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Las entidades bancarias españolas han vuelto a comprobar la
eficacia de las sucursales para colocar sus productos financieros,
sean éstos bonos convertibles, acciones de una OPS, o depósitos.
Este canal recupera así su importancia financiera, además
de la comercial.
Los bancos y cajas españoles tienen la particularidad
de poseer una amplísima red de sucursales. El problema
está en hacer de las oficinas un activo rentable. Algunas
entidades españolas pensaron en utilizar sus redes para
distribuir todo tipo de productos comerciales como coches o lavadoras,
y obtener así un mayor rendimiento. Esta iniciativa tenía
que ver con el convencimiento de que no se podía competir
con productos bancarios. Sin embargo, la situación ha cambiado.
Los bancos y cajas se han lanzado a por los depósitos de
sus clientes y a por los de la competencia, en una agresiva campaña
de captación del pasivo. Y ahí entra de nuevo la
capacidad comercial de las entidades, a lo largo de sus larguísimas
redes de oficinas. Los bancos y cajas necesitan reforzar su pasivo,
algunos más que otros, para poder hacer frente a un contexto
de escasez de liquidez y desconfianza.
Sindicatos. La revalorización de la
sucursal para colocar productos financieros no ha detenido, sin
embargo, la escalada comercial de los bancos. Algunas entidades
siguen apostando fuerte por vender productos en sus sucursales,
como una cadena minorista. Ante ellos, dos frentes de oposición:
por un lado están los sindicatos, que consideran que realizan
un trabajo impropio de un profesional de banca. Por otro están
los comerciantes, que consideran que estos bancos están
realizando una competencia desleal.
Bonos convertibles. La última operación
de colocación de bonos convertibles del Santander para
financiar la compra de ABN fue un éxito sonado. Esta operación
ejemplifica la potencia de la red del mayor banco español
para vender productos financieros entre sus clientes. Incluso
provocó reacciones de otras entidades para contrarrestar
la pujanza de los títulos.
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