición a
los discursos de Felipe González y Antonio Guterres (reunidos
al igual que Gaviria en la Conferencia del Club de Madrid), su
opinión sobre los desafíos energéticos ha
resultado mucho más positiva...
-Sí, sí, hay cierta diferencia. Yo creo que no solamente
en Latinoamérica, sino en toda América, incluyendo
a EEUU y Canadá. La sensación es más positiva,
tal vez porque estamos creciendo mejor que Europa y eso es una
tendencia que ya viene de tiempo atrás. También
porque es una región mucho más positiva en materia
de energía, no EEUU, pero sí Latinoamérica,
particularmente la región andina, donde estamos viendo
surgir la nueva producción de gas, de carbón, el
etanol, el biodiesel. Esa sensación de que se está
produciendo, digamos energía alternativa, crea cierta diferencia
con Europa que se ve un poco más limitada en sus opciones
y en sus alternativas. No es que la situación sea diferente,
los problemas y los desafíos son iguales, pero no la sensación
de que se va avanzar a una solución del problema.
-Sin embargo, pese a ese panorama,
los últimos conflictos energéticos entre, por ejemplo,
Chile y Argentina, Bolivia y Brasil... apuntan a la necesidad
de cierta concertación que ahora mismo no se está
produciendo...
-Claro, claro que hay problemas... En el Cono Sur hay problemas
de previsión de la energía, de crear centros completamente
confiables sin el tipo de conflictos que se han presentado. Hay
grandes desafíos. En la región andina hay problemas
de naturaleza política muy serios, pero también
es una región que está desarrollando nuevos recursos
energéticos. Pero claro que hay conflictos que pueden llegar
a ser muy dañinos. Bolivia está en su derecho en
materia del uso de sus recursos naturales, pero no puede subestimar
las consecuencias económicas que esas decisiones le van
a traer, que yo creo que van a ser negativas.
-En su opinión, ¿por
qué los proceso de integración regional no acaban
de consolidarse definitivamente?
-Está muy difícil hablar de toda la región
sin hablar de los países. Hay países que tienen
un enorme potencial y que nadie diría que no van a crecer
en el futuro como México o Brasil. A pesar de que no están
creciendo bien, todo el mundo les reconoce su gran potencial.
En la región andina tenemos problemas de naturaleza política,
más que económica. En general están creciendo
bien todos los países de la subregión: Perú,
Colombia, Ecuador... Son ya tres años de crecimiento que
han cambiando todo el clima de pesimismo que se había creado
en la región por la dificultad del periodo recesivo que
empezó prácticamente en el año 94 y terminó
hace un par de años.
-¿Qué perspectivas
se abren para la Comunidad Andina de Naciones (CAN) con la reincorporación
de Chile?
-Para la Comunidad Andina es importante la presencia de Chile,
que es un país que tiene una política económica
y social bastante acertada. Es el país que tiene más
garantizado un buen crecimiento en los años que quedan
por venir. Es una buena noticia. De todas maneras, hay que tener
presente que con las economías mucho más abiertas,
con los aranceles más bajos que tenemos hoy, los grupos
regionales no son tan decisivos en las economías. La apertura
de las economías tiene esa virtud: hace a los países
menos dependientes y vulnerables.
-Sin embargo, mientras la CAN
avanza, el Área de Libre Comercio de las Américas
(ALCA) está estancada...
-El ALCA se estancó porque dependía mucho de las
negociaciones de Doha en dos áreas críticas: en
agricultura y subsidios y en resolución de controversias.
Los acuerdos de la creación del ALCA estaban amarrados
a ese par de soluciones en Doha y como quiera que la ronda de
Doha no ha salido, eso es lo que ha impedido que se pueda avanzar
en el ALCA. Se habla mucho de razones ideológicas y de
las preocupaciones de Brasil y Argentina, que yo creo que son
legítimas, pero que tienen mucho que ver con estas dos
áreas.
-El actual secretario general
de la Organización de Estado Americanos (OEA), José
Miguel Insulza decía que el problema reside en que
en las materias económicas internacionales este tipo de
organismos deben mantenerse siempre en movimiento...
-La OEA es una institución pequeña. Es un paraguas
detrás del cual se administran problemas de naturaleza
política y económica de distinto alcance, pero los
problemas de América no se pueden mirar a la luz de la
OEA. No es un mecanismo que genere crecimiento, inversión
o relaciones económicas. Se usa un poco para las negociaciones,
pero en sí misma es una institución muy pequeña
que no incide mucho en situaciones de orden económico,
ni tiene capacidad para hacer una diferencia.
-Insulza también decía
que este tipo de organismos necesitan ajustarse mejor a la realidad...
-Yo creo que es una lástima que no haya salido lo del ALCA.
Eso hubiera creado un sentido de solidaridad mucho más
grande del que tenemos y mientras no salga la Ronda de Doha, no
vamos a saber si se va a crear el ALCA. Entonces, hemos entrado
en un periodo de acuerdos bilaterales, que no tienen el mismo
peso y significación y que tienen algunos inconvenientes.
Desde luego, pueden ser mejor que nada después de un esfuerzo
de negociación tan grande como el que se ha hecho.
-En su época de secretario
general de la OEA mostró un especial interés por
la defensa de los Derechos Humanos. Ahora hay quien dice que algunos
nuevos Gobiernos, además de Cuba, son una amenaza. ¿Cómo
valora la situación?
-América tiene instituciones para proteger los Derechos
Humanos que son tal vez la mejor parte del sistema. La Corte Interamericana
de Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos son instrumentos útiles y poderosos para protegerlos
en la región y no son para nada complacientes. Son severos
con los países, claramente muestran los problemas, están
trabajando mucho más en las soluciones amistosas... Las
instituciones obviamente señalan todos los problemas, los
que hay en Cuba, también los que hay en Venezuela y los
que hay en Colombia. Ellos son críticos y prestan un gran
servicio a la democracia latinoamericana.
-También se habla del
auge del indíginismo como amenaza ¿Comparte esta
valoración?
-Yo no pondría al indeginismo como una amenaza. Lo que
sí es cierto es que hay una gran tendencia de las ONG y
de grupos muy grandes indígenas por una política
de no integrarse a las otras sociedades y a las otras economías.
Eso desde luego genera tensiones y conflictos que no hay que esconder,
pero eso no significa que la voluntad del indeginismo o de los
pueblos indígenas a no integrarse a las otras sociedades
y a preservar todo lo que le es esencial, sea mala. ¿Crea
tensiones? Sí, pero no se puede considerar en sí
mismo malo. Es una decisión que toman esos grupos y esas
comunidades y ya hemos visto que en varios países se han
creado problemas serios, pero también hay derechos que
respetar de estas comunidades como la legitimidad de sus aspiraciones
y de sus reclamos.
-En su época de presidente
de Colombia se alabó el progreso económico del país,
pero se criticó la falta de avances en lo social...
-No sólo Colombia, sino América Latina tiene problemas
enormes para enfrentar los asuntos de la pobreza y de la desigualdad.
Las grandes limitaciones de nuestros países hoy son esas.
Ni siquiera están referidas a temas económicos y
de crecimiento, sino fundamentalmente a esas cuestiones. Muchos
hablan de que esos problemas son del modelo económico.
Yo no comparto esa visión, creo que esas debilidades vienen
de las instituciones del Estado, de las políticas del Estado.
Lo que hay que hacer es retomar esa capacidad de intervención
de las instituciones y esas políticas. Mejorar los sistemas
educativos y los de salud. Eso nos ayudaría mucho a poder
encauzar esos asuntos con eficacia. Ese problema que existía
cuando yo fuí presidente existe hoy, y no sólo en
Colombia, sino en casi todos los países americanos.
-¿Cree que encuentros
como las Cumbres Iberoamericanas pueden ayudar en esta materia?
-Son útiles, son muy útiles. El esfuerzo de los
organismos multilaterales es muy útil, pero los avances
son muy limitados.
-¿Cómo valora
la situación actual de Colombia y el sempiterno problema
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC)?
-Es difícil hablar genéricamente de esos problemas.
Colombia tiene una complicación que es única en
el mundo y es la de tener grupos guerrilleros y paramilitares
financiados de manera fundamental por el narcotráfico.
Eso le ha creado muchas complicaciones a Colombia porque tenemos
grupos que son terroristas, que son narcotraficantes y que están
en rebelión, también desde el punto de vista político.
Esas complicaciones son explosivas y hacen muy difícil
actuar con eficacia. Colombia va avanzando. Yo creo que ya dejamos
atrás un periodo muy malo en que se tuvo la idea de que
Colombia no podía avanzar si no resolvía sus problemas.
Colombia está avanzando y todos esperamos que en los próximos
años podamos resolver esos problemas, que son muy de la
sociedad colombiana, pero también tiene mucho que ver con
la comunidad internacional: el narcotráfico.
-En el ámbito personal,
¿cuáles son sus expectativas de cara al futuro?
-A nivel personal no tengo ninguna expectativa excepto la de que
mi partido se recupere y yo creo que estamos bien encaminados
y que vamos a conseguir ese objetivo.
|