| El
fiscal general, de EEUU, Alberto Gonzales, enmarcó esta
semana su visita a España en el deseo de la Administración
Bush de explicar a la opinión pública española
la política antiterrorista estadounidense que considera
que es “mal entendida en Europa” por estar basada
en un ordenamiento jurídico diferente.
Gonzales hizo estas afirmaciones en una rueda de prensa conjunta
con el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido,
el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, tras
la quinta reunión de trabajo que mantuvieron para profundizar
en la cooperación España-EEUU en materia de terrorismo.
La conferencia de prensa era esperada con gran expectación
por más de un centenar de periodistas, que se quedaron
sorprendidos por el hecho de Gonzales, a pesar de ser el primer
hispano que ocupa el cargo de fiscal general en EEUU, no hablara
ni una palabra de español, lo que hizo necesario el uso
de traducción simultánea.
A pesar de lo mucho que se esperaba del acto, finalmente el fiscal
estadounidense sólo respondió a dos preguntas y
pasó de puntillas sobre el denominado proceso de paz español,
del que dijo no iba a hacer comentarios por tratarse de asunto
de política interior española.
Respecto a la polémica suscitada en Europa sobre ley que
autoriza al Gobierno de EEUU para detener, interrogar y enjuiciar
a los sospechosos de terrorismo y llevarlos ante tribunales militares,
aprobada recientemente por el Congreso estadounidense, el fiscal
dijo que esta normativa refleja la preocupación de su gobierno
porque “estamos en guerra contra el enemigo” para
a continuación quejarse de las críticas que está
recibiendo en el Viejo Continente dicha normativa que “perjudica
la imagen de EEUU”. Acto seguido, el fiscal dijo que su
país es “el faro de la esperanza” y el líder
del mundo” y que sus actuaciones antiterroristas respetan
el Estado de Derecho.
El fiscal general de EEUU dijo desconocer las sentencias españolas
que consideran nulas las pruebas presentadas contra presos españoles
encarcelados en Guantánamo por considerarlos un “limbo
jurídico” y, después, se puso a explicar el
debate que existe en su país respecto a las pruebas obtenidas
mediante tortura, aunque echó balones fuera al asegurar
que la decisión final al respecto la tomará una
comisión militar.
Las alusiones a los interrogatorios con tortura, sobre los que
ningún periodista le preguntó, sorprendieron a su
concurrencia, ya que antes de su nombramiento, y cuando era asesor
legal de la casa Blanca, su nombre quedó envuelto en cierta
polémica por su participación en la redacción
de un informe defendiendo que la Convención de Ginebra
no se puede aplicar a los presos capturados en Afganistán
y encarcelados en la base militar de Guantánamo, así
como en otros estudios oficiales en los que justificaba el uso
de la tortura con supuestos terroristas. |