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Luis Alberto Lacalle fue presidente
de Uruguay entre 1990 y 1995 y continúa siendo uno de los
miembros destacados del Partido Nacional (PN), en el que ya su
abuelo lideró una de sus facciones: el Herrerismo. Lacalle
ha representado la opción por las políticas liberales
en América Latina y se opone a que el Mercosur, del que
fue cofundador, tomé un cariz político que lo distraiga
de la que, en su opinión, debe de ser la única función
del bloque: posibilitar el libre comercio entre sus socios. El
ex presidente uruguayo, que visitó Madrid con motivo de
la V Conferencia Anual del Club de Madrid, es un hombre seguro
de sí mismo, bromista, en ocasiones burlón, que
cuando empieza la entrevista cambia su semblante y procede concentrado
a responder a las preguntas.
-El Club de Madrid se ha reunido
con el propósito de abordar y analizar el panorama y los
desafíos energéticos. En su opinión, ¿Cuál
es la situación de América Latina en esta materia?
-Sin pretender ser una especialista en el tema digamos que la
situación de las reservas energéticas de la parte
de América del sur donde yo vivo es paradójica,
porque tenemos importantísimos recursos -Bolivia es una
de las más grandes reservas de gas del mundo- y, hemos
realizado durante anteriores Gobiernos, por delante del mío,
labores de interconexión de gasoductos y de interconexión
eléctrica; sin embargo, estamos ante una situación
paradójica, por tener los recursos pero no saber administrarlos
internacionalmente de forma comunitaria. Incluso hemos llegado
al absurdo de que Chile vaya a traer gas de Indonesia y Brasil
lo traiga del Golfo Pérsico. Entonces, ha sido muy importante
esta conferencia del Club de Madrid porque pone claro que con
la Carta energética, que es la tarea a la que me voy a
dedicar a partir de ahora, lograremos, por sentido común
y por sentido de la conservación, que los países
nos interconectemos en materia energética realmente, físicamente,
pero también jurídicamente, con certezas. Porque
lo que falta son certezas jurídicas de que yo contrato
con un país y me va a suministrar lo que he contratado.
-También se ha apuntado en la reunión
a que gran parte de las soluciones pasan por la integración
regional. De hecho, usted fue cofundador de Mercosur; sin embargo,
parece que los procesos de integración regional no acaban
de avanzar en la región...
-Efectivamente, Mercosur fue establecido cuando yo era presidente.
En el año 91 se firmó el tratado de Asunción...
pero aclaremos una vez más, porque esta es una discusión
que tenemos ahora muy cerca en el río de la Plata, el Mercosur
es una asociación exclusivamente económica y comercial.
Así nació y así debió y debe ser.
¿Qué esto acarreará dificultades? Sí, señor.
Toda organización de integración económica
produce, cuando liberaliza los flujos de mercaderías y
de bienes y de servicios, rigideces. Pero justamente para eso
se organizaba: para que las cosas que anduvieran bien, anduvieran
bien, y las que andaban mal, o andan mal, se solucionaran. Primero
con la negociación y después con el laudo del Tribunal
arbitral que tenemos. Este camino no es el que se ha seguido,
sino que con esta 'pseudo-ideología' de algunos
Gobiernos de la zona, se ha inventado, y digo inventado porque
no tiene sustento jurídico, un nuevo fin político.
¿Para qué? Nadie sabe. Solo para crear dificultades.
Se está a punto de aprobar un Parlamento de Mercosur al
cual nos oponemos nosotros. Creemos que una asociación
política es lo que menos necesita el Mercosur, que lo que
necesita es funcionar en el ámbito comercial y mantener
la independencia en materia política. Además, está
la incorporación de Venezuela como socio político
que no agrega nada y... ¡Cuidado! Yo estoy en contra de
cualquier socio político, no Venezuela en particular, si
fuese Colombia, o fuese Ecuador, tendríamos la misma posición.
Pero, además en el caso de Venezuela sucede que tiene un
Gobierno y un presidente con una actuación, llamémosla
así, un tanto peculiar, que tiene una línea muy
propia, que él la puede seguir, pero nosotros no tenemos
porque asociarnos a la misma. En síntesis, Mercosur ha
dejado el camino original, sustancial y bueno, que era una asociación
para el fomento del comercio, y se ha desviado hacia fines políticos
que no le van a llevar a buen puerto.
-Pero, ¿No cree que como ha sucedido en
la UE para avanzar en la integración económica,
es necesario también profundizar en lo político?
-Sí, pero lo que pasa es que tenemos la obsesión de imitar
a la UE cuando no es así. Cada región tiene sus
peculiaridades. Pero además aquí (en Europa) se
han logrado metas de integración económica que nosotros
ni las vemos en el horizonte. Entonces, primero, no creo que tengamos
que seguir el camino de la UE, ya que cada región tiene
sus propias características, y segundo, logremos primero
que Mercosur funcione comercial y económicamente bien,
lo que nos llevará toda una generación, y después
Dios proveerá. Ahora, no anda lo comercial y queremos ir
por lo político, que siempre es mucho más volátil,
mucho más imprevisible, porque cambian los Gobiernos, cambian
las alianzas y creo que el Parlamento se va a convertir en una
institución de puro conflicto que, o se vacía de
contenido, que es lo que yo creo que va a pasar porque solo hay
como una reunión de parlamentarios, o si toman decisiones
van a ser desobedecidas, porque si mañana Argentina, Paraguay,
Uruguay y Venezuela tomamos una decisión contra Brasil,
¿qué pasa con esa decisión? Todos sabemos
que esa decisión no puede ser. Entonces, estamos queriendo
poner la carreta delante de los bueyes. Primero, lo comercial,
que funcione bien, que dé trabajo, que transmita la sensación
de que esa es una zona de paz, de certeza jurídica, donde
vale la pena invertir. Hay bastante por hacer en eso.
-Y ¿es compatible esa unión comercial
con un Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU como se está
proponiendo desde su país?
-Ahí hay una decisión del propio Mercosur que señala
que los países miembros, o sea los cuatro, para que puedan
tomar este tipo de decisiones tienen que lograr el acuerdo de
los demás. Y en ese sentido hay un obstáculo, pero
yo me atrevo a decir que apenas se elija el Gobierno de Brasil,
Brasil va a ser el que va a pedir que se firme un Tratado de Libre
Comercio con EEUU. Pero creo que Uruguay se vio obligado a pensar
en esto porque no funciona el Mercosur. Y entonces que los socios
adviertan que los países más pequeños como
Uruguay y Paraguay no han recibido beneficios mayores de la integración.
-No obstante, Brasil y Argentina propusieron
hace unos meses una especie de fondos, parecidos a los de cohesión
de la UE, para paliar esa situación...
-Sí, una limosna. El tema es el siguiente, yo creo que
Uruguay y Paraguay estuvieron omisos en permitir que la bilateralidad
argentina o brasileña sustituyera a Mercosur. Si la primera
vez que Argentina y Brasil se reúnen y resuelven algo que era
típica competencia de Mercosur, Uruguay y Paraguay hubieran
dicho: "No. ¡Atento! Esto se resuelve entre cuatro".
Entonces, hubiera funcionado el Mercosur. De otra forma, entre
los países grandes se entienden y siempre los que pagan
los platos rotos son los países chicos.
-Otro tema en el que también ha fallado
el Mercosur es en el de las famosas papeleras que su país
proyectó en la fontera con Argentina. ¿Cómo
valora todo lo que ha sucedido en los últimos meses como
el recurso de Argentina al Tribunal de La Haya, las presiones
a las empresas, etc?
-A mi juicio, Uruguay tenía que haber ido al día
siguiente de que se produjeran los cortes de carretera al Mercosur.
Es un típico caso de Mercosur. ¿Por qué?
Porque el Tratado de Asunción en su artículo primero
establece el libre tránsito de mercadorías y servicios
a través de los cuatro países. No se hizo. Cuando
se hizo o se pretendío hacer, Brasil dijo: "No, es
bilateral entre Brasil y Argentina". Por lo tanto se diluyó
el Mercosur. Además, lo que yo veo en esta situación
con Argentina es que no hay voluntad del Gobierno argentino de
solucionar el tema. Propuestas se han hecho muchas, supongo que
debe haber alguna en trámite ahora, pero yo veo que no
hay voluntad alguna. Es más, Argentina ha entrado en un
camino de verdaderas agresiones, porque ir a un organismo de crédito
a decir que no se le dé crédito a la fábrica
para que inviertan en Uruguay me parece que no está de
acuerdo con el espíritu que tiene que reinar en una región
como esa.
-Ya, pero ustedes no pasaron por la Comisión
del río Uruguay como era necesario para aprobar el proyecto...
- Sí. Ahí se cumplieron el 90% de los trámites,
pero yo también digo que después de esa comisión,
que creo que hay una en el momento del trámite de Uruguay,
los cancilleres Bielsa y Operti se reunieron y dijeron que estaba
todo solucionado, que había autorización. Yo tengo
que entender que los ministros de Relaciones Exteriores son más
que una comisión. Y en el mensaje de Kirchner al Congreso
de la Nación argentina, que se puede consultar en la página
de Internet, se habla de que está solucionado el conflicto.
Entonces ese argumento de la comisión me parece un argumento
de procurador para oponerse.
-Últimamente parece que existe cierta
tendencia entre los países de la región de desvincular
su deuda de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI)
y lograr una mayor independencia ¿qué le parece
esta tendencia?
- Yo no conozco exactamente cómo se ha hecho, pero lo que
he leído es que el dinero que se tenía prestado
del FMI pagaba al 5% y ahora se está colocando la deuda
argentina al 8%. Entonces, no es muy racional desde el
punto de vista financiero. Si se quiere una independencia del
FMI, veremos cuánto vale ser independiente y para qué
vale la independencia. Si es para decir, somos independientes,
veremos de cuánto le sirve a Argentina...
-Hombre, el argumento sería el de que
los programas de ajustes que propone el FMI no son los más
convenientes para estos países...
- El FMI es como el médico. Primero, una va a él
voluntariamente. Segundo, dice cosas duras: No hay que fumar,
hay que hacer más ejercicio, hay que comer menos... Ahora,
la persona puede seguir fumando, comiendo y sin hacer ejercicio.
Entonces, el papel del FMI no es agradable, porque cuando el médico
dice eso no nos gusta, pero a veces dice verdades, que porque
más que nos gusten o no, son verdades. También es
cierto que el Fondo ha cambiado mucho de criterio. En esto, tampoco
hay que seguir al FMI como si fuese la palabra relevada. Nosotros,
en el Gobierno nuestro, hicimos un programa, recompramos el 30%
de la deuda, cumplimos y lo hicimos hasta donde nos parecía
que era socialmente sustentable. El ser totalmente independientes
puede ser mejor. También cuando vengan las reclamaciones
internas,
el Gobierno, a veces, puede no ser lo suficientemente fuerte para
detenerlos. En cambio, el estar dentro de una organización
puede ayudar a decir: "Miren señores, estamos cubriendo
un programa y yo no puedo tomar esa medida". Pero cada uno
en su país que haga lo que quiera.
-Usted vivió desde la política
la transición en su país, después de la dictadura.
Ahora podría haber una en Cuba ¿Cómo valora
su situación?
- Yo fui integrando junto con Václav Havel y una serie
de señores mucho más importantes que yo, el Comité
Internacional por la Democracia en Cuba. Vengo de estar la semana
pasada en Miami, en una tarea colectiva sobre la transición,
y yo he lanzado la idea del Plan Martí, de reconstrucción
para Cuba. Creo que en Cuba no sólo hay que preocuparse
de que haya libertad, democracia y un Gobierno legítimo,
sino que haya también prosperidad, porque sino ocurre muchas
veces, y a veces ha ocurrido en Europa central, que la gente termina
añorando la seguridad de la pobreza, pero seguridad al
fin, en vez de la incertidumbre de la libertad. Entonces la idea
nuestra, es una primicia que le doy, es la de preparar un plan
de asistencia económica y tecnológica para que Cuba
cuando sea libre, y lo será, también sea próspera.
-Y mientras no sea libre ¿Es más
partidario de una postura hacia al país más parecida
a la que mantiene EEUU o más conciliadora como la que tiene
la UE?
- Yo creo que el error de EEUU ha sido el embargo. Creo que fue
algo que surgió por una ecuación política
de los EEUU y el empuje de alguno de los cubanos del exilio. El
presidente Nixon, que era un hombre muy conocedor de los asuntos
internacionales, en su último libro, casi póstumo, que
se llama "Más allá de la paz", al hablar de Cuba
dice una cosa muy razonable, me parece a mí. Dice, respecto
de Cuba: información y comercio. Yo creo que la prosperidad
es muchas veces el mejor elemento de abrirle el camino a la libertad.
-Cree que puede existir un riesgo de un retroceso
en la democracia en América Latina, como algunos aprecian,
por ejemplo, en Venezuela...
-Cada uno puede hacer de su vida lo que quiera, porque eso es
parte de un principio muy importante para los americanos que
es el de no intervención. Pero lo que no puede hacer Chávez
es lo que está haciendo, que es intervención en
los asuntos internos de los países, de una manera sin precedentes,
desempozada y hasta grosera. Si nosotros nos opusimos a las intervenciones
de los EEUU y a las de Cuba, tenemos que plantear que el señor
Chávez y el Gobierno venezolano nada tiene que hacer en
las elecciones de México, de Perú, de Nicaragua,
de Bolivia y de las que vengan.
-¿El Área de Libre Comercio de
las Américas (ALCA) es recuperable?
-El ALCA a mí me hace mucha gracia porque hablamos de él
como si existiera. Entonces la gente cree que en Washington hay
una oficina donde un letrerito dice ALCA y toca el timbre y entra
al ALCA. No existe. El ALCA es un proyecto, y entonces yo digo,
muéstreme qué ALCA y yo diré si este me sirve
o el otro no. Yo soy partidario de una negociación en todos
los ámbitos de la vida. Si con EEUU logramos sentarnos,
por ejemplo Mercosur que tenía que haber negociado como
bloque, que para eso era el Mercosur también, para tener
más fuerza y peso en la negociación, y lo que se
logra es bueno, entonces yo estoy a favor del ALCA y sino, en
contra. No hago fetichismo, no tengo preconceptos. Y además
algo que no hay que olvidar, no hay que confundir los EEUU con
la Casa Blanca y el Departamento de Estado. Podemos estar, y estamos,
contra las políticas internacionales de los EEUU, pero
no podemos evitar reconocer que es la sociedad más próspera
y con la cual siempre conviene tener relaciones.
-En estos días suena Uruguay como candidato
de consenso de América Latina en el Consejo de Seguridad
de la ONU, pero ¿qué le parece el lío que
se ha montado con la candidatura de Venezuela?
-Ha habido antecedentes, como la discusión hace años
entre Cuba y Colombia. Pero a mí me parece que una vez
que uno hace un par de votaciones hay que retirar las candidaturas
y pensar que cuánto vale el mal espectáculo que
se da, porque votar 147 veces parece una tozudez. Si se elige
a Uruguay, me alegro porque mi país normalmente es de buen
prestigio internacional y con un criterio sólido en materia
de cumplimiento de la ley y la carta de la ONU.
-¿Considera un error el apoyo en bloque
de Mercosur a Venezuela?
- Ahí está. Mercosur ¿Por qué tiene
que tener un tinte político de apoyar la votación
para Juan o para Pedro? Eso no es Mercosur. Mire a mí lo
que más me gusta es Nafta. El Nafta es intensas relaciones
económicas, las más intensas que tienen México
y Canadá son con EEUU, y ha habido prosperidad y avance de las
economías. Es una relación a pura ganancia. Ahora,
cada uno en materia internacional hace lo que quiere. Y tienes
la cuestión de Iraq y México vota para acá
y EEUU para allá. ¿Por qué el Mercosur tiene
que tener un candidato en la ONU? Estamos enajenando nuestra libertad
e independencia.
-¿Cuáles son sus perspectivas para
Uruguay desde el Partido Nacional?
-El Partido Nacional cumplió 170 años. Es el más
antiguo del mundo. He estado en él toda mi vida, mis padres,
mis abuelos, mis tatarabuelos... desde que empezó el partido.
Es la gran opción que tiene Uruguay para el futuro, política
y electoral. Tuvimos el 35% de los votos. Es un partido con mucha
gente buena, nueva, y algunos veteranos como yo. Estamos haciendo
lo posible para ser una opción legitima, clara, distinta
de una izquierda que llegó al poder en una coalición
que es solamente electoral y que no atina con el Gobierno. Lo
peor que se va a poder decir del Gobierno del Frente Amplio, cuando
cumple dos años de ser electo este mes de octubre, es que
poco o nada se ha hecho con una situación excepcional:
mayoría absoluta en el Parlamento que no se conocía
desde el año 1966.
-Con la antigua ley electoral usted hubiera podido
volver a ser presidente...
-Puede ser. Sin embargo, fui el impulsor mayor de la reforma.
Porque creo que con la antigua legislación, en que cada
partido tenía muchos candidatos, pero los votos eran partido
contra partido y después dentro del partido -lo que llamaban
en EEUU la primaria el mismo día de la elección-,
se lograba aquello de que nadie sabía realmente a quién
votaba, porque nadie sabía quién iba a triunfar
finalmente dentro del partido y para dónde iba su voto.
Además, daba presidentes muy débiles, como fuimos
Sanguinetti y yo. Sanguinetti fue electo por el 21% y 19% de los
votantes de forma directa, y yo por el 22%, y si una quinta parte
solamente se sentía solidaria con el presidente, eso explicaba
la debilidad de inicio de los mandatos. En cambio, ahora el presidente
necesariamente tiene la mitad más una. Eso da una gran
fuerza. No sé si el doctor Batlle se dio cuenta y la utilizó
correctamente y no sé si el doctor Vázquez la utiliza
correctamente. Pero yo prefiero este sistema.
-Usted también es periodista, ¿cuál
cree que es la relación entre el periodismo y la política?
-Son socios. Es algo parecido al matrimonio. Somos dos partes
distintas, pero tenemos un común denominador importante.
Es bueno que nunca estemos satisfechos. Ni los periodistas con
nosotros, ni nosotros con los periodistas, que es lo habitual.
Es cierto que también tiene que haber ciertos códigos.
En ese sentido, creo que no tienen que ser códigos escritos,
pero si compromisos asumidos como gente de bien. Lo que es off
the record, es off the record; lo que se da como una noticia con
nombres y apellidos, es una noticia con nombres y apellidos...
Yo creo siempre vamos a tener problemas, pero nos necesitamos
mutuamente. Ambos cumplimos funciones distintas, pero convergentes.
Entonces, uno le pide al periodista que sea lo más veraz
posible, que transmita todo lo que se le dice y luego tiene la
libertad y de poner énfasis. Eso es libertad profesional.
El hombre de estado tiene que tener en cuenta, que cuando habla
con el periodista apenas las palabras salieron de su boca, no
son de él. Entonces, contar hasta tres antes de contestar,
me parece una buena regla. También creo que no se debe
de presionar a los dueños de los medios cuando hay problemas
con los periodistas. El problema es con el periodista, no con
los medios. Cuando yo terminé la Presidencia, uno de los
más grandes periodistas de Uruguay me hizo unas entrevistas
y me dijo unas palabras que me gusta contarlas: "Quiero decir
que durante la Presidencia del doctor Lacalle, nunca desde la
Presidencia se llamó a un medio para ejercer presión
sobre el medio, ni sobre el periodista".
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