| Los obispos vuelven a mostrar sus discrepancias públicamente, esta vez a cuenta de la inmigración. El primero en hablar esta mañana fue el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, quien, durante una homilía, reclamó a la Iglesia una mayor presencia e intervención ante el problema de la inmigración porque “la voz de muchos grupos sociales y de la misma Iglesia no se ha hecho apenas escuchar” y “no ha introducido en nuestras vacaciones ese componente de inquietud”. Poco después, el presidente de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal, José Sánchez, aseguró que la Iglesia ha estado y está siempre con los inmigrantes.
Este es un ejemplo más de la existencia de dos sectores bien diferenciados en el seno de la Iglesia. Por un lado, el sector más conservador con aquellos que abogan por intervenir en el debate político, liderados por el arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y por otro aquellos que consideran que la Iglesia debe respetar la configuración de los Estados y mantener el entendimiento con los Gobiernos, sean del signo que sean, entre los que se situarían prelados catalanes, como el Abad de Montserrat, Josep María Soler, o vascos, como Uriarte. De momento, parece que se imponen las tesis de los segundos. Al menos es lo que desprende del desenlace de la Asamblea Plenaria que la Conferencia celebró a principios de junio. Pocos días antes, todo apuntaba a que aprobaría un documento en el que se abogaría por la unidad de España y por iniciar un debate sobre una supuesta fragmentación del país. Finalmente, ese documento no salió a la luz ya que los participantes en la reunión no llegaron a una posición consensuada y el tema quedó postergado a una posterior Instrucción Pastoral y al Plenario de otoño. Entonces, el portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, negó que la institución esté "partida en dos, como ocurre en otros ámbitos". Además, señaló que la política no es un asunto en el que los obispos quieran inmiscuirse, sino que quieren “iluminar desde la óptica moral las realidades humanas de la sociedad".
Duelo dialéctico. En el mes de agosto, el asunto regresaba a la actualidad con una entrevista, que concedió el Abad de Montserrat al diario El País. En ella, Josep María Soler aseguraba que “hoy la Iglesia no está presente en la sociedad, y, lo que es peor, cuando está presente lo está de un modo inadecuado, cuando no ridículo”. Y como ejemplo, señaló que “la Iglesia no debe quedar identificada con ningún partido concreto, en este caso con el Partido Popular, como lo está haciendo”. Sus palabras no dejaron indiferente al sector más conservador y la semana siguiente Gonzalo de Berceo, columnista de Alfa y Omega, semanario religioso que edita el Arzobispado de Madrid de Antonio María Rouco Varela, aseguraba sobre el abad de Montserrat que “cayó como un cándido pardillo ante una entrevistadora que, como en Madrid ya le ha visto todo el mundo el plumero, se va a Montserrat a ver lo que cae. ¿Por qué no le preguntaría si cree que la unidad de Cataluña es un valor moral?”.
Setién. Pocos días después de que Soler hablara en El País, el obispo emérito de San Sebastián, José María Setién, advertía, a quien quisiera darse por aludido, que “fomentar el alarmismo usando términos como ‘desintegración’ de la unidad del país o semejantes no aporta ventaja alguna para nadie”. |