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La gran industria, entre la que se encuentra la siderúrgica, está sufriendo las consecuencias del calentamiento global y de las medidas que se adoptan para disminuir sus consecuencias. Así, el objetivo de la Unión Europea (UE) de reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) un 20% hasta el año 2020, lo que significa la segunda fase del Protocolo de Kyoto, tendrá un coste estimado, para los 27 Estados de la UE, de 16.000 millones de euros.
Si la Unión pretendiese superar ese porcentaje para que la reducción de emisiones llegase al 30%, el gasto alcanzaría los 43.000 millones. El coste marginal por cada tonelada emitida de CO2 se situará, en el año 2020, en 33,5 euros. Bruselas espera, para ese año, que el consumo de energía de fuentes limpias se sitúe también en el 20%, lo que dará lugar a una reducción de más de 350 millones de toneladas de dióxido de carbono.
España es el país de la Unión Europea que muestra un incumplimiento más acusado del Protocolo de Kyoto. Precisamente, son transporte y energía, lo sectores que más contribuyen al incumplimiento del Protocolo. El transporte ha aumentado sus emisiones un 83%. El sector de la energía alcanza el 62%, porque la electricidad se suministra a través de nuevas centrales de carbón, fuel y gas.
Este panorama representa una desviación del 50% respecto al objetivo para el período 2008-2012. Los sectores industriales y energéticos se alejarán un 37% de la media del período de referencia, y el resto, sobre todo el transporte, un 65%.
Todos estos datos reflejan lo que se hace y lo que se piensa en el mundo de una manera global. Mejor diríamos, de una manera oficial. Pero abundan las voces discrepantes. Por ejemplo, un prestigioso científico del Massachussets Institute of Technology (MIT) califica como “irracional” la lucha que muchos países han emprendido contra el calentamiento global, con medidas como el Protocolo de Kyoto. Además, el director del Centro de Consenso de Copenhague y autor de “El ecologista escéptico” piensa que el beneficio, que se pueda obtener por la aplicación de Kyoto será pequeño en comparación con el coste que supondrá su aplicación. En el año 2100, según calcula Lomborg, Kyoto habrá conseguido posponer el calentamiento en seis años, pero a un coste anual de 150.000 millones de dólares.
Llaman la atención estos puntos de vista con los que sustenta el que fue vicepresidente de EEUU, Al Gore, que sostiene una postura, juzgada por muchos como alarmista, en cuanto a las consecuencias, que puede traer el calentamiento global. En líneas generales, los científicos son menos alarmistas.
Y todo esto sin tener en cuenta el consumo inútil. En este sentido, muy acertadamente escribe Manuel Toharia: “se puede ser igual de rico consumiendo la mitad de electricidad. Eso vale para EEUU, que consumiendo la mitad de lo que consume se parecería a Japón o Europa, que son prácticamente igual de ricos que él”.
Pero si un país quiere dejar de ser subdesarrollado necesita electricidad. Lo que significa energía. Según parece la amenaza del cambio climático se proyecta, a largo plazo, sobre unas generaciones futuras, que recogerán lo que hayan sembrado las generaciones anteriores. Y esto se puede extender hasta el siglo XIX.
El problema, en el fondo, es político y económico. Mucho más que científico. Aunque los científicos se encuentren en la vanguardia del mismo. Es lo que ha tratado y explicado el profesor Sánchez Ron sobre el poder de la ciencia. |