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El Club de Madrid (CdM) finalizó su V Conferencia
Anual "Energía y Liderazgo Democrático: Desafíos"
con un llamamiento urgente a la acción a los líderes
políticos mundiales. En su declaración final, el
CdM considera que la humanidad se encuentra en un punto crítico
de inflexión con motivo de los desafíos que plantea
el cambio climático y el acceso a los recursos energéticos.
Además, también se destacaron las singularidades
que caracterizan a la región de América Latina.
Ricardo Lagos, ex presidente de Chile y nuevo
presidente del Club de Madrid, señaló en el acto
de clausura de la Conferencia que el plazo para que las vulnerabilidades
que se derivarán del cambio climático y del incipiente
agotamiento de los recursos energéticos no renovables se
hagan patentes es de tan sólo 15 años. Por este
motivo, concluyó, "las medidas tienen que tomarse
hoy".
Mientras que Enrique Iglesias,
máximo responsable de la Secretaría General Iberoamericana
(Segib), puso el acento en la mesa redonda con su charla
titulada "Desafíos
Globales del Siglo XXI: Cambio Climático, Energía
y Liderazgo Democrático", con la que se clausuró la Conferencia
en que el panorama energético que existe en América
Latina la diferencia de otras regiones del mundo por cinco rasgos
fundamentales.
De estos cinco rasgos, dos se asocian directamente
con la materia: En la región se crece a un ritmo "como
no se conocía desde hace 25 años", lo que supone
una demanda cada vez mayor de energía, y la región
dispone de recursos energéticos "como no sucede en
ninguna otra parte del mundo".
Mientras que las tres restantes características
se asocian con los desafíos que se derivan de estas circunstancias:
la existencia de un 40% de pobres que se deberían de beneficiar
del desarrollo y de la riqueza energética; la necesidad
de mantener los régimenes democráticos y de fortalecer
la sociedad civil, cada vez más presente en la zona; y
la conveniencia de aprovechar que, en su opinión, América
Latina cuenta con la experiencia regional más larga y profunda
en materia de cooperación.
Por todas estas singularidades, Iglesias señaló
que una mayor integración, basada en el fortalecimiento
de los mecanismos de cooperación y en el respeto medioambiental,
daría como resultado un refuerzo de la seguridad energética
para los países de la región y para todos sus ciudadanos.
Sin embargo, la tónica fundamental fue la
de poner una vez más el dedo en la llaga que ya habían
señalado Felipe Gónzalez y Antonio Guterres,
ex presidentes y primer ministro de España y Portugal,
respectivamente: la falta de voluntad política por parte
de dirigentes, líderes y ciudadanos a la hora de enfrentarse
a estas verdades y actuar en consonancia.
Las conclusiones finales incidieron así
en la necesidad de que los gobiernos democráticos adopten
medidas que además de evitar las consecuencias económicas
que supondría una futura crisis energética, garanticen
también que los beneficios de la energía se reparten
equitativamente tanto entre los distintos países como en
el interior de los mismos.
Javier Solana, alto comisionado de la Unión
Europea (UE) para una Política Exterior y de Seguridad
Común (PESC), señaló la importancia de un
diálogo entre países desarollados para consumir
menos, ya que bastaría con que cada habitante de EEUU consumiese
lo mismo que uno de la UE para que se ahorrase, cada día,
toda la energía que necesita Irán.
Solana señaló que las soluciones
pasan, por ello, además de por el ahorro, por las energías
renovables y por rescatar el debate en torno a las nucleares.
En su opinión, hoy en día, nos encontramos ante
un cambio de paradigma en la sociedad internacional ya que la
mayoría de los asuntos que se tratan en el Consejo de Seguridad
de la ONU ya no tienen que ver con lo ideológico, sino
con la energía. De esta forma, otro de los motivos
para apoyar la acción en esta materia, sería asegurar
la independencia de los países frente a los gobiernos que intentan
aprovechar la Energía para oprimir a sus pueblos y obtener
ventajas en la arena internacional.
Por este motivo, en la presentación de
las conclusiones también se apuntó a la necesidad
de un concepto más amplio de seguridad energética.
Bajo esta nueva concepción, la seguridad ya no sólo
iría equiparada al suministro, sino también a un
reparto equitativo de sus beneficios, tanto entre países
como dentro de las sociedades que los integran.
Algunas de las medidas que contribuirían
a esta mayor equidad serían la integración energética,
el aumento de los ciclos de inversión mediante el logro
de la previsión de los ciclos de la demanda y la oferta,
la creación de estándares públicos o la necesidad
de fortalecer y hacer más transparentes los marcos
regulatorios.
En este sentido, se elogió la Iniciativa
por la Transparencia de las Industrias Extractivas (EITI en sus
siglas en inglés) y desde el Club de Madrid se instó
a todos los gobiernos a apoyar y aplicar sus normas lo antes posible
ya que las prácticas de transparencia y supervisión
de los ingresos son un paso importante para garantizar el bien
común de los recursos.
También se apoyó de manera decidida
la ratificación del Tratado de la Carta de la Energía
(Energy Charter) y las negociaciones de su Protocolo de Tránsito
como forma de diseñar una hoja de ruta que permita mejorar
las previsiones en materia de oferta y demanda energética.
Ana de Palacio, vicepresidenta del Banco Mundial,
señaló por su parte que la información crea
efectividad dentro del marco de la Ley. Por este motivo, Rut Diamint,
profesora de Ciencia Política, incidió en la necesidad
de apoyar a los defensores de la democracia y los derechos humanos
en los países que carecen de las garantías necesarias.
Feng Gao, secretario ejecutivo adjunto de la
Convención Marco de la ONU sobre el cambio climático,
también señaló la necesidad de apoyar a los
países en desarrollo con transferencia de tecnología
que les permita ahorro en su consumo y eficacia en la producción
energética.
Una línea en la que también incidió
Ricardo Lagos al hablar de la necesidad de equidad y al señalar:
"Todos somos responsables, pero unos más que otros
y el grueso de la responsabilidad está en los grandes consumidores".
Desde la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico (OCDE), su secretario general,
Ángel Gurría, retomó el argumento de que
algunas medidas no pueden esperar por más tiempo y puso
el ejemplo de la construcción de casas inteligentes que
permitirían el ahorro energético. Aunque, en su
opinión, tomar decisiones como esta tendría un coste
de entre una y dos décimas en el crecimiento anual, pero
el que se derivaría de no hacerlo sería mucho mayor.
En definitiva, se planteó la necesidad
de dibujar un panorama de futuro en el que las energías
renovables tengan progresivamente una mayor presencia y en el
que se cree una nueva economía basada en la sostenibilidad.
Para que esto sea posible, Solana reafirmó la necesidad
de un diálogo más extenso y eficiente entre países
ricos consumidores y países productores.
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