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Año VII - Madrid, viernes 20 de octubre de 2006
 
Reportaje
 
César Gaviria, ex presidente de Colombia y ex secretario general de la OEA
 
"En América Latina existe la sensación de que se va a avanzar hacia una solución del problema energético"

David Penado

 

César Gaviria ha ocupado casi todos los puestos de responsabilidad a los que podía aspirar. Quizá por eso hace gala de un especial optimismo a la hora de analizar los desafíos energéticos a los que se enfrenta la sociedad internacional. Gaviria cree también que a la región le espera un panorama muy positivo y que las políticas económicas que estos países han aplicado no estaban equivocadas. El ex presidente de Colombia, en el área izquierda del Partido Liberal colombiano (PL) que lidera, se muestra convencido de las virtudes del liberalismo. Sin embargo, también reivindica el papel de las instituciones.

-En contraposición a los discursos de Felipe González y Antonio Guterres (reunidos al igual que Gaviria en la Conferencia del Club de Madrid), su opinión sobre los desafíos energéticos ha resultado mucho más positiva...
-Sí, sí, hay cierta diferencia. Yo creo que no solamente en Latinoamérica, sino en toda América, incluyendo a EEUU y Canadá. La sensación es más positiva, tal vez porque estamos creciendo mejor que Europa y eso es una tendencia que ya viene de tiempo atrás. También porque es una región mucho más positiva en materia de energía, no EEUU, pero sí Latinoamérica, particularmente la región andina, donde estamos viendo surgir la nueva producción de gas, de carbón, el etanol, el biodiesel. Esa sensación de que se está produciendo, digamos energía alternativa, crea cierta diferencia con Europa que se ve un poco más limitada en sus opciones y en sus alternativas. No es que la situación sea diferente, los problemas y los desafíos son iguales, pero no la sensación de que se va avanzar a una solución del problema.

-Sin embargo, pese a ese panorama, los últimos conflictos energéticos entre, por ejemplo, Chile y Argentina, Bolivia y Brasil... apuntan a la necesidad de cierta concertación que ahora mismo no se está produciendo...
-Claro, claro que hay problemas... En el Cono Sur hay problemas de previsión de la energía, de crear centros completamente confiables sin el tipo de conflictos que se han presentado. Hay grandes desafíos. En la región andina hay problemas de naturaleza política muy serios, pero también es una región que está desarrollando nuevos recursos energéticos. Pero claro que hay conflictos que pueden llegar a ser muy dañinos. Bolivia está en su derecho en materia del uso de sus recursos naturales, pero no puede subestimar las consecuencias económicas que esas decisiones le van a traer, que yo creo que van a ser negativas.

-En su opinión, ¿por qué los proceso de integración regional no acaban de consolidarse definitivamente?
-Está muy difícil hablar de toda la región sin hablar de los países. Hay países que tienen un enorme potencial y que nadie diría que no van a crecer en el futuro como México o Brasil. A pesar de que no están creciendo bien, todo el mundo les reconoce su gran potencial. En la región andina tenemos problemas de naturaleza política, más que económica. En general están creciendo bien todos los países de la subregión: Perú, Colombia, Ecuador... Son ya tres años de crecimiento que han cambiando todo el clima de pesimismo que se había creado en la región por la dificultad del periodo recesivo que empezó prácticamente en el año 94 y terminó hace un par de años.

-¿Qué perspectivas se abren para la Comunidad Andina de Naciones (CAN) con la reincorporación de Chile?
-Para la Comunidad Andina es importante la presencia de Chile, que es un país que tiene una política económica y social bastante acertada. Es el país que tiene más garantizado un buen crecimiento en los años que quedan por venir. Es una buena noticia. De todas maneras, hay que tener presente que con las economías mucho más abiertas, con los aranceles más bajos que tenemos hoy, los grupos regionales no son tan decisivos en las economías. La apertura de las economías tiene esa virtud: hace a los países menos dependientes y vulnerables.

-Sin embargo, mientras la CAN avanza, el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) está estancada...
-El ALCA se estancó porque dependía mucho de las negociaciones de Doha en dos áreas críticas: en agricultura y subsidios y en resolución de controversias. Los acuerdos de la creación del ALCA estaban amarrados a ese par de soluciones en Doha y como quiera que la ronda de Doha no ha salido, eso es lo que ha impedido que se pueda avanzar en el ALCA. Se habla mucho de razones ideológicas y de las preocupaciones de Brasil y Argentina, que yo creo que son legítimas, pero que tienen mucho que ver con estas dos áreas.

-El actual secretario general de la Organización de Estado Americanos (OEA), José Miguel Insulza decía que el problema reside en que en las materias económicas internacionales este tipo de organismos deben mantenerse siempre en movimiento...
-La OEA es una institución pequeña. Es un paraguas detrás del cual se administran problemas de naturaleza política y económica de distinto alcance, pero los problemas de América no se pueden mirar a la luz de la OEA. No es un mecanismo que genere crecimiento, inversión o relaciones económicas. Se usa un poco para las negociaciones, pero en sí misma es una institución muy pequeña que no incide mucho en situaciones de orden económico, ni tiene capacidad para hacer una diferencia.

-Insulza también decía que este tipo de organismos necesitan ajustarse mejor a la realidad...
-Yo creo que es una lástima que no haya salido lo del ALCA. Eso hubiera creado un sentido de solidaridad mucho más grande del que tenemos y mientras no salga la Ronda de Doha, no vamos a saber si se va a crear el ALCA. Entonces, hemos entrado en un periodo de acuerdos bilaterales, que no tienen el mismo peso y significación y que tienen algunos inconvenientes. Desde luego, pueden ser mejor que nada después de un esfuerzo de negociación tan grande como el que se ha hecho.

-En su época de secretario general de la OEA mostró un especial interés por la defensa de los Derechos Humanos. Ahora hay quien dice que algunos nuevos Gobiernos, además de Cuba, son una amenaza. ¿Cómo valora la situación?
-América tiene instituciones para proteger los Derechos Humanos que son tal vez la mejor parte del sistema. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos son instrumentos útiles y poderosos para protegerlos en la región y no son para nada complacientes. Son severos con los países, claramente muestran los problemas, están trabajando mucho más en las soluciones amistosas... Las instituciones obviamente señalan todos los problemas, los que hay en Cuba, también los que hay en Venezuela y los que hay en Colombia. Ellos son críticos y prestan un gran servicio a la democracia latinoamericana.

-También se habla del auge del indíginismo como amenaza ¿Comparte esta valoración?
-Yo no pondría al indeginismo como una amenaza. Lo que sí es cierto es que hay una gran tendencia de las ONG y de grupos muy grandes indígenas por una política de no integrarse a las otras sociedades y a las otras economías. Eso desde luego genera tensiones y conflictos que no hay que esconder, pero eso no significa que la voluntad del indeginismo o de los pueblos indígenas a no integrarse a las otras sociedades y a preservar todo lo que le es esencial, sea mala. ¿Crea tensiones? Sí, pero no se puede considerar en sí mismo malo. Es una decisión que toman esos grupos y esas comunidades y ya hemos visto que en varios países se han creado problemas serios, pero también hay derechos que respetar de estas comunidades como la legitimidad de sus aspiraciones y de sus reclamos.

-En su época de presidente de Colombia se alabó el progreso económico del país, pero se criticó la falta de avances en lo social...
-No sólo Colombia, sino América Latina tiene problemas enormes para enfrentar los asuntos de la pobreza y de la desigualdad. Las grandes limitaciones de nuestros países hoy son esas. Ni siquiera están referidas a temas económicos y de crecimiento, sino fundamentalmente a esas cuestiones. Muchos hablan de que esos problemas son del modelo económico. Yo no comparto esa visión, creo que esas debilidades vienen de las instituciones del Estado, de las políticas del Estado. Lo que hay que hacer es retomar esa capacidad de intervención de las instituciones y esas políticas. Mejorar los sistemas educativos y los de salud. Eso nos ayudaría mucho a poder encauzar esos asuntos con eficacia. Ese problema que existía cuando yo fuí presidente existe hoy, y no sólo en Colombia, sino en casi todos los países americanos.

-¿Cree que encuentros como las Cumbres Iberoamericanas pueden ayudar en esta materia?
-Son útiles, son muy útiles. El esfuerzo de los organismos multilaterales es muy útil, pero los avances son muy limitados.

-¿Cómo valora la situación actual de Colombia y el sempiterno problema de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC)?
-Es difícil hablar genéricamente de esos problemas. Colombia tiene una complicación que es única en el mundo y es la de tener grupos guerrilleros y paramilitares financiados de manera fundamental por el narcotráfico. Eso le ha creado muchas complicaciones a Colombia porque tenemos grupos que son terroristas, que son narcotraficantes y que están en rebelión, también desde el punto de vista político. Esas complicaciones son explosivas y hacen muy difícil actuar con eficacia. Colombia va avanzando. Yo creo que ya dejamos atrás un periodo muy malo en que se tuvo la idea de que Colombia no podía avanzar si no resolvía sus problemas. Colombia está avanzando y todos esperamos que en los próximos años podamos resolver esos problemas, que son muy de la sociedad colombiana, pero también tiene mucho que ver con la comunidad internacional: el narcotráfico.

-En el ámbito personal, ¿cuáles son sus expectativas de cara al futuro?
-A nivel personal no tengo ninguna expectativa excepto la de que mi partido se recupere y yo creo que estamos bien encaminados y que vamos a conseguir ese objetivo.

 
 

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