a
 
Año VII - Madrid, viernes 27 de octubre de 2006
 
Reportaje
 
Luis Alberto Lacalle, ex presidente de Uruguay
 
"Bajo la pseudo identidad ideológica, Mercosur se ha inventado un fin político"

David Penado

 

Luis Alberto Lacalle fue presidente de Uruguay entre 1990 y 1995 y continúa siendo uno de los miembros destacados del Partido Nacional (PN), en el que ya su abuelo lideró una de sus facciones: el Herrerismo. Lacalle ha representado la opción por las políticas liberales en América Latina y se opone a que el Mercosur, del que fue cofundador, tomé un cariz político que lo distraiga de la que, en su opinión, debe de ser la única función del bloque: posibilitar el libre comercio entre sus socios. El ex presidente uruguayo, que visitó Madrid con motivo de la V Conferencia Anual del Club de Madrid, es un hombre seguro de sí mismo, bromista, en ocasiones burlón, que cuando empieza la entrevista cambia su semblante y procede concentrado a responder a las preguntas.

-El Club de Madrid se ha reunido con el propósito de abordar y analizar el panorama y los desafíos energéticos. En su opinión, ¿Cuál es la situación de América Latina en esta materia?
-Sin pretender ser una especialista en el tema digamos que la situación de las reservas energéticas de la parte de América del sur donde yo vivo es paradójica, porque tenemos importantísimos recursos -Bolivia es una de las más grandes reservas de gas del mundo- y, hemos realizado durante anteriores Gobiernos, por delante del mío, labores de interconexión de gasoductos y de interconexión eléctrica; sin embargo, estamos ante una situación paradójica, por tener los recursos pero no saber administrarlos internacionalmente de forma comunitaria. Incluso hemos llegado al absurdo de que Chile vaya a traer gas de Indonesia y Brasil lo traiga del Golfo Pérsico. Entonces, ha sido muy importante esta conferencia del Club de Madrid porque pone claro que con la Carta energética, que es la tarea a la que me voy a dedicar a partir de ahora, lograremos, por sentido común y por sentido de la conservación, que los países nos interconectemos en materia energética realmente, físicamente, pero también jurídicamente, con certezas. Porque lo que falta son certezas jurídicas de que yo contrato con un país y me va a suministrar lo que he contratado.

-También se ha apuntado en la reunión a que gran parte de las soluciones pasan por la integración regional. De hecho, usted fue cofundador de Mercosur; sin embargo, parece que los procesos de integración regional no acaban de avanzar en la región...
-Efectivamente, Mercosur fue establecido cuando yo era presidente. En el año 91 se firmó el tratado de Asunción... pero aclaremos una vez más, porque esta es una discusión que tenemos ahora muy cerca en el río de la Plata, el Mercosur es una asociación exclusivamente económica y comercial. Así nació y así debió y debe ser. ¿Qué esto acarreará dificultades? Sí, señor. Toda organización de integración económica produce, cuando liberaliza los flujos de mercaderías y de bienes y de servicios, rigideces. Pero justamente para eso se organizaba: para que las cosas que anduvieran bien, anduvieran bien, y las que andaban mal, o andan mal, se solucionaran. Primero con la negociación y después con el laudo del Tribunal arbitral que tenemos. Este camino no es el que se ha seguido, sino que con esta 'pseudo-ideología' de algunos Gobiernos de la zona, se ha inventado, y digo inventado porque no tiene sustento jurídico, un nuevo fin político. ¿Para qué? Nadie sabe. Solo para crear dificultades. Se está a punto de aprobar un Parlamento de Mercosur al cual nos oponemos nosotros. Creemos que una asociación política es lo que menos necesita el Mercosur, que lo que necesita es funcionar en el ámbito comercial y mantener la independencia en materia política. Además, está la incorporación de Venezuela como socio político que no agrega nada y... ¡Cuidado! Yo estoy en contra de cualquier socio político, no Venezuela en particular, si fuese Colombia, o fuese Ecuador, tendríamos la misma posición. Pero, además en el caso de Venezuela sucede que tiene un Gobierno y un presidente con una actuación, llamémosla así, un tanto peculiar, que tiene una línea muy propia, que él la puede seguir, pero nosotros no tenemos porque asociarnos a la misma. En síntesis, Mercosur ha dejado el camino original, sustancial y bueno, que era una asociación para el fomento del comercio, y se ha desviado hacia fines políticos que no le van a llevar a buen puerto.

-Pero, ¿No cree que como ha sucedido en la UE para avanzar en la integración económica, es necesario también profundizar en lo político?
-Sí, pero lo que pasa es que tenemos la obsesión de imitar a la UE cuando no es así. Cada región tiene sus peculiaridades. Pero además aquí (en Europa) se han logrado metas de integración económica que nosotros ni las vemos en el horizonte. Entonces, primero, no creo que tengamos que seguir el camino de la UE, ya que cada región tiene sus propias características, y segundo, logremos primero que Mercosur funcione comercial y económicamente bien, lo que nos llevará toda una generación, y después Dios proveerá. Ahora, no anda lo comercial y queremos ir por lo político, que siempre es mucho más volátil, mucho más imprevisible, porque cambian los Gobiernos, cambian las alianzas y creo que el Parlamento se va a convertir en una institución de puro conflicto que, o se vacía de contenido, que es lo que yo creo que va a pasar porque solo hay como una reunión de parlamentarios, o si toman decisiones van a ser desobedecidas, porque si mañana Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela tomamos una decisión contra Brasil, ¿qué pasa con esa decisión? Todos sabemos que esa decisión no puede ser. Entonces, estamos queriendo poner la carreta delante de los bueyes. Primero, lo comercial, que funcione bien, que dé trabajo, que transmita la sensación de que esa es una zona de paz, de certeza jurídica, donde vale la pena invertir. Hay bastante por hacer en eso.

-Y ¿es compatible esa unión comercial con un Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU como se está proponiendo desde su país?
-Ahí hay una decisión del propio Mercosur que señala que los países miembros, o sea los cuatro, para que puedan tomar este tipo de decisiones tienen que lograr el acuerdo de los demás. Y en ese sentido hay un obstáculo, pero yo me atrevo a decir que apenas se elija el Gobierno de Brasil, Brasil va a ser el que va a pedir que se firme un Tratado de Libre Comercio con EEUU. Pero creo que Uruguay se vio obligado a pensar en esto porque no funciona el Mercosur. Y entonces que los socios adviertan que los países más pequeños como Uruguay y Paraguay no han recibido beneficios mayores de la integración.

-No obstante, Brasil y Argentina propusieron hace unos meses una especie de fondos, parecidos a los de cohesión de la UE, para paliar esa situación...
-Sí, una limosna. El tema es el siguiente, yo creo que Uruguay y Paraguay estuvieron omisos en permitir que la bilateralidad argentina o brasileña sustituyera a Mercosur. Si la primera vez que Argentina y Brasil se reúnen y resuelven algo que era típica competencia de Mercosur, Uruguay y Paraguay hubieran dicho: "No. ¡Atento! Esto se resuelve entre cuatro". Entonces, hubiera funcionado el Mercosur. De otra forma, entre los países grandes se entienden y siempre los que pagan los platos rotos son los países chicos.

-Otro tema en el que también ha fallado el Mercosur es en el de las famosas papeleras que su país proyectó en la fontera con Argentina. ¿Cómo valora todo lo que ha sucedido en los últimos meses como el recurso de Argentina al Tribunal de La Haya, las presiones a las empresas, etc?
-A mi juicio, Uruguay tenía que haber ido al día siguiente de que se produjeran los cortes de carretera al Mercosur. Es un típico caso de Mercosur. ¿Por qué? Porque el Tratado de Asunción en su artículo primero establece el libre tránsito de mercadorías y servicios a través de los cuatro países. No se hizo. Cuando se hizo o se pretendío hacer, Brasil dijo: "No, es bilateral entre Brasil y Argentina". Por lo tanto se diluyó el Mercosur. Además, lo que yo veo en esta situación con Argentina es que no hay voluntad del Gobierno argentino de solucionar el tema. Propuestas se han hecho muchas, supongo que debe haber alguna en trámite ahora, pero yo veo que no hay voluntad alguna. Es más, Argentina ha entrado en un camino de verdaderas agresiones, porque ir a un organismo de crédito a decir que no se le dé crédito a la fábrica para que inviertan en Uruguay me parece que no está de acuerdo con el espíritu que tiene que reinar en una región como esa.

-Ya, pero ustedes no pasaron por la Comisión del río Uruguay como era necesario para aprobar el proyecto...
- Sí. Ahí se cumplieron el 90% de los trámites, pero yo también digo que después de esa comisión, que creo que hay una en el momento del trámite de Uruguay, los cancilleres Bielsa y Operti se reunieron y dijeron que estaba todo solucionado, que había autorización. Yo tengo que entender que los ministros de Relaciones Exteriores son más que una comisión. Y en el mensaje de Kirchner al Congreso de la Nación argentina, que se puede consultar en la página de Internet, se habla de que está solucionado el conflicto. Entonces ese argumento de la comisión me parece un argumento de procurador para oponerse.

-Últimamente parece que existe cierta tendencia entre los países de la región de desvincular su deuda de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y lograr una mayor independencia ¿qué le parece esta tendencia?
- Yo no conozco exactamente cómo se ha hecho, pero lo que he leído es que el dinero que se tenía prestado del FMI pagaba al 5% y ahora se está colocando la deuda argentina al 8%. Entonces, no es muy racional desde el punto de vista financiero. Si se quiere una independencia del FMI, veremos cuánto vale ser independiente y para qué vale la independencia. Si es para decir, somos independientes, veremos de cuánto le sirve a Argentina...

-Hombre, el argumento sería el de que los programas de ajustes que propone el FMI no son los más convenientes para estos países...
- El FMI es como el médico. Primero, una va a él voluntariamente. Segundo, dice cosas duras: No hay que fumar, hay que hacer más ejercicio, hay que comer menos... Ahora, la persona puede seguir fumando, comiendo y sin hacer ejercicio. Entonces, el papel del FMI no es agradable, porque cuando el médico dice eso no nos gusta, pero a veces dice verdades, que porque más que nos gusten o no, son verdades. También es cierto que el Fondo ha cambiado mucho de criterio. En esto, tampoco hay que seguir al FMI como si fuese la palabra relevada. Nosotros, en el Gobierno nuestro, hicimos un programa, recompramos el 30% de la deuda, cumplimos y lo hicimos hasta donde nos parecía que era socialmente sustentable. El ser totalmente independientes puede ser mejor. También cuando vengan las reclamaciones internas, el Gobierno, a veces, puede no ser lo suficientemente fuerte para detenerlos. En cambio, el estar dentro de una organización puede ayudar a decir: "Miren señores, estamos cubriendo un programa y yo no puedo tomar esa medida". Pero cada uno en su país que haga lo que quiera.

-Usted vivió desde la política la transición en su país, después de la dictadura. Ahora podría haber una en Cuba ¿Cómo valora su situación?
- Yo fui integrando junto con Václav Havel y una serie de señores mucho más importantes que yo, el Comité Internacional por la Democracia en Cuba. Vengo de estar la semana pasada en Miami, en una tarea colectiva sobre la transición, y yo he lanzado la idea del Plan Martí, de reconstrucción para Cuba. Creo que en Cuba no sólo hay que preocuparse de que haya libertad, democracia y un Gobierno legítimo, sino que haya también prosperidad, porque sino ocurre muchas veces, y a veces ha ocurrido en Europa central, que la gente termina añorando la seguridad de la pobreza, pero seguridad al fin, en vez de la incertidumbre de la libertad. Entonces la idea nuestra, es una primicia que le doy, es la de preparar un plan de asistencia económica y tecnológica para que Cuba cuando sea libre, y lo será, también sea próspera.

-Y mientras no sea libre ¿Es más partidario de una postura hacia al país más parecida a la que mantiene EEUU o más conciliadora como la que tiene la UE?
- Yo creo que el error de EEUU ha sido el embargo. Creo que fue algo que surgió por una ecuación política de los EEUU y el empuje de alguno de los cubanos del exilio. El presidente Nixon, que era un hombre muy conocedor de los asuntos internacionales, en su último libro, casi póstumo, que se llama "Más allá de la paz", al hablar de Cuba dice una cosa muy razonable, me parece a mí. Dice, respecto de Cuba: información y comercio. Yo creo que la prosperidad es muchas veces el mejor elemento de abrirle el camino a la libertad.

-Cree que puede existir un riesgo de un retroceso en la democracia en América Latina, como algunos aprecian, por ejemplo, en Venezuela...
-Cada uno puede hacer de su vida lo que quiera, porque eso es parte de un principio muy importante para los americanos que es el de no intervención. Pero lo que no puede hacer Chávez es lo que está haciendo, que es intervención en los asuntos internos de los países, de una manera sin precedentes, desempozada y hasta grosera. Si nosotros nos opusimos a las intervenciones de los EEUU y a las de Cuba, tenemos que plantear que el señor Chávez y el Gobierno venezolano nada tiene que hacer en las elecciones de México, de Perú, de Nicaragua, de Bolivia y de las que vengan.

-¿El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) es recuperable?
-El ALCA a mí me hace mucha gracia porque hablamos de él como si existiera. Entonces la gente cree que en Washington hay una oficina donde un letrerito dice ALCA y toca el timbre y entra al ALCA. No existe. El ALCA es un proyecto, y entonces yo digo, muéstreme qué ALCA y yo diré si este me sirve o el otro no. Yo soy partidario de una negociación en todos los ámbitos de la vida. Si con EEUU logramos sentarnos, por ejemplo Mercosur que tenía que haber negociado como bloque, que para eso era el Mercosur también, para tener más fuerza y peso en la negociación, y lo que se logra es bueno, entonces yo estoy a favor del ALCA y sino, en contra. No hago fetichismo, no tengo preconceptos. Y además algo que no hay que olvidar, no hay que confundir los EEUU con la Casa Blanca y el Departamento de Estado. Podemos estar, y estamos, contra las políticas internacionales de los EEUU, pero no podemos evitar reconocer que es la sociedad más próspera y con la cual siempre conviene tener relaciones.

-En estos días suena Uruguay como candidato de consenso de América Latina en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero ¿qué le parece el lío que se ha montado con la candidatura de Venezuela?
-Ha habido antecedentes, como la discusión hace años entre Cuba y Colombia. Pero a mí me parece que una vez que uno hace un par de votaciones hay que retirar las candidaturas y pensar que cuánto vale el mal espectáculo que se da, porque votar 147 veces parece una tozudez. Si se elige a Uruguay, me alegro porque mi país normalmente es de buen prestigio internacional y con un criterio sólido en materia de cumplimiento de la ley y la carta de la ONU.

-¿Considera un error el apoyo en bloque de Mercosur a Venezuela?
- Ahí está. Mercosur ¿Por qué tiene que tener un tinte político de apoyar la votación para Juan o para Pedro? Eso no es Mercosur. Mire a mí lo que más me gusta es Nafta. El Nafta es intensas relaciones económicas, las más intensas que tienen México y Canadá son con EEUU, y ha habido prosperidad y avance de las economías. Es una relación a pura ganancia. Ahora, cada uno en materia internacional hace lo que quiere. Y tienes la cuestión de Iraq y México vota para acá y EEUU para allá. ¿Por qué el Mercosur tiene que tener un candidato en la ONU? Estamos enajenando nuestra libertad e independencia.

-¿Cuáles son sus perspectivas para Uruguay desde el Partido Nacional?
-El Partido Nacional cumplió 170 años. Es el más antiguo del mundo. He estado en él toda mi vida, mis padres, mis abuelos, mis tatarabuelos... desde que empezó el partido. Es la gran opción que tiene Uruguay para el futuro, política y electoral. Tuvimos el 35% de los votos. Es un partido con mucha gente buena, nueva, y algunos veteranos como yo. Estamos haciendo lo posible para ser una opción legitima, clara, distinta de una izquierda que llegó al poder en una coalición que es solamente electoral y que no atina con el Gobierno. Lo peor que se va a poder decir del Gobierno del Frente Amplio, cuando cumple dos años de ser electo este mes de octubre, es que poco o nada se ha hecho con una situación excepcional: mayoría absoluta en el Parlamento que no se conocía desde el año 1966.

-Con la antigua ley electoral usted hubiera podido volver a ser presidente...
-Puede ser. Sin embargo, fui el impulsor mayor de la reforma. Porque creo que con la antigua legislación, en que cada partido tenía muchos candidatos, pero los votos eran partido contra partido y después dentro del partido -lo que llamaban en EEUU la primaria el mismo día de la elección-, se lograba aquello de que nadie sabía realmente a quién votaba, porque nadie sabía quién iba a triunfar finalmente dentro del partido y para dónde iba su voto. Además, daba presidentes muy débiles, como fuimos Sanguinetti y yo. Sanguinetti fue electo por el 21% y 19% de los votantes de forma directa, y yo por el 22%, y si una quinta parte solamente se sentía solidaria con el presidente, eso explicaba la debilidad de inicio de los mandatos. En cambio, ahora el presidente necesariamente tiene la mitad más una. Eso da una gran fuerza. No sé si el doctor Batlle se dio cuenta y la utilizó correctamente y no sé si el doctor Vázquez la utiliza correctamente. Pero yo prefiero este sistema.

-Usted también es periodista, ¿cuál cree que es la relación entre el periodismo y la política?
-Son socios. Es algo parecido al matrimonio. Somos dos partes distintas, pero tenemos un común denominador importante. Es bueno que nunca estemos satisfechos. Ni los periodistas con nosotros, ni nosotros con los periodistas, que es lo habitual. Es cierto que también tiene que haber ciertos códigos. En ese sentido, creo que no tienen que ser códigos escritos, pero si compromisos asumidos como gente de bien. Lo que es off the record, es off the record; lo que se da como una noticia con nombres y apellidos, es una noticia con nombres y apellidos... Yo creo siempre vamos a tener problemas, pero nos necesitamos mutuamente. Ambos cumplimos funciones distintas, pero convergentes. Entonces, uno le pide al periodista que sea lo más veraz posible, que transmita todo lo que se le dice y luego tiene la libertad y de poner énfasis. Eso es libertad profesional. El hombre de estado tiene que tener en cuenta, que cuando habla con el periodista apenas las palabras salieron de su boca, no son de él. Entonces, contar hasta tres antes de contestar, me parece una buena regla. También creo que no se debe de presionar a los dueños de los medios cuando hay problemas con los periodistas. El problema es con el periodista, no con los medios. Cuando yo terminé la Presidencia, uno de los más grandes periodistas de Uruguay me hizo unas entrevistas y me dijo unas palabras que me gusta contarlas: "Quiero decir que durante la Presidencia del doctor Lacalle, nunca desde la Presidencia se llamó a un medio para ejercer presión sobre el medio, ni sobre el periodista".

 
 

Americaeconomica.com
Internet

 

 


 


 
 
Copyright© Americaeconomica.com - All rights reserved
Asesores de Publicaciones, S.L - España