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Año VII - Madrid, viernes 1 de septiembre de 2006
 
Reportaje
 
Después de la decisión del Tribunal Electoral mexicano de no alterar el recuento se plantea la insólita posibilidad de dos Presidencias
 
Calderón, o Calderón y... Obrador

David Penado

 

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación mexicano (Tepjf) ha concluido esta semana la revisión de 375 impugnaciones y ha descartado de forma unánime que vaya a cambiar el resultado final de las elecciones del pasado 2 de julio en México, que fueron ganadas por el conservador Felipe Calderón por una diferencia de un 0,56% (236.000 votos). Esta decisión ha llevado al líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador, a anunciar su intención de formar un Gobierno de la República o una coordinación nacional de la resistencia civil pacífica.

Desde el PRD se considera que la decisión del Tribunal responde a las presiones que han recibido desde los sectores más conservadores de la sociedad y que atenta claramente contra la realidad de lo sucedido en la jornada electoral y en sus inmediaciones. Según los perredistas, un complejo pero implacable mecanismo de manipulación electoral e injerencias de los poderes establecidos habrían conseguido imponer al candidato conservador, Felipe Calderón, del gobernante Partido de Acción Nacional (PAN).

Para el partido del sol azteca (PRD) se trata de un momento en la historia de méxico en el que sólo sus medidas de protesta pueden evitar que la nación vuelva a caer en un régimen dominado por un partido que utiliza los resortes del Estado como si fueran suyos. El PAN sustituiría así al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México durante 71 años, hasta que en el año 2000, Vicente Fox Quesada, del PAN, accedió a la Presidencia. Entonces hacía su bandera de acabar con la "dictablanda" del PRI, partido al que desde el PAN calificaban como "cloaca".

Ahora, el PAN y el PRI esperan alcanzar pactos conjuntos en el Congreso, se han aliado en Chiapas y desde el PRD se han presentado pruebas según las cuales los antiguos "tejedores" electorales del PRI estarían actualmente al servicio del PAN.

Por ello, Obrador ha convocado a sus seguidores para el 16 de septiembre en el Zócalo de la capital mexicana con el propósito de celebrar una Convención Nacional Democrática en la que discutirán el nuevo plan a seguir. Entre las medidas que se propondrán se incluyen desconocer el cómputo del Tepjf y a Calderón como presidente, constituir un Gobierno o una Coordinación de la Resistencia Civil Pacíifica y aplicar un programa básico con cinco objetivos (como la reducción de la pobreza o la fortaleza del sistema educativo).

El nuevo mesianismo mexicano. Subyace en el fondo, como se le ha acusado desde el PAN, cierta concepción mesiánica de Obrador y los suyos. Independientemente de las evidencias de fraude, parece evidente que están llevando la protesta demasiado lejos, si se tiene en cuenta que incluso si López Obrador fue el ganador de las elecciones presidenciales, tan sólo representaría a la minoría mayoritaria de un país en el que tres fuerzas políticas se reparten la mayor parte del espectro político. Además, muchos de los que inicialmente apoyaron al PRD se han distanciado de éste por las medidas de resistencia que está tomando.

Sin embargo el mesianismo tampoco es ajeno al PAN. Pese a las declaraciones de Calderón, en el sentido de que pasó la época de los mesías salvadores (en alusión a Obrador), parece que esta concepción se ha apoderado de la vida política mexicana. Así, ambos partidos basan sus argumentaciones en razones que tienen más que ver con la fe que con la razón. Los mismos elementos son pruebas de tesis contrarias. Para el PAN, la sola existencia de órganos electorales como un tribunal o un instituto son pruebas de independencia, mientras que para el PRD su existencia es prueba de que están al servicio del PAN.

También existen serias incongruencias en la actitud del PAN, ya que por un lado ofrece diálogo y puestos en el Gobierno al PRD, por otro, pacta con el PRI la Presidencia en el Congreso para el partido conservador, cuando, por Ley, le correspondería a la segunda fuerza por número de diputados: el PRD.

Puestas así las cosas, quizá un recuento "voto a voto" hubiera servido para calmar las aguas, para evitar la fractura cada vez mayor en la escena política mexicana. Una fractura que podría extenderse al conjunto de la sociedad. Aunque Francisco Gil Díaz, el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público mexicana (SHCP), ha asegurado que la fortaleza de la economía del país es suficiente para hacer frente a cualquier radicalización de las medidas propuestas por Obrador, resulta dificil de creer que esto sea cierto si al final la protesta descarrila por la vía revolucionaria.

¡Revolución! Ese es el grito con el que algunos de los seguidores de Obrador secundan a éste en sus Asambleas en el Zócalo de la capital, donde continúan movilizados. Algunos analistas creen que detrás de la agitación se esconde un líder perredista enajenado, dispuesto a todo, para llegar al poder. Pero podría ser al revés...

Tal y como están las cosas, existen dos convicciones: Obrador no llegará a la Presidencia de la República (por lo menos a la institucional), pero sólo él puede aplacar a los más radicales de sus seguidores. Así, el líder perredista trata de mantener también los cauces de la protesta sin superar ciertos límites, pero éstos podrían resultar cada vez más difusos. Para muchos, la acampada en el centro de la ciudad, ya es una imposición que les impide desarrollar su vida con normalidad. Sin embargo, es difícil prever una solución al conflicto que sirva para calmar los ánimos. Quizá tan sólo algo tan imposible como la integración de PRD en el nuevo Gobierno.

Sobre todo cuando algunos parecen empeñados en apagar el fuego con gasolina. Según publicaba ayer el diario La Jornada, el Gobierno del presidente mexicano Vicente Fox Quesada se encuentra capacitando a grupos de "disuasión" en instalaciones militares de Guanajuato y en la base aérea de Santa Lucía, con el objetivo de detener a los líderes de los movimientos de resistencia civil y desarticularlos.

Fox parece confirmar así sus amenazas de que, si una vez se hubiese pronunciado el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Tepjf) continuaban las movilizaciones de resistencia civil, no dudaría en utilizar sus poderes para acabar con ellas.

Lo peor de todo es que en la formación de estas brigadas estarían participando algunos integrantes del grupo que en los años 70 se conoció como "Los Halcones". Un comando dirigido por el entonces coronel Manuel Díaz Escobar Figueroa, implicado en la represión violenta de varias manifestaciones que se saldaron con decenas de muertos y cientos de heridos. Entre sus tácticas: infiltrarse en las manifestaciones y provocar disturbios que llevaban a la consiguiente reacción de los cuerpos de seguridad. Según La Jornada, a muchos de los nuevos brigadistas ya se les habría aleccionado con el propósito de infiltrase entre los seguidores de Obrador y, por ello, se les ha pedido que descuiden su aspecto.

En respuesta, el grupo rebelde mexicano Ejército Popular Revolucionario (EPR) ha amenazado con alzarse en armas si el Gobierno del presidente Fox reprime los diversos movimientos de protesta de la izquierda surgidos en el país. "Si el Gobierno reprime, va a abrir el movimiento de las armas", ha declarado un dirigente del EPR.

Mientras tanto, sigue la movilización de los perredistas en el Zócalo de la capital. Allí los aztecas fueron derrotados por los conquistadores españoles, encabezados por Hernán Cortés. Un elemento que debería hacer reflexionar al partido del sol azteca. Quizá no puedan evitar ya la derrota, pero sí la batalla.

A veces para ganar el futuro, es necesario perder el presente.

 
 

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