| Como
era de esperar, el proceso de nacionalización de los hidrocarburos
bolivianos se está encontrando con infinidad de obstáculos.
Hay ingentes cantidades de dinero en juego y muchos intereses
que, al final, pueden impedir que la mayoría de los pobres
de Bolivia se beneficie de esta polémica medida del
Gobierno del país andino. Evo Morales topó con las
petroleras... y con la corrupción de altos cargos de la
Administración. Un escenario que ha contribuido a agravar las ya de por sí malas relaciones entre el Gabinete boliviano y las empresas energétias que operan en el país.
El Ministerio Público de
Bolivia llevó a cabo hace una semana un registro en el
que tres fiscales, acompañados de medio centenar de agentes
armados, allanaron la sede central de Andina en busca de documentación
sobre un contrato supuestamente ilegal que habrían suscrito
la compañía española y la brasileña
Petrobras para realizar un ajuste de precios sobre el gas vendido
a Brasil. El registro derivó en la detención y el
arresto domiciliario limitado de Saúl Encinas, auditor
de Andina, acusado de "estafa agravada".
Según el Gobierno de La
Paz, los perjuicios causados a Bolivia por ese acuerdo, firmado
en 2002 y cancelado a mediados de este mes, rondan los 160 millones
de dólares (125,5 millones de euros), aunque Repsol YPF
ha indicado que el convenio fue legal y no causó daños
al Estado boliviano.
La petrolera Repsol YPF respondió
dos días después al asalto con un comunicado en
el que indicaba que iniciará las medidas legales que considere
oportunas "ante todos los foros de justicia independientes,
nacionales e internacionales" en la defensa de sus derechos
y los de sus empleados si persitía la "injustificada
y reiterada persecución judicial" de las autoridades
bolivianas que, a su juicio, sufre Andina, la filial de la compañía
en Bolivia.
Este comunicado fue respondido
a su vez, por el viceministro de Hidrocarburos boliviano, Julio
Gómez, quien advirtió el pasado martes que el Ejecutivo
de Evo Morales no aceptará "bravuconadas" y que
el Estado boliviano también podría recurrir a "estrados
internacionales" para demandar a las empresas petroleras
extranjeras una indemnización por los años en que
"saquearon" el país en complicidad con "gobiernos
carroñeros".
Después de las enfurecidas
palabras Gómez, fuentes solventes de Repsol YPF indicaron
a Americaeconomica.com que la compañía
petrolera se reafirmaba en el comunicado que emitió el
domingo pasado y que la empresa quería evitar la polémica
con el Gobierno de Bolivia, por lo que de momento no contestaría
a las acusaciones verbales y sólo lo haría cuando
se produjeran hechos concretos.
Y en medio de la disputa con Repsol
YPF, el Gobierno boliviano destituía el pasado lunes al
presidente de la petrolera estatal Yacimientos Petrolíferos
Fiscales Bolivianos (YPFB), Jorge Alvarado. Su sustituto sería
Juan Carlos Ortiz, que hasta entonces ocupaba una de las vicepresidencias.
Alvarado había sido acusado
de infringir el decreto de nacionalización de hidrocarburos
con la firma de algunos contratos que habrían provocado
unas pérdidas de 38,5 millones de dólares (30 millones
de euros) al Estado. Alvarado rechazó haber cometido algún
acto de corrupción, según se le ha acusado desde
algunos periódicos locales.
Además, el Gobierno ha sustituido
a algunos miembros de la Administración que habían
lanzado acusaciones contra Alvarado, como Victor Hugo Sainz, superintendente
de Hidrocarburos, que será sustituido por Santiago Berrios,
juez de la Corte Suprema. El Gobierno también destituyó
al viceministro de Hidrocarburos, Julio Gómez, y nombró
para el mismo cargo a Guillermo Aruquipa, asesor del presidente
Evo Morales. Los cambios también han afectado a otros altos
cargos de la Superintendencia de Hidrocarburos.
La Fiscalía de Bolivia extenderá
su investigación a Andina, por un presunto perjuicio económico
al Estado boliviano por un contrato con la brasileña Petrobras,
que podría prolongarse durante los próximos seis
meses. Aunque el fiscal ha advertido que podrían pedirse
las comparecencias de más directivos de la petrolera y
añadió que las órdenes de comparecencia ante
la Justicia afectan ya a unos 20 directivos de Andina.
A día de hoy, YPFB ya tiene
en su mano los resultados preliminares de las auditorías
que se llevan realizando desde hace un mes a las petroleras extranjeras
que operan en el país andino, incluida la propia Repsol
YPF, aunque estos informes no empezarán a conocerse hasta
dentro de una o dos semanas.
Las conclusiones de las auditorías
marcarán el curso de las negociaciones con las petroleras
foráneas en el proceso de nacionalización de los
hidrocarburos, pues con ellas se pretende constatar si las petroleras
cumplieron o no con los contratos firmados y con las inversiones
pactadas en los últimos años.
Las auditorías se están
realizando en 56 campos petroleros operados por nueve compañías,
entre ellas Andina, la filial de Repsol YPF, la brasileña
Petrobras, la franco-belga Total Fina Elf y las británicas
British Gas y British Petroleum.
Según cifras de las empresas,
en la última década han invertido cerca de 3.000
millones de dólares (2.343 millones de euros), de los que
una mitad se destinó a la exploración de campos
petrolíferos y la otra mitad a la explotación de
hidrocarburos. Pero la cortina de humo parece que se extiende
ya sobre cualquier dato de una u otra parte.
Hace falta más firmeza para
lograr con verdadero éxito la nacionalización de
los recursos naturales de Bolivia, lo que no significa la necesidad
de vistosos asaltos a las explotaciones de crudo, ni enconadas
declaraciones salpicadas de revanchismo. Es primordial el diálogo
sereno entre el Gobierno y las petroleras, que se resistirán
a ceder gratuitamente sus abundantes beneficios, pero también
es vital el trabajo escrupuloso de los funcionarios del país
para evitar la corrupción. Sólo así se conseguirá
el noble objetivo de la nacionalización: acabar con la
miseria que sufren la mayoría de los bolivianos.
Impuestos. Pero las disputas no acabaron ahí. El pasado jueves, el Gobierno de Evo Morales advirtió a Repsol YPF, Petrobras y la francesa Total que no podrían operar en Bolivia si no pagaban el tributo adicional del 32% de la producción anunciado el pasado 25 de agosto, y que se incluía en el decreto que sobre la nacionalización de los hidrocarburos publicado el pasado 1 de mayo.
Con estos recursos, el Gabinete de Morales pretende impulsar la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia (YPFB).
Unas horas después Repsol YPF, Petrobras y Total anunciaron que pagarían pagarán durante la jornada del viernes la primera cuota del citado tributo derivado de las operaciones en los campos de gas de San Alberto y San Antonio, correspondiente al mes de mayo, y que asciendía a 25 millones de euros.
Fuentes de Repsol YPF aseguraron que la compañía pagará su parte correspondiente, siguiendo los pasos de Petrobras, que también había afirmado que depositaría el dinero en la cuenta del Banco Central Boliviano habilitada para el efecto por el Ministerio de Hidrocarburos.
El operador de los citados campos es Petrobras, pero Repsol YPF tiene una participación del 50% por un 35% de la brasileña y un 15% de Total. Cada una pagará 12,6 millones, 8,8 millones y 3,7 millones de euros, respectivamente.
Desde Repsol YPF se precisó que en los posteriores pagos correspondientes a las cuotas de junio, julio, agosto y septiembre, cuyos plazos vencen el 11 de septiembre, el 18 de septiembre, el 25 de septiembre y el 2 de octubre respectivamente, “se haría lo mismo” que decida Petrobras.
En cualquier caso, las disputas van a continuar... y más pronto que tarde. |