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El pasado jueves el embajador de China en EEUU, Zhou Wenzhong, sorprendía al público habitual de las conferencias semanales del Centro para la Política Nacional de Washington con un discurso cuya contundencia no ha tenido precedentes. El diplomático había sido convocado para abordar el momento de las relaciones comerciales bilaterales y los asistentes esperaban la tradicional parrafada de cortesía asiática plagada de cifras y buenos deseos para el futuro.
Pero la crisis financiera global que ha cambiado tantas cosas, también ha influido sobre las fórmulas tradicionales de los altos cargos del país.
Zhou fue excepcionalmente claro e inicio su parlamento explicando que Pekín sigue con mucha atención la respuesta de Washington a la crisis financiera estadounidense porque afecta las inversiones de China en el país norteamericano. Unas inversiones que también describió a grandes rasgos y que, según reconoció, se han concentrado especialmente en deuda pública y en bonos de Fannie Mae Y Freddie Mac las agencias hipotecarias que el Gobierno de EEUU rescató la primera semana de septiembre con una inversión de dinero público de 220.000 millones de dólares.
El embajador no dió las cifras totales de estas macroinversiones, pero su discurso estuvo precedidio en días anteriores de algunos números que fueron publicados por las grandes publcaciones oficiales como China Daily o China Newsweek que se publican en inglés en todo el mundo. Los datos figuraban en forma de aproximaciones de algunos expertos, entre otros ex-altos cargos del Banco del Pueblo de China, la autoridad monetaria del país, una circunstancias que, en estos días, les ha dotado de mucha credibilidad en los ambientes financieros estadounidenses.
Según estas proyecciones, el país asiático tendría unas reservas de divisas de 1,8 billones de dólares y de ese total 1,2 billones estarían invertidos en deuda estadounidense. Los expertos citados por la prensa oficial china en inglés cifraban además en 350.000 millones de dólares, el volumen de esa partida que aún se mantendría en bonos de Fannie y Freddie. De ser cierto, China mantendría casi el 10% de su PIB en estas delicadas inversiones. Desde luego, ninguna instancia oficial ha desmentido por ahora a las publicaciones que hicieron pública la cifra.
Decisivo. Pocos días antes, de esta inusual conferencia, se había resuelto el arbitraje sobre los credit default swaps (seguros de deuda) emitidos sobre la deuda de estas agencias federales. La intervención de Washington al nacionalizar las dos empresas resultó decisiva para que la operación se saldara sin las catastrófes que se habían previsto previamente. El pago que correspondió a las aseguradoras fue casi testimonial nueve centavos por dólar de valor nominal. Si se hubiera consumado la bancarrota el volumen total de este pago podría haber ascendido a 200.000 millones de dólares, sólo 20.000 menos que la inyección estatal, con la protección sólo hubo que aportar unos 18.000 millones. Buena parte de ellos viajaron hacia China, según los rumores de Wall Street. Pero estos mismos rumores indican también que Pekín intentará deshacerse paulatinamente de sus fannies y freddies.
Esta semana, de hecho, ha habido un goteo de ventas que han situado en el entorno del 6% la rentabilidad del papel y los brokers más sensibilizados con el supuesto peligro amarillo creen que la operación silenciosa habría comenzado ya. Pero quizá no sea cierto.
Al fin y al cabo, no es sólo en los cofres del Banco Central de China donde quema este papel asegurado por el Estado Federal de EEUU. Más aún ahora que se conocen los enormes desembolsos de dinero público, hasta 700.000 millones o más que se darán para salvar la banca del país. Y cuando los rumores de nuevos recortes de tipos aplicados por la FED presionan la cotización del dólar...¿la presionan?
En realidad, no tanto como deberían, según las teorías clásicas. De hecho, frente al euro, el billete verde se ha estabilizado en una banda de cotización entre 1,34 y 1,37 unidades, tras haber experimentado un rally que coincidió con los peores momentos de la crisis en EEUU. Resulta extraño. Tal vez no, el dólar sigue dominando el 70% de las transacciones económicas internacionales y, además, su pérdida de valor afecta a las reservas de divisas de muchos países del mundo. La caída en picado no sería aconsejable para quienes se encargan de defender estos intereses. Y de nuevo aparece China como un agente sospechoso en este proceso.
Aunque los rumores no fueran ciertos, hay otros signos que sí demuestran un cambio de actitud en el trato que las autoridades chinas exigen y obtienen de Washington. Y muchos de ellos pudieron apreciarse con nitidez en el discurso del embajador al que hacíamos referencia al principio. Zhou se refirió al fluido funcionamiento de la mesa de intercambio de información denominada China-US Strategic Economic Dialogue (SED), un organismo de cuya existencia, hasta no hace demasiado tiempo sólo se conocía del nombre y que Pekín no ha tenido mucho empeño en publicitar en los tiempos pasados. Y también fue claro al explicar que su país consideraba un problema para las relaciones bilaterales la prouesta del Pentagonó de firmar con Taiwan un contrato de venta de armas valorado en 6.500 millones de dólares.
La advertencia quizá sobró, según algunos diplomáticos españoles que realizan su trabajo en EEUU, el proyecto lleva mucho tiempo congelado y no parece factible que resucite ahora.
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