| En
la línea de la nacionalización de los recursos naturales
del país andino, el Ejecutivo boliviano está estudiando
la reapropiación estatal de las minas, un proyecto cuyas
líneas básicas serán esclarecidas el próximo
31 de octubre. La incertidumbre de los inversores privados, así
como el escepticismo de los mineros cooperativistas, plantean
serias dudas sobre el plan gubernamental. Y las recientes heridas
del conflicto de Huanuni todavía no se han cerrado.
El presidente boliviano afirmó
el pasado domingo que la riqueza minera de su país pasará
a manos del Estado "bajo el control social del pueblo".
Esta afirmación la hizo pública al anunciar una
medida que podría aprobarse el próximo 31 de octubre,
la misma fecha de la anterior nacionalización minera, en
1952, y que se deshizo tres décadas después de su
aprobación.
Morales formuló el anuncio en una ceremonia
de entrega de 30 tractores a los sindicatos agrarios del poblado
andino de Challapata. "Habrá sorpresas con el estaño,
la plata y el oro, esos minerales tienen que pasar al Estado boliviano
bajo el control social del pueblo boliviano", apuntó
el mandatario.
Asimismo, el nuevo ministro de Minería del
país, Guillermo Dalence, anticipó la semana pasada
que en el 31 de octubre iban a haber "novedades de la política
minera de Bolivia, porque es el aniversario de la nacionalización
de las minas". La minería boliviana se encuentra actualmente
en manos privadas, después de que en 1985 fuese revertida
la nacionalización, provocando que unos 30.000 mineros
estatales quedaran en la calle.
Para intentar evitar la oposición del reticente
sector privado, el Gobierno boliviano reafirmó el lunes
pasado que el plan minero de reactivación de la minería
estatal que empezará a funcionar a finales de este mes,
y que será parecido a la nacionalización de los
hidrocarburos decretada en mayo, no afectará a las inversiones
privadas.
Así lo señaló el vicepresidente
de Bolivia, Álvaro García Linera, quien dijo ante
los periodistas que el inversor privado "no tiene de qué
preocuparse".
"El presidente (Evo Morales) está trabajando
en eso (en la reactivación de la corporación minera
estatal Comibol), pero la inversión privada extranjera
y local, que invierte, que genera empleo, no se toca," indicó
García Linera.
La declaración del vicepresidente se produjo
en momentos en los que el Ejecutivo boliviano ultima los detalles
para la firma de un contrato con la compañía india
Jindal Steel and Power que contempla una inversión de 2.100
millones de dólares (1.675 millones de euros) en la explotación
del gigantesco yacimiento de hierro de El Mutún.
Por otra parte, la Federación Nacional de
Cooperativas Mineras (Fencomin), cuyos afiliados se enfrentaron
a los mineros estatales en las minas de estaño de Huanuni
provocando 16 muertos y 61 heridos, según cifras oficiales,
se muestra escéptica ante la propuesta del Gobierno de
Bolivia de contratar a 4.000 cooperativistas en la Empresa Minera
Huanuni, una compañía estatal nueva creada por el
Ejecutivo para acabar con el conflicto que ocurrió hace
algo más de una semana.
Según un representante sindical de Fencomin,
Pascual Huarachi, la oferta del ministro de Minería, Guillermo
Dalence, para fijar un salario medio mensual de 400 dólares
(319 euros) para los 4.000 cooperativistas en el yacimiento de
Posokoni (Huanuni), es "un engaño".
Sin embargo, Huarachi ha dejado en manos de los
mineros de Fencomin, que reúne a 64.000 trabajadores en
todo el país, la decisión final de aceptar o no
la oferta del Gobierno.
A su vez, el portavoz de la filial de Fencomin en
la región de Huanuni, Prudencio Pacheco, ha anunciado que
la oferta gubernamental tendrá una respuesta consensuada
de los cooperativistas el próximo martes.
A pesar de los esfuerzos del Ministerio de Minería,
parece que al Gobierno del país andino se le abre un nuevo
frente de resistencia. Pero ya no son sólo las empresas
privadas opuestas a las nacionalizaciones de los recursos del
país, sino parte de los bolivianos que votaron a Evo Morales:
los mineros cooperativistas de Fencomin.
|